Seguramente Delcy Rodríguez y su entorno (el chavismo si aún se le puede llamar así) preferirían no celebrar elecciones, o dejar las presidenciales para «cuando corresponde» en 2030, sin libertades ni transparencia. Sin duda la mayoría de venezolanos habríamos querido un cambio significativo este mismo 2026, tras la salida de Maduro del poder. Pero al estar ambos bandos -en gran medida- bajo el control de Estados Unidos y su actual gobierno, una elección presidencial libre y justa en la segunda mitad de 2028, me parece bastante aceptable.
Las imágenes de Rodríguez junto a Trump, y paseándose en la legitimidad global de la ONU, generaron rechazo y temor de que quizás la transición a la democracia no se dé. Definitivamente, esta Casa Blanca disfruta tener en Delcy y Jorge a dos perfectos empleados, que no parecen negarse a ninguna solicitud de Trump y compañía, aun cuando ello implique abandonar todo lo que el chavismo en teoría defendía.
Acuerdos como el petrolero con Alejandro Betancourt no se podrían lograr con una Venezuela democrática, o al menos no con tanta simpleza y falta de transparencia. Esto, sumado a los repetidos fracasos que ha tenido María Corina Machado para llegar a Venezuela, harían pensar que Estados Unidos ve al ‘Rodrigato’ como una solución de más largo plazo.
Pero, en paralelo con el tour en Nueva York, vemos que continúan dándose ciertas aperturas en Venezuela. Lentas, pero bastante seguras. No solo los ya cientos de presos políticos liberados, la creciente apertura en los medios de comunicación, y el retorno paulatino de distintos dirigentes antes exiliados. Es también la mesa de negociación, que aun rodeada de dudas y poca claridad, sigue ahí establecida, con avances, planes y agendas. No es menor que las reuniones hayan continuado, y se siga hablando de la renovación del TSJ, CNE y demás instituciones.
Con esa dualidad, ¿dónde queda la transición? Las señales parecen indicar que en 2028. Delcy, que ha concedido todo lo que ha querido, algo a cambio debe recibir: no solo de momento la línea roja de mantener a MCM fuera de Venezuela, pero también algo de tiempo. Tiempo para intentar que se noten las mejorías económicas en el país, intentar lavar su imagen y la del lapidado chavismo. Tiempo para subir sus números de aprobación a un nivel mínimamente aceptable, que mantenga al chavismo como una fuerza relevante y -fundamental para ellos- con opciones mínimas de regresar al poder en el futuro.
La oposición gana poco con el paso de dos años más, pero tiene pocas herramientas para cambiar tal destino. Aunque sea mucho después de lo deseado, su línea roja debe ser exigir que tal proceso ocurra durante la administración Trump, con muchas mayores libertades y transparencias que en 2024, y que haya garantías de que se respetarán los resultados.
Para Trump y las distintas vertientes que se mueven en su gobierno, mediados de 2028 luce apropiado: el presidente, que nunca ha mostrado preocupación por la democracia o los derechos humanos (ni en su país ni afuera), no quiere arriesgar un ‘desorden’ en uno de los pocos sitios donde su política exterior ha conseguido un éxito. De ahí sus constantes alabanzas a Delcy: yo la puse ahí, y está funcionando. Sin embargo, cuando se acerque el fin de su mandato, el miedo a un ‘desorden’ en Venezuela tendrá menos peso. Trump sabe que cualquier caos post-electoral será sobre todo problema de su sucesor, y puede aceptar el ‘riesgo’ de buscar un cambio de mando. Además, dejar a Venezuela a medias, con posibilidad de retroceso, haría poco por su legado.
Otros como el Secretario de Estado Marco Rubio, así como empresarios petroleros y otros inversionistas, sí quieren -y necesitan- una Venezuela re-institucionalizada, con líderes legítimos. No dejarán de presionar en tal sentido, pero llegar a un compromiso para que esto pase en 2028 no parece una concesión tan dolorosa. Siempre que en el camino se sigan dando las señales correctas, y se vayan adelantando otros procesos electorales, y renovaciones en los distintos poderes.
Así pues, una elección presidencial en la segunda mitad del 2028 podría ser tragable para todos los sectores involucrados, aun cuando no sea el momento ideal para ninguno. Excepto para Trump. Y Trump, por ahora, es el que manda.
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