Dos agendas, dos velocidades. Una va en avión, la otra en tren, parafraseando a Charly García. Aunque en realidad, ni siquiera va en tren: parece que hace el tránsito a pie, como un migrante que regresara desde Washington en un camino de vuelta que incluye atravesar el Darién. La agenda económica que es la prioridad de la administración Trump y la de las reformas democráticas que esperamos los venezolanos. A eso me refiero.
Hay que insistir en esto. La oposición democrática y mayoritaria que representan María Corina Machado y Edmundo González debe aprovechar sus canales de comunicación con la Casa Blanca para que se entienda la importancia de acompasar ambas tareas, de reducir esa brecha en los ritmos de avance. Todos debemos empujar desde donde podamos, porque el riesgo de perder es mucho.
Donald Trump es un hombre de negocios. Lo sabemos de sobra. De modo que se entiende que asegurar su control sobre los flujos de petróleo y minerales de Venezuela haya sido y sea su objetivo primordial. Las metas de esa agenda se han ido cumpliendo con celeridad a lo largo de estos meses de tutelaje desde el 3 de enero.
En ese sentido, el país cambió. Está cambiando. Venezuela ya se está reinsertando en los mercados internacionales, importantes figuras del gobierno estadounidense viajan a Caracas con delegaciones de representantes de empresas estratégicas, el encargado de negocios John Barrett promociona sus encuentros con ministros, se prometen inversiones, se festeja el regreso de los vuelos de American Airlines a Maiquetía, asesores organizan tours con un gran sentido de oportunismo y hasta las autoridades del área económica del gobierno encargado anuncian una reestructuración de la deuda nacional con la intención manifiesta de corregir el desastre que ellos mismos hicieron para que el país sea atractivo a los capitales internacionales.
Es un adiós al viejo cuento del socialismo del siglo XXI. Ya nadie quiere invocar a ese fantasma. Y eso está bien. Pero el autoritarismo de siempre sigue instalado en Miraflores y en todas las instituciones. La presidenta encargada mueve fichas, rota peones y alfiles, se quita el rojo, le hace carantoñas al gringo del que hace tan poco denostaba y acata la voluntad de Washington: si Trump está contento, el rodrigato acumula fichas para apostar a su permanencia en el poder.
Pero esas grandes inversiones no terminan de llegar. ¿Alguien las ha visto? Los capitales necesitan seguridad jurídica, reglas claras, garantías. Y están evaluando si eso se puede lograr con los mismos personajes de siempre a cargo.
Lo único que se puede dar por cierto es que Venezuela vende su petróleo a través de firmas estadounidenses, que tan temprano como el 14 de enero ya Estados Unidos había negociado ventas por 500 millones de dólares de una cantidad de crudo que el país no podía seguir almacenando, que ese dinero –y más- se administra a través de un mecanismo temporal con una especie de fideicomiso en el que interviene Qatar.
Sin embargo, las expectativas de la gente de a pie continúan en el aire. El día a día es el de una economía inflacionaria aunque los datos macro reflejen mejoría. Lo que sea que esté ocurriendo en las altas esferas no permea a la calle. Y es ahí donde, pese a la confianza que aún se tiene en el plan de tres fases anunciado por Marco Rubio, se respira cierto nivel de impaciencia.
¿Bailando?
Si esas expectativas económicas no se están satisfaciendo, las políticas, las democráticas, todavía menos. Asumamos como una verdad –no queda otra- el hecho de que sacando a Maduro del escenario como se hizo, instalar de buenas a primeras al ganador de las elecciones del 2024, Edmundo González Urrutia, habría generado un clima de agitación que probablemente hubiese conducido a un escenario de violencia e ingobernabilidad. Así lo hemos entendido: había que garantizar un orden.
El 24 de febrero publicamos en La Gran Aldea una entrevista que le hice a Mark Feierstein, experto en política exterior, desarrollo internacional y estudioso de América Latina, quien presentó en Washington una encuesta de Gold Glove Consulting sobre cómo ven los venezolanos esta “nueva realidad” del país.
Al preguntarle a Feierstein si los consultados avalan el rol que ocupa Delcy Rodríguez, contestó: “Ella tiene una tasa de favorabilidad bastante baja, pero la ciudadanía ha entendido que, para que este proceso pudiera darse, era necesario que la sustituta inicial de Maduro fuera Delcy Rodríguez. El venezolano es consciente de que era muy complicado poner a Edmundo González, a pesar de que él es quien tiene legitimidad y el respaldo de dos tercios o más del país”.
Otra de sus respuestas asoma la impaciencia: “Para la población, el hecho de que Maduro ya no esté en Miraflores es un avance importante y ahora confían en que vendrán más pasos. En este momento están satisfechos con la influencia que Estados Unidos ha demostrado tener sobre Delcy Rodríguez. Asumen que ella está haciendo lo que desea Washington y reconocen que se han tomado medidas positivas, pero creen que no son suficientes y esperan mayores cambios en el corto plazo”.
Esa consulta se hizo entre el 24 y el 30 de enero y los cambios mayores no se han materializado. Se entiende que la situación es compleja, pero el tiempo ha pasado y en Venezuela la gente no está, como ha dicho Trump, “bailando en las calles”. Especialmente porque todavía hay una gran cantidad de presos políticos –alrededor de 480 al día de hoy-, hay familias clamando por saber de sus hijos y esposos desaparecidos en el infierno de las cárceles, hay casos terribles como la muerte en custodia de Víctor Hugo Quero, porque salen a la luz testimonios de torturas, porque siguen ocurriendo detenciones arbitrarias, porque se perdió la fe en la Ley de Amnistía y porque el rodrigato acaba de afianzar su control del Tribunal Supremo de Justicia con la ampliación del número de magistrados.
Y, por supuesto, porque la inflación sigue por encima de 600%.
El factor María Corina
El regreso a Venezuela de María Corina Machado daría el impulso necesario al equilibrio entre las agendas económica y democrática. Su presencia, su actividad pública en el terreno, canalizaría las expectativas de cambio verdadero en este sentido.
Los datos del sondeo presentado por Feierstein muestran el nivel: “Los venezolanos quieren que regrese y que tenga el derecho de ser candidata. La encuesta es muy clara: 68% de los venezolanos quiere elecciones ya, quiere elecciones este año. María Corina ha hablado sobre la importancia de un proceso electoral y pienso que está reflejando los deseos democráticos de la población”.
El diario español El País publicó el 9 de mayo una nota sobre lo que muestran las encuestas y sus contradicciones. De ese texto, lo dicho por Saúl Cabrera, director de la firma Consultores 21, se alinea con lo que aquí se plantea: “Cuando Consultores 21 puso a sus encuestados ante el dilema de elegir entre democracia o estabilidad económica sin democracia, dos de cada tres eligieron la primera. ‘La gente se dio cuenta de que la política económica la hacen los políticos’, explica Cabrera. ‘No son variables separadas’. Según los números de Cabrera, dos de cada tres venezolanos quieren que se convoquen elecciones y tres de cada cuatro esperan que sea en el corto plazo”.
En una entrevista para La Gran Aldea con el exasesor de seguridad nacional de EEUU John Bolton, hablamos sobre la necesidad de la vuelta de Machado: “He oído que la administración de Trump le ha instado a no regresar. Y también a Edmundo González. Creo que eso es un error. La dirigencia democrática que ganó las elecciones de 2024, debería volver. Por supuesto que con el régimen aún en el poder es muy arriesgado para ellos, pero si María Corina Machado y González Urrutia regresaran, sería muy positivo para la causa democrática venezolana, porque ellos son las caras del cambio, son los representantes que los votantes eligieron. Que no puedan regresar demuestra, mejor que cualquier retórica, que el régimen sigue siendo el mismo de antes, solo que sin Maduro”.
En esa conversación, publicada el 10 de mayo, Bolton explicó que con Machado y González Urrutia en el país incluso la agenda económica se vería beneficiada: “Para mí, la única manera de que Venezuela se recupere es empoderando a quienes ganaron las elecciones presidenciales de 2024, no a quienes ayudaron a Maduro a robárselas. Los inversionistas extranjeros no invertirán sumas importantes de dinero en un país que sigue en manos de los chavistas. Me sorprendió un poco que, tras la captura de Maduro, Estados Unidos no hiciera más para ayudar a cambiar el régimen, lo cual requiere un esfuerzo mayor a simplemente sacar a la persona que está al mando. Por lo tanto, creo que yo sería más impaciente que el secretario Rubio. Habría actuado con mayor rapidez, porque creo que eso beneficiaría al pueblo venezolano”.
Bolton insistió sobre este asunto: “Muchos inversionistas extranjeros, particularmente en los sectores petrolero y minero, no van a invertir grandes sumas de capital hasta que corroboren que en Venezuela hay estado de derecho. Y un gobierno liderado por Delcy Rodríguez, después de casi treinta años de gobierno de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, no producirá un marco legal sólido”.
El exembajador de EEUU en Caracas entre 2004 y 2007, William Brownfield, aunque reconoce las complicaciones inherentes al posible retorno de Machado, está convencido de que es un elemento fundamental para la agenda de la democracia: “El regreso de María Corina a Venezuela es complejo, porque debe darse sin que la decisión genere un choque con la administración del presidente Trump. Sin embargo, para ella es fundamental mantener el liderazgo frente a los venezolanos y la comunidad internacional; pero eso es muy difícil de hacer desde afuera. Nelson Mandela permaneció en Sudáfrica y Lech Walesa en Polonia, por poner dos ejemplos. Así que lo mejor para la causa democrática es que ella pueda volver, sin embargo, quien debería tener la última palabra sobre este punto es su equipo de seguridad”.
Con el embajador Brownfield conversé a finales de abril. En esa entrevista, habló sobre sus inquietudes respecto a la relación de la Casa Blanca con Delcy Rodríguez en cuanto al futuro de la democracia: “Me resulta muy preocupante que Washington crea que podrá materializar la transición en Venezuela, trabajando con los responsables de la tragedia de las últimas dos décadas. Eso para mí no tiene mucho sentido. Para lograr unas elecciones justas es absolutamente necesario separar a los corruptos y a los abusadores de sus cargos en el gobierno”.
¿Está equivocándose la administración Trump en su lectura de Rodríguez al asumir que con ella en Miraflores los planes pueden llegar a buen puerto? Esto me dijo Bolton en la entrevista: “Delcy Rodríguez es igual de poco confiable que el resto del chavismo. Ella, al parecer, ha logrado convencer a algunas personas de la administración de Trump de que es una persona con la que pueden negociar. Creo que la gente la ve y asumen lo que quieren creer. Esperan que sea razonable, pero está limitada en lo que puede hacer. Si Diosdado Cabello y otros a su alrededor se muestran insatisfechos, podrían destituirla y reemplazarla”.
Tendrá que…
Está claro que Delcy Rodríguez gana tiempo, que los cálculos del chavismo indican que mientras lo tengan, conseguirán mejor margen de maniobra para lograr resultados que refuercen esa imagen de estabilidad de cara a unas futuras elecciones. Después de todo, nunca se contaron sin antes asegurar un escenario favorable. Y Trump les está dando ese tiempo.
Mientras tanto, María Corina envía señales confusas. En diferentes declaraciones y entrevistas se ha referido a su regreso a Venezuela, pero pasaron de la condición de inminente a la de espera del momento oportuno. Algo que se percibe cada vez más lejano. O al menos no tan próximo como quisiéramos.
También salió de la ecuación la defensa de los resultados electorales de 2024, que al día de hoy se asumió como algo prácticamente inviable en beneficio de la estabilidad y legitimidad que brindarían unas nuevas elecciones bajo condiciones óptimas y con supervisión independiente. Pero nada indica que se esté haciendo algo al respecto: el Consejo Nacional Electoral sigue controlado por Jorge Rodríguez. Y si a eso le sumamos el TSJ, las perspectivas no son alentadoras.
Por suerte, Marco Rubio parece no haber olvidado los pendientes de la agenda democrática, aunque hay que apuntar que la ve en un futuro difuso. El 31 de marzo declaró en Fox: “Tendrá que haber elecciones libres e imparciales en Venezuela. Y ese momento tendrá que llegar. Tenemos que ser pacientes, pero sin caer en la complacencia”.
El 13 de mayo volvió a referirse a ese futuro: “En última instancia, a medida que avanzamos en este proceso, tendremos que llegar a una etapa de transición en la que tendrán que normalizar su gobierno. Tendrá que haber un proceso legítimo que la gente vea y diga: ‘Esto es un gobierno legítimo y permanente: presidencia, elecciones, cosas de esa índole’”.
¿Qué hay que hacer para acortar ese tiempo y que se cumpla lo que esperamos los venezolanos en lo que a democracia se refiere? Presionar, mantener el tema como prioridad. Hay un trabajo político en marcha, Juan Pablo Guanipa y el equipo de Vente están activos en buena parte del país y hasta Manuel Rosales, un viejo zorro de la política, decidió, el jueves 14 de mayo, salir públicamente a plantear que se hagan elecciones “de todo”. La presencia de María Corina resulta clave para que la posibilidad no quede en palabras y para que el “momento oportuno” sea a favor de la agenda democrática y no al contrario.
