En la aldea
29 septiembre 2026

Análisis energético: 29 de septiembre

El petróleo apuntó a una subida semanal del 2%, pese al impulso diplomático atribuido a la Asamblea General de la ONU

Lee y comparte

La situación geopolítica estuvo dominada esta semana por la 82.ª Asamblea General de la ONU, un foro creado después de la Segunda Guerra Mundial y que hoy luce ineficaz ante los diversos conflictos bélicos que se desarrollan en todo el mundo y que amenazan con desestabilizar el orden económico actual y, con él, la expectativa de progreso que hasta hace poco parecía inevitable.

Iniciada el 22 de septiembre en Nueva York, la asamblea convocó a los 193 estados miembros y centró el debate en las crisis humanitarias, las tecnologías emergentes y el choque entre las grandes potencias que hoy afecta a las rutas marítimas.

En Ormuz y en Bab el Mandeb, la escalada militar entre EE.UU. e Irán, evidenciada por ataques a buques, infraestructuras petroleras y posiciones hutíes en Yemen, mantiene estrangulado el tránsito de crudo y GNL, lo que afecta principalmente a Arabia Saudita y otros productores de la región, sin una tregua a la vista. 

Mientras tanto, en Rusia, las elecciones parlamentarias, como era de esperar, apuntan a una victoria de las fuerzas afines a Vladímir Putin, quien continúa su sumario sobre la Federación. El presidente Trump, por su parte, recibió con ceremonias altisonantes al presidente chino, Xi Jinping, con quien mantiene una relación bastante ambigua dados los múltiples frentes de desacuerdo entre las dos potencias. Sin embargo, según los reportes, más allá de los discursos, el encuentro no parece haber avanzado en ninguno de esos frentes. Además, la «Doctrina Donroe», o «corolario Trump a la Doctrina Monroe», eleva el temor a una intervención militar en Cuba y a sanciones más severas, tratando de replicar, quizás infundadamente, el modelo de tutela aplicado a Venezuela. 

El petróleo apuntó a una subida semanal del 2%, pese al impulso diplomático atribuido a la Asamblea General de la ONU. Durante la última semana, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, el bloqueo de Ormuz y los ataques a la infraestructura energética saudí provocaron una volatilidad extrema en el mercado petrolero. El precio del crudo Brent cerró cerca de $104,32/bbl tras alcanzar niveles más altos durante la semana.

En contraste, el precio del WTI caería durante la semana debido al encarecimiento de los fletes (que, igual, absorbe el consumidor) y a la posible, aunque poco probable, prohibición estadounidense a la exportación de diésel. El descuento de 12 dólares del WTI frente al Brent refleja el temor a una menor actividad en las refinerías de EE.UU. y, por tanto, a una menor demanda de crudo en el hemisferio occidental. El precio cerró la semana en $93,26/bbl.

La crisis también afecta al procesamiento petrolero en Rusia. Alrededor del 40% de su capacidad de refinación permanece inactiva debido a ataques vinculados a la guerra con Ucrania, que, lejos de amainar, se intensificaron esta última semana. Mientras tanto, los inventarios europeos de diésel y gasóleo están en mínimos históricos antes del invierno.

Al final de la semana, el mercado cedió ligeramente tras contactos discretos entre EE.UU. e Irán para reabrir Ormuz y retomar el diálogo nuclear, así como tras gestiones de Donald Trump con Xi Jinping para desescalar el conflicto; esta montaña rusa de anuncios luce cada vez menos efectiva en un mercado ya muy escéptico. Para contener el precio del crudo, China liberó parte de sus reservas estratégicas de crudo y suspendió las exportaciones de diésel; EE.UU. y Europa también recurrieron a sus inventarios de emergencia. EE.UU. continuó con un modesto aumento en la actividad de taladros (4) y de cuadrillas de fracturamiento (3) en la cuenca Pérmica, según Baker Hughes y Primary Vision, respectivamente, en camino a un crecimiento lento pero sostenido hacia  los 14,0 millones de barriles por día.

Con poca duda sobre la situación restrictiva de los suministros, la OPEP redujo por quinto mes consecutivo su previsión de crecimiento de la demanda para 2026 en 380 mil barriles por día, según Reuters. La fragilidad del suministro de hidrocarburos y el elevado riesgo geopolítico mantienen en alerta a los bancos centrales occidentales, ya que el alto costo del combustible sigue presionando la inflación y la posibilidad de una recesión.

El mercado petrolero afronta una escasez de grandes buques tanque y tarifas de flete récord: los fletes para VLCC (Very Large Crude Carriers), capaces de transportar 2 millones de barriles de crudo, superan el millón de dólares diarios en rutas como Oriente Medio-China. Esto promueve las compras de crudo por cercanía, ya que el trayecto, por ejemplo,  Houston-Asia, añade unos 26 dólares al costo por barril, lo que reduce los márgenes de refinación en Asia y Europa y fuerza descuentos en la venta original: por ejemplo,  los 20 dólares por debajo de Brent que se reportan para algunos de los cargamentos venezolanos. La falta de VLCC también desplaza la demanda hacia buques Suezmax y Aframax, cuyas tarifas ya superan los 300.000 dólares diarios. La crisis de transporte no solo responde a desvíos por Ormuz y el Mar Rojo, que añaden unas tres semanas de navegación, sino también al acaparamiento de tanqueros por parte de petroleras estatales de Oriente Medio y a la escasa renovación de una flota envejecida tras la pandemia. Si esta situación llegara a persistir, el sobrecoste logístico elevaría la inflación de las materias primas, los alimentos y los productos manufacturados.

Dinámica de los precios

El mercado de crudo operó bajo dos realidades distintas, lo que amplió sustancialmente la prima o diferencial entre el indicador europeo y el norteamericano. El crudo Brent cerró la semana con una leve ganancia situándose en $104,32/bbl.  A inicios de la semana, alcanzó un máximo de 110,42 USD debido a la escalada de tensiones en Oriente Medio. Sin embargo, hacia el viernes retrocedió ante las crecientes expectativas de avances diplomáticos entre Estados Unidos e Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz y la posible colaboración de China para controlar los ataques de los rebeldes  hutíes.  Mientras que el crudo WTI sufrió una caída drástica de casi el 8% en la semana, cerrando el viernes en $92,44/bbl. Este descenso se vio acentuado por factores técnicos vinculados al cambio de contratos a noviembre y por un debilitamiento de los márgenes de refinación en Norteamérica, lo que redujo la demanda interna de crudo de las refinerías. 

El gas natural norteamericano cerró con un balance netamente positivo, impulsado por interrupciones en la oferta interna de la región productora estadounidense, tras declararse una fuerza mayor en el gasoducto Mountaineer Xpress (de TC Energy en los Apalaches), que retiró temporalmente del mercado un 1,6% del suministro en EE.UU. El contrato de futuros de gas natural (Henry Hub) finalizó la semana con un incremento acumulado cercano al 8%, cotizando entre 3,15 y 3,21 USD por MMBtu. El viernes, el precio corrigió un 4,6% tras reportarse pronósticos de menor demanda debido al clima y a las expectativas de una pronta reparación de la infraestructura.

Los precios del gas natural europeo, con referencia al TTF holandés, mostraron una notable inestabilidad, alcanzando máximos no vistos en tres años antes de iniciar una tendencia a la baja. Después de los elevados picos de precios registrados la semana pasada, que por primera vez desde finales de 2022 superaron la barrera de los 80 €/MWh debido a la intensificación de las tensiones geopolíticas y a temores de desabastecimiento, los precios se desinflaron a lo largo de esta semana y cerraron el viernes 25 de septiembre en torno a los 70,42 €/MWh. A pesar del fuerte retroceso semanal, los precios no se desplomaron a niveles previos debido a un factor fundamental: los inventarios europeos de gas están en el 70% de su capacidad, un nivel inusualmente bajo para el inicio del otoño (12% menos que el año pasado).

Venezuela: Apertura petrolera, acelerador y freno a fondo

La situación política, económica y energética en Venezuela pareciera responder a un trastorno de identidad disociativo, provocado por la influencia directa de Estados Unidos, que se siente todopoderoso,  sobre un grupo gobernante que se formó bajo una guía ideológica completamente antiaestadounidense.  Esto podría explicar por qué el régimen arrastra los pies ante las reformas que el tutelaje quiere imponer y por qué los EE.UU. no registran del todo esa resistencia a sus demandas.

La administración Trump presiona al gobierno interino para acelerar el proceso de apertura petrolera y lograr aumentos significativos en la producción, pero estos diseños se ven coartados por manejos opacos y poco transparentes en la asignación de bloques y contratos, así como por las numerosas discrepancias entre lo declarado por las partes y la realidad del sistema petrolero venezolano. La afirmación del presidente  Trump, “Al vencedor pertenecen los despojos”, dirigida a sus electores, revela poca sensibilidad respecto a cómo establecer una relación sostenible con un país con una larga tradición republicana en el manejo de sus recursos.

 En resumen, el proceso evidencia falta de  institucionalidad, asignaciones  a dedo, “swaps” de operadores y la incorporación de petroleras que difícilmente pueden ser denominadas como tales. Lo más notorio de esta apertura “sui generis” es el “MegaDeal” de EE.UU., a través de la empresa Nabep, cuyas características e inconsistencias ya hemos descrito en entregas anteriores. Aunque el esquema pudiera ser útil para promover la incorporación de inversión privada en el sector, en su definición actual presenta serios problemas legales, comerciales, fiscales y reputacionales.

Cuando una empresa de dimensiones limitadas, como Nabep, anuncia la adquisición de 50 taladros y un número importante de generadores de vapor por un valor que supera los $1000 millones, sin haber compartido aún públicamente el contrato ni su plan técnico y financiero, es razonable pensar que solo se busca un efecto propagandístico para acallar las críticas naturales, o que estamos ante un negocio de otra índole. 

En este proceso, los lazos entre la administración de Donald Trump y el régimen de Delcy Rodríguez se han estrechado notablemente, lo que ha generado preocupación por los posibles efectos sobre la etapa de transición política, que no arranca como la población de Venezuela espera y requiere. 

A todo evento, los numerosos CDAP (contratos de Desarrollo de Actividades Primarias ) y MOU (Memorandos de Entendimiento) firmados con empresas sólidas como TotalEnergies y Continental Resources, así como los numerosos contratos con empresas sin trayectoria operativa, técnica y financiera, requerirán tiempo para materializar planes de inversión y aún más para contribuir a la producción incremental. De manera que durante el resto de 2026 y buena parte de 2027, probablemente,  estos acuerdos seguirán analizando los campos y  deshojando la margarita para tomar una decisión final de inversión, realizar las auditorías de línea base, realizar estudios detallados de yacimientos  y resolver los problemas logísticos y de talento humano.

La política del espectáculo

En el ámbito político, uno de los logros del régimen de  Delcy Rodríguez fue su participación en la Asamblea General  de la ONU en representación de Venezuela, así como su breve reunión con Trump y Rubio.  Su discurso en la Asamblea evidenció la amnesia que parece haber envuelto al nuevo neochavismo: no solo no hubo referencia alguna a Hugo Chávez, a Nicolás Maduro, a Cuba o a Rusia, sino que también se evadió la responsabilidad por las dos décadas que condujeron al tutelaje actual; la historia parece haber comenzado el 3 de enero de 2026.

La otra cara de la moneda del proceso entablado entre EE.UU. y el gobierno interino de Delcy Rodríguez, en el que parecen coincidir Washington y Caracas, es que las necesidades de la población y las leyes venezolanas son soslayadas en aras de la “realpolitik”. Si a la creciente sensación de desamparo le sumamos la precaria situación del servicio eléctrico y de otros servicios públicos, no es sorprendente que las protestas populares vayan en aumento, hasta el punto de que la presidenta encargada tuvo que adelantar su regreso desde Nueva York.  

Mientras el Departamento del Tesoro de EE.UU. apresura  reuniones clave, orientadas a evaluar la gigantesca deuda venezolana y la arquitectura institucional, el país clama por mayor celeridad en la transición democrática, la liberación de presos políticos, la libertad de expresión y avances tangibles en el proceso electoral.  A finales de septiembre de 2026, las autoridades interinas siguen sin fijar una fecha para las elecciones presidenciales, y la mesa de negociaciones parece moverse al ritmo de dilación impuesto por el gobierno interino. 

María Corina Machado, quien aglutina la mayoría de la oposición, ha visto torpedeados sus intentos de regresar a Venezuela. En los últimos días de la semana pasada, tres intentos, por mar y por aire, se han visto frustrados, y nadie parece ser responsable de ello.

Operaciones petroleras

De cara al último trimestre del año, la producción petrolera tiende a ralentizarse. Algunos de los CDAP que podrían generar barriles con relativa facilidad no han finalizado los términos de sus contratos, como parece ser el caso de Repsol y Maurel & Prom. 

Durante la última semana, la producción alcanzó 977 Mbpd de crudo y 20 Mbpd de condensados provenientes de Cardón IV y Anaco.

La producción de crudo se distribuyó geográficamente de la siguiente manera:

• Occidente 277

• Oriente 112

• Faja del Orinoco 588

• TOTAL 977

Chevron produjo 272 Mbpd, mientras que Maurel & Prom se mantuvo en 35 Mbpd y Repsol en 41 Mbpd. 

En la Faja del Orinoco, PetroCedeño (Nabep) produjo 40 Mbpd; PetroSinovensa, 93 Mbpd; y PetroMonagas, 89 Mbpd. La producción total de NABEP (occidente y oriente) se situó en 153 MBPD.

Las operaciones propias de PDVSA representan solo el 12% de la producción total.

Las refinerías nacionales procesaron 297 Mbpd de crudo y productos intermedios, rindiendo 88 Mbpd de gasolina y 86 Mbpd de diésel.

El Complejo Petroquímico de José incrementó su nivel de utilización al 81% en las plantas de metanol y de amoníaco/urea.

Los desorbitados precios de los fletes para los tanqueros de máximo tamaño (VLCC) han comenzado a contagiar a los fletes y a la disponibilidad de tanqueros de menor tamaño, de manera que los compradores están exigiendo descuentos en las ventas de crudo venezolano, lo cual podría incidir en los pronósticos de  800 Mbpd de exportación para el mes de septiembre. 

La cesta venezolana, en línea con los precios internacionales, alcanzó un promedio de $81,6/bbl.

Lectura recomendada Análisis energético: 22 de septiembre

Lee y comparte
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
Más de Opinión