Alberto Barrera Tyszka es lapidario: “en estos ocho meses los chavistas nos han demostrado que Chávez es un chiste”. Así interpreta el ganador del Premio Harralde (2006) el proceder del chavismo luego de la extracción de Nicolas Maduro. “Su única ideología parece haber sido el saqueo”, añade.
El autor de “Hugo Chavez sin uniforme: una historia personal”, no compra la narrativa asumida por el oficialismo sobre el 03 de enero y la desmonta en una sola frase: “aceptaron todo con la normalidad de quien sabe de antemano que toda la famosa épica bolivariana puede naufragar tranquilamente con una llamada telefónica de amenaza”.
Barrera Tyszka, tambien ganador del premio Tusquets de novela (2015), lanzó una alerta a María Corina Machado: “corre el riesgo de dejar de ser percibida como una guerrera para ser considerada como una mujer que soporta el maltrato de un macho patán”. Esto en referencia a la difícil relación que mantiene la líder opositora con la administración Trump.
—Sostiene que dentro del oficialismo nadie parece estar demasiado sorprendido con lo ocurrido el 03 de enero…
—Lo que quiero decir es que, ante la falta de información, en el reino de la opacidad que es Venezuela desde hace mucho, lo inverosímil puede ser lógico y cualquier cosa puede ser verdad.
—¿Cuál es su lectura del chavismo luego de ocho meses de tutelaje estadounidense?
—Creo que, a pesar de la opacidad de todo el proceso que estamos viviendo, es evidente que el chavismo otra vez ha logrado sobrevivir. Fíjate, incluso la manera en la que estamos hablando los favorece. Han convertido la salida de Maduro en una ventaja. De la nada, han logrado que se deje de hablar de “la dictadura” y que, en cambio, se hable del “gobierno” o “del gobierno interino”.
Si te pones a ver, “Tutelaje” es una palabra amable. Por supuesto que remite a la intervención extranjera, a la pérdida de soberanía, pero define una realidad distinta a la que pueden señalar las palabras “dictadura” o “tiranía”.
—¿Se puede hablar de flexibilización o de apertura política en este momento?
—Es cierto que ha salido de la cárcel un buen número de venezolanos y que ahora hay noticieros disidentes en la televisión… pero también es verdad que todavía hay más de 400 presos políticos, que la estructura represiva del Estado sigue intacta, que hay un sistema legal que afecta la libertad de expresión, la participación popular y la organización civil.
Se han oxigenado algunas formas, pero también se ha oxigenado el chavismo. Y siguen usando el tiempo como arma política. Estos ocho meses nos han mostrado a dos élites haciendo sus negocios. Para el chavismo y para el gobierno de los Estados Unidos, el 28 de julio del 2024 no existe. El pueblo venezolano no pinta nada en esta historia.
—¿Cómo caracteriza a los hermanos Rodríguez?
—Más allá de los distintos cuentos y especulaciones que existen sobre la relación de Chávez con ellos, está claro que ninguno de los dos pertenece a lo que podríamos llamar “el chavismo originario”. No tienen figuración ni presencia en esos años iniciales. A partir del golpe del 92, como sí la tuvieron Nicolás Maduro y Cilia Flores, por ejemplo. No vienen del mundo militar, no son Diosdado Cabello o Pedro Carreño.
No tienen tampoco la imagen ni la conexión con “lo popular” que le dio identidad al chavismo. Su formación y su cultura son otras. Jorge es psiquiatra y escritor (ganó hace años el concurso de cuentos de El Nacional); Delcy estudió en París, luego vivió en Londres…
—Pero más allá de esas diferencias, ¿era lógico pensar que traicionarían tan abiertamente toda la perorata ideológica que ha utilizado el chavismo por más de dos décadas, con tal de mantenerse en el poder?
—Te diría que la pregunta es cómo y por qué ellos lograron construir un liderazgo capaz de llevarlos hasta donde están y de controlar al resto del chavismo. El heredero al que Chávez le levantó la mano, el ungido, está en una cárcel de Brooklyn.
Todos los demás, con algunas excepciones, están calladitos, aceptando dócilmente el liderazgo de los Rodríguez… A ninguno parece importarle la “perorata ideológica” que mencionas. La “revolución bolivariana” es una equiqueta quita y pon. En estos ocho meses, los chavistas nos han demostrado que Chávez es un chiste.
—¿Por qué a la cúpula que está al mando le ha sido tan sencillo “justificar” los enormes giros discursivos a lo interno del movimiento chavista?
—Los cambios drásticos en el discurso no me parecen sorpresivos. No es ninguna novedad. Ahora es más grotesco, más ridículo, por supuesto, pero es algo que han venido haciendo desde siempre. Esa fue una de las grandes enseñanzas de Chávez para su movimiento: se puede mentir descaradamente y no pasa nada. Lo de Alejandro Betancourt es un clímax, sin duda. Pero, por otro lado, es muy coherente y encaja perfecto en el modelo de negocio ilegal que están armando Trump y el chavismo.
—La especulación de que si la sucesión no se hacía con Delcy Rodríguez, venía el caos, ¿es creíble o es un chantaje?
—Al principio del proceso, la hipótesis de que Delcy era necesaria para desactivar desde adentro todo el sistema de la dictadura, resultaba lógica y tentadora. Pero el tiempo está demostrando que, para sus planes e intereses, el gobierno de los Estados Unidos se siente más cómodo con el chavismo que con la democracia. Los “hijos de Chávez” han resultado ser unos devotos magazolanos.
—¿A Nicolás Maduro lo entregaron esos “devotos magazolanos”?
—A mí no deja de sorprenderme la fragilidad narrativa de la historia que el chavismo ha decidido contar sobre el 03 de enero. En el fondo, el argumento que nos han dado para explicar el cambio en el país es muy inconsistente.
Resulta que, mientras se llevaban detenido a Maduro y a su esposa, llaman por teléfono a los hermanos Rodríguez y les dicen algo como: “sabemos dónde están y los vamos a matar. Tienen 15 minutos para decidir si quieren quedarse en el gobierno y colaborar con nosotros o si se quieren que los masacremos”.
Los dos hermanos, entonces, llaman a Diosdado, se debaten, sufren… y un cuarto de hora después deciden sacrificarse, aceptando la propuesta de quedarse al frente del gobierno. No hay mucho más. No hay datos claros, no hay más informaciones.
Al dìa siguiente, de pronto, la revolución en pleno dejó de ser revolución y comenzó a ser el nuevo aliado de Donald Trump.
—¿Qué lectura hace de la situación actual de María Corina Machado?
—María Corina expresó firmemente su desacuerdo con respecto a la negociación petrolera que adelantan el chavismo y la administración Trump, pero ¿eso es una ruptura de sus relaciones con Washington? No hay indicios de que eso sea así. No creo que la mayoría de los venezolanos lo estemos percibiendo de ese modo.
Yo siento que Maria Corina está en una situación muy difícil. Invirtió mucho, y de manera muy vehemente, en su relación con Trump; apostó a una batalla ideológica, apoyando a la derecha en la región… y de pronto su gran aliado se cuadra con su enemigo y la dejan bailando sola.
—¿Para usted ella debería romper con la administración Trump?
—Ella construyó un liderazgo en el país a partir de la radicalidad ética y emocional, pero corre el riesgo de dejar de ser percibida como una guerrera y pasar a ser considerada como una mujer que soporta el maltrato de un macho patán, de un delincuente como Trump.
Hace unos días, en una entrevista, Marco Rubio dijo algo que a mí me parece escandaloso. Afirmó que María Corina, como toda venezolana, podía regresar al país cuando ella quisiera. Lo dijo con una tranquilidad pasmosa, como si el contexto no existiera.
Es una forma deliberada de normalizar la violencia. Más que la banalidad, es la “naturalidad” del mal… María Corina tiene que recuperar algo que parece haber perdido: la indignación. Creo que nadie entiende por qué todavía no ha regresado al país.
—Bajo su óptica literaria ¿cómo queda la figura de Maduro en esta historia?
—Desde la muerte de Chávez, el destino de Maduro siempre tuvo un signo algo trágico. Estaba heredando el desastre, la crisis de toda la gestión del “Comandante”, pero tenía las manos atadas, no podía echarle la culpa al gobierno anterior, no podía ensuciar al líder supremo. Tampoco podía sustituirlo. No tenía ni el carisma ni la autoridad. Y estaba obligado a fingir, debía simular que sí podía hacerlo, que él sí era un líder…
No deja de ser interesante la escasa y fugaz reacción internacional que ha habido con respecto a su captura y detención. Pareciera que a nadie le importara demasiado que Maduro saliera de la escena. Aún así, esta historía todavía no termina. Y si lo insólito —o lo absurdo—, sigue jugando un papel importante. Si Alejandro Betancourt es el “empresario” que lleva adelante la nueva negociación petrolera, ¿acaso sería extraño que Maduro mañana quedara libre?
—¿Cabe el chavismo en una Venezuela democrática?
—Tal vez habría que que preguntarse qué diablos fue realmente el chavismo. Porque, visto ahora a la distancia, su única ideología parece haber sido el saqueo. Se robaron todo, arrasaron con la economía, con las instituciones, con las libertades ciudadanas…y ahora le están regalando el país a los gringos, sin reparos y sin pudor.
Es probable que, al final, el chavismo pase a la historia como el movimiento que logró acabar con el mito de la revolución en la América Latina. Ahora, la izquierda continental está obligada a reinventarse. Es sorprendente ver cómo, aún con esta alianza con Trump, haya quienes apoyen o guarden un silencio cómplice ante la auto proclamada “revolución bolivariana”. Sólo Gabriel Boric, como líder, tuvo la valentÍa y la ética de enfrentar y denunciar ese monumento a la corrupción y a la violencia institucionalizada que ha sido el chavismo.
—Hace años, Delcy Rodríguez dijo en un programa con José Vicente Rangel que «la revolución era su mayor venganza». ¿Cómo se puede interpretar hoy esa afirmación?
—Esa afirmación tiene algo de melodrama épico que le conviene mucho a los hermanos Rodríguez. Promociona su historia como un relato que va del la orfandad a la popularidad, de la tragedia al éxito. Le da un arco dramático a algo que tal vez sea mucho más turbio y más básico: pura ambición, simples deseos de poder y de riqueza.
No sé si tiene sentido sobreanalizar la relación entre las dos historias. Creo que si los hermanos Rodríguez hubieran querido ser más coherentes con lo ocurrido con su padre, habrían actuado de otra manera frente a la salvaje represión que ejerció el chavismo sobre el pueblo venezolano durante todos estos años.
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