En la aldea
18 septiembre 2026

¿Cómo evitar parecernos a aquello que durante años criticamos?

Frente a la gimnasia del cinismo contemporáneo, donde el descaro se disfraza de pragmatismo, el sociólogo y defensor de derechos humanos, Rafael Uzcátegui, propone diez anclas morales: una guía de higiene ética para mantener intacto el juicio y distinguir lo justo de lo injusto

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Redacción LGA | 18 septiembre 2026

Después de años viviendo y trabajando bajo un régimen autoritario, Rafael Uzcátegui llegó a una conclusión: uno de los efectos más profundos del autoritarismo no era solamente la represión, la censura o la persecución. Era algo más difícil de percibir: acostumbrarse a la contradicción.

Dejar de sorprenderse cuando una elección es llamada democrática sin permitir realmente elegir. Escuchar hablar de paz mientras aumenta la violencia política. Ver instituciones creadas para proteger a las personas terminar persiguiéndolas. Y, finalmente, comenzar a pensar que “así son las cosas”, que “todos hacen lo mismo” o que ya no vale la pena discutir.

De esa experiencia nace Contra el cinismo generalizado. Una ética nacida de la experienciaautoritaria, el nuevo libro del sociólogo y defensor de derechos humanos venezolano Rafael Uzcátegui, publicado en septiembre de 2026 por Náufrago de Ítaca Ediciones, escrito e impreso en Ciudad de México.

Cuando la mentira deja de escandalizar

Uzcátegui llama «cinismo generalizado» a una situación en la que personas, organizaciones e instituciones continúan hablando de valores y principios mientras actúan abiertamente en sentido contrario, sin que esa contradicción produzca ya un costo moral significativo.

No se trata simplemente de que exista la mentira política. Esta ha acompañado al poder durante siglos. La novedad, sostiene el libro, es su velocidad, volumen y normalización. Gobiernos, dirigentes, intelectuales y ciudadanos pueden condenar en sus adversarios exactamente aquello que justifican en sus aliados. Las palabras continúan utilizándose (justicia, libertad, solidaridad, derechos humanos), pero progresivamente dejan de funcionar como criterios para evaluar la realidad.

La consecuencia es más profunda que creer una información falsa. Ante la sucesión permanente de versiones, rumores, escándalos y contradicciones, las personas pueden terminar refugiándose en el cansancio y la indiferencia. El triunfo del cinismo ocurre entonces cuando la verdad deja de importar.

El problema también somos nosotros

Una de las particularidades de Contra el cinismo generalizado es que la crítica no está dirigida únicamente a los gobiernos o a los dirigentes políticos. El libro desplaza deliberadamente la pregunta hacia el lector: ¿qué estamos nosotros mismos dispuestos a justificar?Para Uzcátegui, resulta relativamente sencillo denunciar una injusticia cuando la comete un adversario. La verdadera prueba aparece cuando quien cruza el límite es alguien cercano, admirado o perteneciente al mismo campo político. Si una acción cambia de valoración dependiendo de quién la realiza, el principio ha sido sustituido por la conveniencia.

Esa preocupación atraviesa todo el ensayo y explica su subtítulo. No se trata de formular una nueva ideología, sino de construir una ética nacida de la experiencia autoritaria: herramientas para impedir que la propaganda, la pertenencia a un grupo o la conveniencia terminen decidiendo qué consideramos verdadero, aceptable o digno.

Diez criterios para no naufragar

La segunda parte del libro propone diez principios: colaborar es mejor que competir; no justifiques lo injustificable; toda autoridad tiene límites; protege tu capacidad de decidir; escoge con quién caminas; haz lo mejor que puedas con lo que ya tienes; vive hoy lo que quieres para mañana; la diferencia no es una amenaza; cuida a quienes te cuidan; y no olvides recordar.

El recorrido mezcla la experiencia venezolana con referencias a George Orwell, Albert Camus, Hannah Arendt, Mijaíl Bakunin, Piotr Kropotkin, Guy Debord, Primo Levi y otros autores, junto con situaciones reconocibles de la vida diaria.

La intención final es sencilla: recuperar puntos de referencia. “Que las palabras importan. Que la memoria importa. Que cuidar a los demás importa. Que vale la pena intentar vivir hoy los valores que esperamos encontrar mañana. Que el poder necesita límites. Que ninguna causa justifica perder la capacidad de distinguir entre lo justo y lo injusto”, resume Uzcátegui.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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