Son 12 los miembros de la Fracción Parlamentaria Libertad, el grupo de diputados de la oposición que llegaron a la Asamblea Nacional por obra y gracia de algún misterio que habilitó candidaturas convenientes y por alguna multiplicación de los votos que nadie vio. También se podría decir “la oposición”, con comillas. De cualquier manera, es inevitable pensar en el lugar común de los apóstoles. Hasta un Judas tienen.
Los convocados a la mesa del poder allá en el Capitolio, son Antonio Ecarri Angola, Henri Falcón, Henrique Capriles, Stalin González, Luis Emilio Rondón, Pablo Pérez Álvarez, Tomás Guanipa, Ángel Vera, Carlos José Dickson, Gladis Leonor Socorro, Liz María Márquez y Nora Bracho.
Como se ve, algunos son nombres con cierta historia en las lides políticas y otros no nos dicen nada. Pero eso no importa porque por más que los veteranos carguen con su pasado y crean que con sus caras de regañados nos representan en el parlamento, ellos tampoco nos dicen nada. Por el momento –aunque ojalá nos sorprendan un día de estos- solo están allí para llenar una formalidad, para que el chavismo pueda decir “mira, aquí está presente la oposición, esto es una democracia”.
El episodio más revelador de la naturaleza de esta coalición de 12 no fue una última cena, fue la votación de los diputados para designar a las nuevas autoridades de la Fiscalía General de la República y de la Defensoría del Pueblo, el jueves 9 de abril.
Se evaluaron 155 postulaciones, de las cuales quedaron a consideración 69 aspirantes. Por parte del rodrigato ya sabíamos lo que podíamos esperar, que es lo de siempre con el chavismo sin Chávez y sin Maduro: las cosas se resuelven como a ellos les conviene. A ellos, no al país. Así que casi desde el primer momento fue obvio que el camarada Larry Devoe permanecería en el cargo de Fiscal General. Y comenzó a correr la voz de que harían la “concesión” de permitirle a alguien de la oposición ocupar el despacho de la Defensoría.
Hubo alguna ilusión con la posibilidad de la doctora Magaly Vásquez quien, con sus credenciales y en un país regido bajo otros principios, debería estar ya organizando legajos y poniendo orden en la Fiscalía. Pero al rodrigato no le conviene y tampoco le giraron esa instrucción desde Washington, así que atornilló a uno de los suyos.
La Fracción Parlamentaria Libertad acordó apoyar a Magaly Vásquez y propuso a la exdiputada Marialbert Barrios para la Defensoría. La propuesta hay que verla más como un intento de Tomás Guanipa de posicionar a una compañera de los tiempos en Primero Justicia, una jugada más orientada a la politiquería que a las necesidades del país y que se desmonta fácilmente por el hecho de que Barrios no tiene formación ni en derecho ni en un activismo verdaderamente calificado en materia de derechos humanos. Es decir, soñaron con hacer lo mismo que el chavismo, privilegiando los intereses y no el mérito.
Los Rodríguez ya tenían también a su elegidapara Defensoría: Eglée González Lobato, abogada, profesora universitaria, exconsultora del PNUD y del CNE y furibunda antimariacorinista en constante coqueteo intelectual con el rodrigato.
De modo que las designaciones no fueron una sorpresa. Pero sí lo fue, al menos para la fracción, el hecho de que Antonio Ecarri sacara su lápiz para votar por González Lobato y por Larry Devoe, en un cuadre con el poder que derivó en un posterior enfrentamiento verbal con Tomás Guanipa. Como consecuencia de esta traición al acuerdo entre ese grupo al que califican de “oposición moderada”, Ecarri fue expulsado del Grupo Libertad.
En los cuentos de pasillos, el rumor impone la versión de que Antonio Ecarri está calculando la entrada de su Alianza del Lápiz no solo en una futura comisión de diputados “amigos” del Congreso estadounidense –cosa que ya propuso y fue aprobada-, sino también en puestos dentro del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia cuando llegue el momento de mover fichas en esas instituciones. Y el paso para llegar a esto es complacer a Jorge Rodríguez.
¿Ecarri es una ficha de Rodríguez? Eso es lo que parecieran estar “descubriendo” ahora en el seno de la Fracción Parlamentaria Libertad.
El 11 de febrero de 2024, publicamos en La Gran Aldea un texto de Omar Luis Colmenares que recoge parte de la trayectoria política de Antonio Ecarri, quien ha puesto mucho empeño en promocionarse como “opositor independiente”, aunque en la práctica luzca más como una figura de utilidad para el chavismo por su tendencia a intentar fragmentar la unidad opositora.
A Ecarri lo expulsaron de Copei en 2015 por “bigamia partidista”, cuando la dirigencia copeyana se percató de que mientras militaba en sus filas, practicaba el proselitismo con Alianza por el Lápiz en zonas del oeste caraqueño.
En 2010 la Mesa de la Unidad Democrática apoyó su aspiración a ser diputado por el Circuito 2 del Distrito Capital. Perdió con Robert Serra, del PSUV. En 2012 se presentó con Proyecto Venezuela como precandidato a la Alcaldía de Libertador en las primarias opositoras. Perdió ante Ismael García, desconoció los resultados y se lanzó como independiente, pero luego renunció antes de la fecha de los comicios. En 2014 renunció a PV y se unió a COPEI, de donde fue expulsado un año más tarde.
En 2021 lo intentó nuevamente, ya con su partido propio y con el respaldo de Fuerza Vecinal aspiró a la Alcaldía de Libertador rompiendo con ello el intento de unidad en torno a la candidatura de Tomás Guanipa. Perdió ante la oficialista Carmen Meléndez, quien ganó con casi 59% de los votos. Pero esta vez quedó de segundo, con 15,54%, por encima del escaso 11% que logró Guanipa, un aspirante zuliano impuesto por encima de otras opciones con mayor arraigo capitalino como Roberto Patiño.
En 2023, el “opositor independiente” reafirmó su vocación fragmentadora negándose a medirse en las primarias organizadas por la MUD en las que María Corina Machado se alzó con más de 92% de los votos, y se apuntó como candidato en las elecciones presidenciales de julio de 2024. Y si bien hay que reconocerle sus reclamos legales sobre la incumplida obligación del CNE de hacer público el detalle de los resultados de ese evento electoral, su historial indica claramente, que la única alianza para la que trabaja es la del Lápiz, la suya propia.
El episodio con Ecarri en realidad funciona para entender de una buena vez la absoluta intrascendencia en términos de la verdadera recuperación de espacios democráticos del papel que juegan los diputados de la fracción liderada por Stalin González, Capriles y Guanipa, una coalición –hay que decirlo- amalgamada por su manifiesto rechazo a participar en cualquier cosa que tenga que ver con María Corina Machado y dentro de su aparente buenismo, siempre dispuesta a buscar espacios para intentar un “entendimiento” con un sistema de poder que les permitirá ocupar sus curules hasta el día en el que dejen de ser útiles.
Una coalición con una falla de origen, cuyas voces solo se escuchan en declaraciones para los medios al término de sesiones en cuyas agendas no tienen incidencia alguna porque aquí todo parece haber cambiado para seguir igual.
