Yo quiero decirles que este es un día que recordaré toda mi vida. Este es un día en el cual el grito de libertad de Venezuela ha retumbado.
Este encuentro nuestro hoy tiene un propósito, un propósito claro.
Desde el corazón de esta gran nación, los venezolanos estamos enviando un mensaje claro al mundo. Venezuela será libre porque así lo decidimos los venezolanos. Esta es nuestra fuerza.
¡Libertad! Hemos llegado hasta hoy con la fuerza, la determinación, el trabajo, la inteligencia, la disciplina, el coraje y el amor de un pueblo. Cuando todos creían que todo estaba perdido, Venezuela sacó de sus entrañas lo que ha sido esa tierra comprometida con la libertad desde que somos nación.
Y demostramos que no hay fuerza en el mundo que pueda detenernos cuando estamos decididos a hacer las cosas a la venezolana. Y fuimos paso a paso, restituyendo lo más importante: la base de una democracia, que es la confianza entre los ciudadanos, entre la gente. Nos habían enfrentado, nos habían dividido, nos habían hecho incluso dudar de nuestra propia fuerza.
Y fuimos recorriendo un país, abriendo corazones, abriendo puertas, uniendo, tejiendo. Y para mí, uno de los desafíos fundamentales para poder lograr la lucha, para poder lograr la victoria, era unir a los venezolanos que habían tenido que partir, obligados a dejar su tierra, con los venezolanos que quedábamos dentro de nuestro país.
Y llegó el día de las primarias, el 22 de octubre.
Y cuando ese día, a la misma vez, salió a votar la mamá en Tenerife con la hermana en Tucupita, y el padre en Papelón con su hijo en Murcia. Cuando salimos todos a la vez a manifestar nuestro compromiso y vocación con una Venezuela soberana, una Venezuela justa, una Venezuela luminosa, una Venezuela en la cual solo aceptamos que nos llamen de una manera: ciudadanos. No aceptamos que nos dividan, somos ciudadanos.
Ese día fue la derrota espiritual de esta tiranía. Ese día hicimos valer frente al mundo entero la determinación de un pueblo que cree en la soberanía popular y cree en la decisión sagrada de determinar nuestro futuro. Ese día comenzó un proceso indetenible que lleva a la liberación de Venezuela y a la construcción de una nación con pilares sólidos, una Venezuela donde nunca jamás volverá a poner su pie una tiranía, nunca jamás.
Hoy, desde aquí, le decimos al mundo: Venezuela está unida, Venezuela está decidida a hacer valer nuestra voluntad. Y le decimos a los venezolanos que están en nuestra tierra que se preparen porque para allá vamos, para allá vamos.
Piensen, piensen esto. Alguien me lo preguntaba en estos días: ¿cómo has cambiado tú en estos meses?, ¿qué has aprendido?, ¿qué has ganado?, ¿qué has perdido desde que saliste de Venezuela? Y yo les pregunto a cada uno de ustedes: piensen en el hombre, la mujer, el joven que ese día que pisó por última vez su país enfrentaba este desafío de soledad, de angustia, de miedo frente al mundo, dejando atrás sueños, amores, ahorros, recuerdos.
Piensen cómo hemos ido aprendiendo y creciendo, piensen cómo éramos y cómo somos hoy; hoy somos mejores personas, hoy somos personas más recias, hoy somos personas que hemos tenido la oportunidad de ver en el mundo lo que funciona y lo que no. Hemos aprendido de colores, de sabores, de olores, hemos soñado en llevar a nuestro país cada cosa maravillosa que vemos que funciona en otro lugar. Por ejemplo, les digo algo, se van a burlar de mí: ¿saben cuándo fue la primera vez que yo me monté en un Uber? En diciembre. No podía creerlo.
Y es así, todos los días descubrimos cómo avanza la tecnología, cómo en distintos países aplican, descubren, inventan, y acto seguido lo que pensamos es: ¿cómo funcionaría esto en mi pueblo?, ¿cómo lo voy a llevar de vuelta? Y por eso hoy les pido que comparemos ese venezolano que salió hace 10 años o 5, o 1, o 3 meses, con el venezolano que hoy somos, que va a poner ese pie de vuelta en su país. Cómo somos, qué traemos de vuelta para ofrecer a Venezuela, para aplicar en nuestro país y esa inyección de energía que son ustedes, esa maravilla de aprendizaje, porque donde hay un venezolano la gente los quiere alrededor del mundo.
Y aquí en España es una belleza porque por donde voy todo el mundo está comprometido con nuestra causa y la siente propia. Imagínense llenando esos aeropuertos, cruzando el puente Simón Bolívar, llegando a La Chinita y trayendo con ustedes todo lo que ha sido el aprendizaje duro de estos años. Las lágrimas, las angustias, los dolores, los anhelos, pero también todo el amor que hemos recibido y la admiración de un mundo que hoy admira con pasión al bravo pueblo de Venezuela, que ha puesto muy en alto lo que significa la defensa de la democracia y la libertad desde la ciudadanía.
¿Qué otra nación, cuál otra Venezuela en otras épocas hubiera podido hacer una gesta como la que hemos hecho nosotros? Nosotros que hoy valoramos la familia, los hijos, los hermanos cerca, como ninguna otra generación antes. Nosotros que valoramos y anhelamos poder recorrer el país, poder ver nuestro mar, nuestra selva, poder salir en la tarde a compartir con los amigos, a comernos una hallaca, a rumbear en la noche. No hay otra generación que valore como nosotros lo que es poder estar en tu país, y no hay otra generación de venezolanos a la cual se le haya arrebatado su libertad, su dignidad, su propiedad y que, por lo tanto, tiene hoy la experiencia propia, vivida, de que la vida solo es concebible cuando eres libre.
Y como solo concebimos vivir en libertad y en Venezuela, tenemos un propósito y una meta que concluir, y eso es precisamente lo que vamos a hacer, exactamente lo que vamos a hacer. El pueblo de Venezuela dio un mandato el 28 de julio y ese mandato vigente nos da la legitimidad para ahora, en el contexto de una transición, con el apoyo fundamental del gobierno de los Estados Unidos y muchos otros aliados alrededor del mundo, avanzar. Sin demora, sin excusas, sin desvíos, al ejercicio y a la ratificación de la soberanía popular en elecciones limpias y libres donde voten todos los venezolanos, todos los venezolanos.
Y óiganme esto: hay algunos que ahora pretenden decirnos a nosotros, que hicimos las primarias, que montamos una legión de un millón de voluntarios y les dimos una paliza el 28 de julio, que demostramos nuestro resultado, que Venezuela no está lista para elecciones. Algunos aliados del régimen, incluso en esta zona donde estamos hoy, algunos dentro del país que recurrentemente le han hecho eco durante años a las trampas del régimen. Y nos vienen a decir a nosotros que la sociedad venezolana no está lista, que no está organizada.
Pues bien, es la hora de demostrar lo que nosotros sabemos hacer, y eso es lo que estamos haciendo esta tarde aquí, en el corazón de Madrid, para que lo escuchen bien.
Y yo no sé si a ustedes les sorprende —óiganme esto, este es un punto que merita reflexión. Hasta hace poco había algunos actores que insistían que había que acatar cada vez que el régimen inventaba una elección fraudulenta, falsa, ilegal, mentirosa. Todos decían que había que salir corriendo, hacerle la farsa al régimen.
Cuando nosotros denunciábamos el fraude, nos decían que éramos abstencionistas. Resulta que el 28 de julio desmontamos el fraude y ahora esos mismos que querían que fuéramos a votar con fraude no quieren votar sin fraude. ¿Qué tal? ¿Ustedes pueden explicarme qué estará por detrás de eso? Porque lo desmontamos y porque tenemos el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, asegurándose de que sea un proceso transparente.
Entonces ahora no quieren elecciones. Por eso yo lo digo: si ustedes quieren saber quién está con el régimen y quién no, es muy fácil, solo pregúntenle si quieren o no quieren elecciones. Ahí está la respuesta.
No ha habido un movimiento cívico con la organización, la disciplina y el coraje que tienen todos ustedes. Lo que hemos visto, los testimonios conmovedores una y otra vez en Venezuela, demuestran que esta ruta tiene un solo destino y nada ni nadie la va a detener. Lo que hemos visto con nuestros presos políticos que han salido de esos calabozos y centros de tortura.
Todos estos años de lucha, Venezuela se fue llenando como una inmensa represa. Se fue llenando de energía, de trabajo, de esperanzas, sí, de golpes y dolores, pero sobre todo de convicción y de amor. Y esta represa, que está full como está esta plaza hoy, el 3 de enero se le abrió un gran agujero y empezó a fluir, y empezó a fluir toda esta fuerza y esta energía.
Y cuando eso pasa no lo para nadie, no lo para nadie. Porque ahora, habiendo vivido lo que vivimos, habiendo sufrido la peor represión y persecución, habiendo logrado superar el terror, somos hoy invencibles, invencibles. Y para allá vamos.
Tenemos hoy la obligación, el deber de concretar esta tarea. Vemos ya por fin cómo empiezan a salir los venezolanos a la calle. Los presos políticos, al salir, me llaman.
No sé si me han escuchado contar esto, pero es que es conmovedor.
Apenas salen de la cárcel, lo primero que yo les digo es: te vas para tu casa. Y me dicen: dame instrucciones. Y digo: te vas a dormir, te comes algo caliente, abraza a tu mamá. Y me dicen: dormir, descansar… No, no, no. Yo tengo muchos meses en eso. Quiero trabajo ya para la libertad de Venezuela, hoy para la libertad de Venezuela. Ese es el espíritu, ese es el espíritu.
Y a cada uno de aquellos que hoy siguen tras las rejas, civiles y militares, hoy quiero decirles: ustedes son nuestros héroes. Hay un país que los acompaña y no descansaremos hasta que todos, todos sean libres y exista justicia y reparación en Venezuela para todos aquellos que han sido perseguidos.
En esta hora quiero pedirles: es el momento de la mayor entrega. Yo sé que lo hemos dado todo. Yo sé que hemos hecho cosas extraordinarias. Yo sé que muchas veces alguna gente me dice: otra vez más.
Y yo les digo: vamos a hacer lo que haya que hacer. Hemos llegado hasta aquí y nos falta rematar.
Hoy contamos con el apoyo de los genuinos demócratas del mundo, y eso se los aseguro yo. Contamos con el respaldo de los hombres y mujeres libres de este mundo, se los aseguro yo. Contamos con la convicción y la unión de un pueblo y vamos de la mano de Dios porque esta es una lucha espiritual.
Es una lucha espiritual entre el bien y el mal y vamos a lograr que el bien prevalezca. Vamos a ganar, vamos a expulsar el mal de nuestro país y vamos a construir una nación que apunte al trabajo, a la honestidad, al esfuerzo, al mérito. Porque aquí nadie quiere privilegio, aquí nadie me pide que le regalen nada. La gente se lo quiere ganar con su propio trabajo, vivir con dignidad.
Saber que lo tuyo es tuyo y nadie te lo puede quitar. Saber que somos iguales frente a la ley y saber que tendremos un gobierno y unas autoridades al servicio del ciudadano y no que se sirvan de él.
Es eso, el valor supremo de la dignidad humana, el que hoy nos une. El saber que nada, nada ni nadie puede impedir que esos derechos naturales podamos ejercerlos y que hoy, con lo que hemos hecho, con lo que ya hemos logrado, estamos encaminados a esa cita final que se acerca.
Hoy hemos querido venir hasta aquí porque Madrid es el corazón en Europa de los venezolanos que han tenido que partir. Esta ciudad no solamente los ha acogido, los ha integrado, los ha querido.
Hoy el mundo entero tiene sus ojos sobre esta Plaza del Sol porque sabe que aquí hoy estamos iniciando el regreso a casa.
De aquí salimos con tareas muy claras por delante: que no quede un venezolano que no esté organizado, que no quede un venezolano que no empiece a hacer sus planes, que no quede un venezolano que se calle la voz en esta hora donde hay que elevarla con más fuerza, con el orgullo de ser venezolano.
Y de que nuestro destino está en nuestras manos. Depende de nosotros el futuro de nuestra nación.
Y hoy quiero agradecer una vez más a esta gran nación, a sus autoridades, que nos han conferido extraordinarios honores que son de cada uno de ustedes aquí y en Venezuela.
Es un reconocimiento a un pueblo que nació para ser libre y que hoy le demuestra al mundo entero que no hay tiranía que pueda impedirlo.
Regresaré a Venezuela pronto y lo haré también con nuestro querido y admirado presidente Edmundo González Urrutia. Un hombre de bien que se ha ganado el respeto, la admiración y el amor de toda una nación.
Hoy más que nunca debemos confiar. Yo he puesto mi vida en sus manos porque yo confío en cada uno de ustedes. Yo sé lo que somos capaces de hacer y lo que haremos en los días por venir.
A levantar la voz por cada uno de los presos políticos, que recuerden y sepan que hay un mundo que los acompaña. A levantar la voz por el desmontaje de los centros de tortura y la estructura de represión y de crimen en Venezuela. A levantar la voz contra la mentira y la manipulación, que prevalezca la verdad y que el mundo sepa lo que realmente está pasando hoy en nuestro país.
A mostrarle al mundo cómo salen los trabajadores, los maestros, los sindicalistas, los estudiantes, los compañeros de los partidos, las madres y los padres a las calles de Venezuela enteras en esta hora.
A levantar la voz y a demostrarle al mundo que estamos listos para avanzar en una ruta que permita ejercer la soberanía popular a través del voto en Venezuela.
Y a levantar la voz y a hacer las maletas porque vamos de vuelta.
Dios bendiga a Venezuela, Dios bendiga a Madrid, Dios los bendiga a cada uno de ustedes. Gracias, gracias.
¡Viva Venezuela libre! ¡De la mano de Dios, hasta el final! Los quiero.
