Carlos Julio Rojas sabe cómo son estas cosas. Por eso, cuando los hombres armados llegaron en esa camioneta plateada, se preocupó por su esposa Francys, quien le acompañaba el lunes 15 de abril de 2024. Su temor era que se la llevaran a ella también.
Rojas, periodista y activista por los derechos humanos, ya había pasado por esto. El 8 de julio de 2017, la Guardia Nacional lo detuvo en San Bernardino y estuvo cerca de 60 horas en condición de desaparecido. Lo presentaron ante un tribunal militar que le acusó hasta de “rebelión militar” siendo él un civil y terminó preso en Ramo Verde. Esa no fue la primera, ni la última.
Le esperaba, además, esta experiencia que cuenta en el documental “Manual para volver”, producido por La Gran Aldea.
Carlos Julio Rojas es un personaje molesto para el gobierno dentro de un espacio en el que no toleran los desafíos: el centro de Caracas. Allí denuncia problemas con los servicios públicos, participa en protestas, documenta violaciones a derechos y en 2024 decidió hacer algo más.
“Portar un carnet de periodista, informar, no me convierte en terrorista. Yo lo único que he hecho es ser la voz de los que no tienen voz. Y quizás, desafiar al autoritarismo. Soy independiente”, cuenta en el documental: “Sí, decidí apoyar a la causa democrática. Decidí apoyar a María Corina Machado. Yo pertenecía al comando nacional como independiente, como un referente ciudadano, no con militancia partidista”.
El 15 de abril de 2024, los agentes de la Dirección General de Inteligencia Militar lo metieron a la fuerza en esa camioneta plateada, le dieron unos golpes, le partieron los lentes y lo llevaron a El Helicoide. Allí, en las oficinas de “investigaciones” tuvo un careo con el tristemente célebre coronel Granko Arteaga. Carlos Julio exigió contactar a su abogado y la presencia de un funcionario de la Defensoría del Pueblo.
La respuesta -según explica en “Manual para volver”- seguramente le dio una idea de la magnitud del problema que habían diseñado para sacarlo de la calle. “Tú eres un asesino, tú querías matar a Nicolás Maduro”.
Tras las palabras de Granko, a Carlos Julio lo mantuvieron esposado durante 10 días. A pocas horas de su detención, el entonces fiscal general Tarek William Saab confirmó el hecho por “instigador y operador logístico” de un supuesto intento de magnicidio ocurrido el 25 de marzo de 2024.
Al día siguiente -16 de abril-, Tarek William Saab dio declaraciones y mostró una foto de Carlos Julio Rojas flanqueado por agentes de uniforme negro, asegurando que existía una orden de captura “acordada por el tribunal segundo de control con competencia en terrorismo, por los delitos de asociación, terrorismo, conspiración, instigación a delinquir y magnicidio en grado de tentativa”.
Un premio y una lección
Mientras estuvo encerrado injustamente en El Helicoide, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares a favor de Carlos Julio el 22 de enero de 2025. En mayo de ese mismo año, le fue concedido el premio “Graciela Fernández Meijide”, un reconocimiento del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) a cuatro presos políticos en América Latina.
Junto a Rojas, lo recibieron también Nancy Henríquez, de Nicaragua; y Lizandra Góngora y Alexander Fábregas, de Cuba.
“Carlos Julio Rojas (Venezuela), periodista que ha asumido un rol más allá de informar; también el de promover acciones de cambio social y político”, dijo entonces el veredicto del premio: “A través de su oficio ha buscado concientizar sobre la crisis económica y social que afecta severamente a los ciudadanos de Venezuela, los abusos e ineficacia del poder gubernamental y dar voz a quienes no la tienen en beneficio de su comunidad y el país. Carlos Julio Rojas forma parte del grupo de más de 800 presos políticos actualmente en Venezuela”.
Cuenta Rojas en Manual para volver, de sus mayores impresiones de El Helicoide está coincidir con mucha gente conocida. Pero el encuentro con un desconocido todavía hoy le perturba.
El 14 enero de 2026 fue excarcelado Carlos Julio, una fecha en la que el régimen decidió soltar a buena parte de los 24 periodistas encarcelados hasta entonces, entre ellos Ramón Centeno, Carlos Marcano, Víctor Ugas, Rafael García, Leandro Palmar, Roland Carreño, Nicmer Evans, Belises Cubillán y Nakary Ramos y Gianni González.
Antes de salir, pudo hablar no solo con sus amigos, sino también con la persona con la que evitó todo contacto una vez que supo su identidad: el hombre que mató a Bassil Da Costa, el estudiante que se convirtió en el primer asesinado por la represión del gobierno de Nicolás Maduro contra las protestas en 2014.
“Usted algún día se enterará que usted me dio una gran enseñanza”, le dijo Carlos Julio: “que las dictaduras son tan crueles y tan atroces que usan a los seres humanos como armas para cometer los peores crímenes y luego los desechan”.
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