En la aldea
10 septiembre 2026

Todas las veces que no quise estar

A partir de su vivencia personal tras ser víctima de una desaparición forzada y persecución en agosto de 2024, el activista Yendri Velásquez expone cómo la ideación suicida y el deterioro de la salud mental en Venezuela no son fallas individuales, sino una crisis estructural provocada por la represión, la emergencia humanitaria y la falta de garantías del Estado

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Yendri Velásquez | 10 septiembre 2026

Recuerdo que el 7 de agosto de 2024 vivimos, en colectivo, una de las olas represivas más feroces del país. Más de dos mil detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y asesinatos en protestas a manos de funcionarios del Estado. El ambiente era de terror absoluto. Un terror que te inmoviliza en aras de poder salvar la vida.

Días antes, yo mismo sufrí una desaparición forzada a manos de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim). Intentaba viajar a Ginebra para participar en un mecanismo de las Naciones Unidas sobre discriminación racial. Jamás me imaginé que terminaría encapuchado y esposado en el asiento trasero de una patrulla de la dictadura, escuchando una canción de terror de fondo.

Regresando a aquel 7 de agosto, cuando ya no me encontraba desaparecido, me resguardaba en una casa de seguridad en Venezuela. Durante el día, una camioneta blanca sin placas permaneció estacionada justo en frente de la casa. En paralelo, me enteré de que una persona de mi equipo estaba retenida en una sede del Saime. La detuvo la Dgcim, el mismo cuerpo represivo que me había secuestrado. A las pocas horas, y con el cuerpo en un estado de alerta indescriptible, me informaron que estaban allanando la vivienda de otro colega activista.

En ese instante pensé: “Yo no voy a poder sobrevivir a esto”,“no quiero pasar por esto”. Fue entonces cuando irrumpió la idea de acabar con mi vida. Quería evitar el sufrimiento de ser nuevamente detenido, torturado o desaparecido. No quería terminar convertido en un nombre más de esa lista donde las víctimas de la dictadura se van volviendo invisibles.

Es estructural, no individual

La ideación suicida no ocurre de forma aislada. Es el resultado de la acumulación de factores de estrés, desesperanza y deterioro psíquico. Según el estudio PsicoData de la UCAB, cerca del 47 % de la población venezolana presenta un nivel de desesperanza entre moderado y alto. Este es uno de los principales predictores clínicos del riesgo suicida.

Este fenómeno se agrava en regiones como los Andes (Mérida, Táchira, Trujillo) y Zulia. Estos registran los índices de desesperanza más elevados (47,2 %), lo cual coincide con las zonas con mayor tasa de suicidios del país, según los registros del Observatorio Venezolano de Violencia.

Asimismo, entre el 37 % y 54 % de las personas reporta experimentar un “miedo difuso” o temor al entorno social. Esto acompañado por un 89 % de desconfianza interpersonal generalizada, registran los hallazgos de PsicoData. Este clima rompe los lazos comunitarios y dificulta que las personas en riesgo busquen ayuda o expresen su malestar emocional.

Esta realidad queda reflejada en las cifras del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), que documentó 6.493 suicidios entre 2022 y 2024. Se trata de un número impactante. Además representa un subregistro provocado por las limitadas capacidades de la sociedad civil y la inexistencia de datos oficiales del Estado. El OVV señala que los picos de conducta suicida están directamente relacionados con el desgaste socioeconómico —derivado de la emergencia humanitaria compleja—, la pérdida del poder adquisitivo y el duelo migratorio. Este último quiebra e invalida las redes de apoyo familiar y afectivo.

El impacto en los NNA

El impacto en niños, niñas y adolescentes (NNA) es igualmente crítico. Datos del Servicio de Atención Psicológica de Cecodap revelan que entre el 20 % y 21 % de los NNA atendidos por alteraciones de ánimo (como depresión o ansiedad) presentan ideación o riesgo suicida explícito.

Entre los principales detonantes se encuentran:

  • Los conflictos sociofamiliares vinculados a la crisis económica (50,7 %)
  • La violencia doméstica
  • El bullying
  • La separación de cuidadores por migración
  • La escasez de medicamentos psiquiátricos

La población LGBTIQ+

Por su parte, la población LGBTIQ+ enfrenta factores de riesgo agravados por la discriminación estructural. Según el informe «Para dejar de ser fantasmas», aproximadamente el 55 % de los hombres trans y hombres bisexuales encuestados registraron el inicio de pensamientos suicidas durante la adolescencia, mientras que en las mujeres trans esta cifra ascendió al 65 %.

El acoso escolar, la violencia intrafamiliar, el rechazo a la orientación sexual e identidad de género y la exposición constante a un entorno hostil y estigmatizante son las causas directas de esta vulnerabilidad.

Opacidad y vacío

Cuando se intenta buscar información sobre los servicios de psicología y psiquiatría de la salud pública, la respuesta estatal es la opacidad y el vacío. No hay datos accesibles ni campañas de prevención en los medios de comunicación controlados por la dictadura. Lo que encontramos, en cambio, es un contexto político, económico y social que profundiza diariamente el sufrimiento de la población. Un entorno que invalida los proyectos de vida y que a la juventud solo le ofrece sobrevivir sobre la base de la desesperanza.

La salud mental en Venezuela no puede entenderse únicamente como un conjunto de traumas o vivencias individuales. Se trata de un problema estructural que exige ser atendido de forma colectiva. Solventar la crisis política y recuperar la democracia tiene un valor existencial para quienes, en más de una ocasión, no quisimos estar más. Sea por el terror a la persecución, el hambre, el dinero que no alcanza o por ver cómo años de trabajo se traducen en pensiones que ni siquiera cubren las medicinas básicas. Todo consecuencia de un proyecto político de control y violación de derechos humanos.

Aunque nuestras historias de vida pueden estar marcadas por el dolor que genera vivir bajo un sistema autoritario, la sociedad venezolana ha dado grandes demostraciones de solidaridad y acompañamiento. Son historias de resistencia ante el dolor, pero que necesitan soluciones, necesitan esperanza y necesitan instituciones presentes que garanticen la dignidad humana.

Hablar de salud mental en Venezuela pasa por denunciar las políticas de violaciones de DD. HH. y por alzar la voz por una cantidad de víctimas de la dictadura a las que no podemos ponerles nombre, ni podemos cuantificar. Por eso, necesariamente, hablar de un proceso de transición tiene que pasar por generar medidas para solventar la crisis estructural y acompañar el dolor individual.

Gracias

Para cerrar, quiero agradecer a las personas que nos han salvado más de una vez. Incluso, sin darse cuenta: las que nos contestan el teléfono en momentos de desborde, las que nos hacen sentir que importamos. Gracias también a las organizaciones que hoy brindan apoyo psicológico y acompañamiento ante un Estado ausente para la protección, pero causante de los principales detonantes de la ideación suicida.

No fue solo el 7 de agosto de 2024. Han sido varias las veces que no quise estar, pero es la misma cantidad de veces que la comunidad me salvó.

Este 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Si necesitas conversar con especialistas, puedes comunicarte por las siguientes vías y acceder a atención gratuita:

  • AVESA (Atención a mujeres, niñas y adolescentes): +58 424-1662220
  • Observatorio Venezolano de Violencias LGBTIQ+: WhatsApp +58 424-2061493 / +58 412-5750503
  • CECODAP (Atención a niños, niñas y adolescentes): WhatsApp +58 414-2696823 / +58 424-2842359
  • Federación Venezolana de Psicólogos: WhatsApp +58 424-2041281

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