En la aldea
03 septiembre 2026

Continuación y permanencia

Diego Bautista Urbaneja plantea una distinción clave para el análisis político venezolano entre continuar y permanecer en el poder.

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Diego Bautista Urbaneja | 03 septiembre 2026

Forma parte del ABC del análisis político venezolano la afirmación de que mantenerse en el poder es el primer y, en realidad único objetivo, del grupo que está en el gobierno, y que para lograrlo están dispuestos a pagar el precio que sea.

De ahí todo el recetario de maniobras que conocemos muy bien y que se resumen en el famoso “ganar tiempo”.

Pero pongamos la lupa en eso de mantenerse en el poder, pues es a propósito de ello que planteamos la distinción que nos ocupa en este artículo. La distinción es entre continuación  y permanencia, entre continuar en el poder y permanecer en el poder.

No es lo mismo, me parece, continuar que permanecer. La idea de continuación apunta al día tras día, a una sucesión de fechas que puede interrumpirse en cualquier momento, pues no tiene una real base de sustento que soporte esa continuidad.

La base de sustento está fuera de control de quien continúa. Consiste en el apoyo de un gobierno extranjero.  En el caso que nos ocupa, y caricaturizado un poco, la continuación es la experiencia de levantarse una mañana tras otra y encontrar que se sigue siendo el inquilino de Miraflores ¡un día más!

Permanecer

La permanencia por su parte connota la posesión estable de una situación. El que permanece no continúa, no tiene que estar contando los días.  “Por supuesto –dirá quien permanece-,  que me voy a levantar mañana en Miraflores, pues mi situación no es de continuación, sino de permanencia”.

Lo que el gobierno norteamericano  puede y está dispuesto a ofrecer a las autoridades interinas es continuación, no permanencia. Un día tras otro, y ya veremos cuando para la cuenta. Las autoridades interinas pueden seguir contando los días que se suceden uno tras otro, pueden continuar. Lo que no pueden es permanecer.

De ahí el incesante e incansable esfuerzo de la administración interina por complacer al gobierno del norte. Es la única manera de que la continuación continúe. Pero no hay manera de que esa tenaz labor logre transformar, como en una alquimia imposible,  la continuación en permanencia. 

Puestas en esta perspectiva, las conversaciones que se están llevando a cabo en la mesa de negociaciones tienen como objeto fijar los plazos de la continuación, ponerle coto al rosario de las jornadas que se suceden. La ansiosa cuenta de los días  no ha de ser indefinida.

Si queremos jugar con las palabras, podríamos decir que, si las negociaciones tienen un final feliz, las autoridades interinas, si quieren, podrán considerar que  su  continuación en el poder  se ha transformado en una permanencia con fecha de caducidad.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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