
Rafael Uzcátegui: Quienes hoy mandan hoy no son víctimas, ni rehenes; solo están intentando adaptar las circunstancias a su favor
El chavismo de base o popular falleció en Venezuela el 29 de julio de 2024, cuando nueve estatuas de Hugo Chávez fueron derrumbadas en territorios históricamente oficialistas, sostiene a La Gran Aldea el conocido defensor de derechos humanos y director de Laboratorio de Paz.
Para el sociólogo Rafael Uzcátegui, una transición real en Venezuela no está garantizada si el liderazgo político y los representantes opositores de la mesa de diálogo no son lo suficientemente pedagógicos y hábiles para adelantarse a los movimientos que intentará ejecutar el chavismo para permanecer en el poder.
Uzcátegui explica que el «escepticismo» de una parte de los venezolanos con el proceso de negociación está «más que justificado», debido a que aún está fresco lo sucedido con el Acuerdo de Barbados, «cuando Washington le dio todos los incentivos y garantías al oficialismo para que cumpliera lo suscrito y no lo hizo».
Asimismo, señala que dentro del chavismo existe un descontento importante por la «desconfianza» y las «contradicciones» que generan las acciones y el discurso de quienes están hoy al mando: «Desde la cúpula están empleando mecanismos muy eficientes de seguimiento, intimidación y amenaza contra algunos sectores internos para que no difundan su malestar».
—En su último artículo en La Gran Aldea, usted hace referencia a Nelson Mandela y dice que «la política democrática no se hace desde un lugar de pureza moral, sino desde circunstancias concretas y opciones generalmente imperfectas». ¿A quién va dirigido ese mensaje?
A mí me parece que las personas son muy crueles al cuestionar ese mapa de relaciones internacionales que ha construido María Corina Machado. Por eso traigo a colación a Mandela, puesto que él se tuvo que vincular a gobiernos que eran y siguen siendo polémicos. El más notorio fue la Cuba de Fidel Castro, con la que incluso mantuvo alianza luego de hacerse presidente.
Se ha vuelto muy común escuchar cuestionamientos a María Corina por su vinculación a sectores políticos determinados en España, Israel o en América Latina, pero es que esas son las alianzas imperfectas que se han podido cimentar; y eso incluye a Estados Unidos, que es el aliado más importante que hemos podido sumar en esta lucha por la democracia.
—A la luz de lo que ha pasado en el país luego del 3 de enero, ¿considera que Washington tiene como prioridad recuperar la democracia en Venezuela?
La verdad es que no supimos leer a tiempo las señales sobre el cabildeo internacional que había en marcha para posicionar a Delcy Rodríguez como una figura de confianza para las autoridades norteamericanas. Con el agravante de que ese no fue un lobby hecho solo por el oficialismo, porque desde 2017 hubo un sector de la sociedad civil y el empresariado que llegaron a la curiosa conclusión de que el chavismo se había convertido en un proyecto autoritario como respuesta, o reacción defensiva, frente a la radicalidad o el extremismo de la oposición…
Desde ese momento mucha gente ha buscado hacer incidencia en Washington y en la comunidad internacional para convencerlos de que cualquier cosa era preferible a lo que supuestamente representaba María Corina Machado. A partir de eso se configuró esta apuesta para estabilizar a Venezuela a través de la figura de Delcy Rodríguez, que nosotros calificamos como una usurpación.
—¿Qué movimientos considera que pueden venir por parte de los Rodríguez para alargar su permanencia en el poder?
El primero y más importante es que van a intentar sobrevivir a los cambios políticos que puedan venir a lo interno de Estados Unidos. Recordemos que en noviembre hay elecciones legislativas y en 2028 son las presidenciales. Por eso, esa estrategia de la transición a fuego lento, los venezolanos debemos ver cómo la aceleramos para que no nos perjudique.
—¿Qué tan amplio es el margen de maniobra que tienen los hermanos Rodríguez hoy para manipular tiempos y retrasar procesos?
Es característico de la cultura anglosajona confiar mucho en la palabra empeñada y la administración Trump ha decidido creer en la versión que les están dando los Rodríguez, razón por la cual validan todas las cifras y datos que salen de las autoridades venezolanas. Por eso hay que seguir presionando y haciendo lo posible para que los diferentes sectores que integran la política norteamericana entiendan que el incumplimiento de compromisos por parte del oficialismo y los Rodríguez tiene un largo historial.
Pero será interesante ver cómo un proyecto político antiimperialista y contrario a la economía de mercado hace esa reingeniería interna para mantenerse en el poder. Los que hoy mandan no son víctimas ni son rehenes; solo están intentando adaptar las circunstancias a su favor.
—¿Hay ruido dentro del chavismo por las contradicciones ideológicas y de discurso de quienes están hoy en la cúpula?
Por cómo se dieron las cosas el 3 de enero, todo apunta a que hubo una negociación previa para entregar a Nicolás Maduro y eso ha generado muchas preguntas internas. Por ejemplo, en estos días conocí a un familiar de uno de los guardias cubanos que falleció en la operación militar que se llevó a los Maduro-Flores, y esta persona cuestionaba que le hubiesen entregado los restos de su pariente cremados, sin que nadie diera la autorización para eso. Ellos sospechan que algo pasó, que no quisieron entregar ninguno de los cuerpos de los oficiales que cayeron ese día.
Además de la traición, es evidente que los cambios tan radicales que hemos visto en el discurso y la nueva relación con Estados Unidos han generado malestares internos.
—Cada vez hay más voceros inconformes y críticas más fuertes del llamado chavismo originario.
Pero esto es un proceso de no retorno y ya algunos voceros han levantado la voz de manera abierta. Ojalá esa inconformidad se siga desarrollando y teniendo expresiones públicas que debiliten a quienes están en la cúpula. Las molestias y contradicciones se intensificaron con la entrega de Alex Saab y desde ese momento están empleando mecanismos muy eficientes de seguimiento, coerción, intimidación y amenaza contra algunos de esos sectores internos del oficialismo para que no difundan su malestar.
Nosotros, desde Laboratorio de Paz, creemos que anunciar una fecha electoral es una decisión que puede acelerar toda la dinámica sociopolítica en el país. Esa decisión debería salir del proceso de negociación, porque una fecha, independientemente de si es en un año o dieciocho meses, hará que todos los actores políticos se reposicionen en función de ella, incluyendo al chavismo.
—¿Cómo sería ese reposicionamiento del chavismo?
Ante una inminente pérdida del poder, las pugnas internas se agudizarán. Como no hay manera de que el chavismo pueda ganar unas elecciones, es posible que algunos de sus cuadros empiecen a tender puentes con sectores de la oposición para sobrevivir políticamente.
—¿Hay miedo en las bases del chavismo?
Para mí, el chavismo de base o popular falleció en Venezuela el 29 de julio de 2024, cuando nueve estatuas de Hugo Chávez fueron derrumbadas en territorios históricamente oficialistas. Fue la gente que votó por el proyecto bolivariano durante años la que las tumbó, porque estuvieron en los centros electorales, fueron testigos de excepción del fraude que perpetró Maduro y quienes hoy siguen en el poder.
Lo que queda es una especie de chavismo burocrático ligado a las distintas instancias partidistas o a las instituciones del Estado. Esto no significa que no sean una cifra importante: en términos electorales representan alrededor de dos millones de votos. En este sector hay mucho temor, porque tienen muy presente la entrega de Alex Saab y no saben quién de ellos puede ser el siguiente sacrificado en la reingeniería electoral del oficialismo.
—¿La fecha electoral a la que se refirió antes es una presidencial o cualquier elección?
Presidencial. Hacer elecciones municipales o regionales forma parte de la estrategia del chavismo para recomponerse, desplazar el liderazgo de María Corina Machado y dar tiempo para que las mejoras económicas los beneficien.
—¿En el estilo de transición que se prevé para Venezuela se puede esperar que haya justicia y reparación para las víctimas de violaciones a los derechos humanos?
Para eso es importante que se mantenga abierta la investigación en la Corte Penal Internacional (CPI), porque es el límite a la impunidad que pudiera ser negociada por razones políticas dentro de Venezuela en los próximos meses. Entonces, si un acuerdo partidista da impunidad a un violador de derechos humanos, esa persona igual tendrá que asumir sus responsabilidades frente a la jurisdicción universal.
En todos los procesos de transición a la democracia en América Latina la impunidad ha estado sobre la mesa de negociación y es la sociedad movilizada la que ha permitido que sean mayores o menores los niveles de impunidad negociada. Por eso es importante que las organizaciones civiles alimenten su propia agenda democrática y de justicia.
—¿Cómo evalúa el manejo que ha hecho María Corina Machado del tema de su regreso?
Debido al doblete sísmico, el tablero se movió y ahora hay que incluir nuevos elementos, como la reconstrucción material de las zonas y sectores afectados. Antes del 24 de junio el principal debate era la representatividad y la legitimidad; pero ahora hay que incorporarle un plan para reconstruir lo que se ha dañado. Previo a la tragedia, el regreso de María Corina Machado era un fenómeno político en sí mismo y ahora eso no sería así si no viene acompañado de propuestas para la reconstrucción.
Los primeros días posteriores a los terremotos la gente necesitaba un símbolo de protección, pero ya ese momento pasó y la gente ahorita quiere respuestas y soluciones para reconstruir su vivienda, garantizar la educación de su familia o ver cómo va a recuperar sus fuentes de trabajo e ingresos.
—¿Ella está en condiciones de garantizar esas soluciones en este momento?
No, no lo está. Por eso, yo no le sugiero regresar en el corto plazo si no tiene un proyecto que ofrecer a las personas afectadas. Igualmente, me parece muy prudente que se haya mantenido al margen de la mesa de diálogo, a la espera de los resultados.
Ella va a seguir siendo una figura importante, porque no hay ningún actor político o económico que pueda competir con su liderazgo, según indican todas las encuestas.