En la aldea
23 julio 2026

El nostos venezolano: el regreso al hogar y a la vida civilizada

La travesía de Ulises de regreso a Ítaca se convierte en el espejo perfecto para entender el dolor, el exilio y la larga lucha de los venezolanos tras casi treinta años de extravío. A través de los mitos de Polifemo, las sirenas y los lotófagos, este ensayo conecta la literatura clásica con nuestra realidad política actual para recordarnos que el verdadero viaje es la recuperación de la conciencia y de nuestra alma colectiva.

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Los mitos no son invenciones, sino una clase especial de «acontecimientos»,
reconocidos por videntes y poetas,
que pueden ser cultivados para el mayor bienestar de todos

Joseph Campbell

I

Cristopher Nolan acaba de estrenar su último largometraje, La Odisea, después de alrededor de veinte años incubando ese proyecto, los mismos que tardó el héroe aqueo en regresar a Ítaca, su reino. Su anterior trabajo fílmico, Oppenheimer (2023), recibió siete premios Óscar, entre ellos mejor director, mejor película y mejor actor. En esta oportunidad, su interpretación de este clásico griego estuvo precedida por una gran polémica —especialmente, aunque no solo, por el elenco escogido— y ha continuado después del estreno con críticas a las libertades creativas que se tomó respecto al texto homérico.

Nolan basó el guion de La Odisea en el texto original del poema épico y en la traducción más moderna de la filóloga Emily Wilson, publicada en 2017. Para filmarla recurrió enteramente a la tecnología IMAX, esta vez con una carcaza insonorizada para mitigar el ruido que producen esas enormes cámaras. Tecnología y lenguaje del siglo XXI para presentar al mundo su decimotercer largometraje sobre una de las más altas obras de la literatura universal, escrita en el siglo VIII a. C., acerca de un viaje mítico del siglo XIII a. C.

La superproducción, que recaudó 264,1 millones de dólares durante el fin de semana de su estreno, tiene el mérito de instalar el poema épico clásico, sobre la vida civil, la familia y el amor a la tierra, en el centro de la discusión en una época de guerras y asedios, de usurpadores y soberbios. La versión del realizador británico plantea una reflexión antibélica, y Matt Damon encarna a un Odiseo que parece estar expiando el horror que él y sus compañeros causaron. Eso sí, sin la gracia, el sentido del humor y la versatilidad del personaje mítico.

II

El poema cuenta, en 24 cantos, el regreso de Odiseo —el que causa ira y dolor— a su patria después de la Guerra de Troya, en la cual los aqueos han salido victoriosos luego de una década de asedio. Varios factores fueron clave en el triunfo de los griegos: la intervención de los dioses, principalmente Atenea y Hera; la superioridad de sus guerreros; y la astucia militar, en la cual Ulises —como lo llamaron los romanos— sobresale. Es de su autoría, inspirado por Atenea, el engaño más famoso de la literatura y la estratagema suprema en el arte de la guerra: el caballo de Troya.

Tres de los principales atributos de este héroe son, entonces, la astucia, la inteligencia y la elocuencia. Metis es la palabra usada por los griegos para referirse a esta inteligencia particular. Pero es, sobre todo, uno de sus muchos epítetos lo que mejor lo define: polýtropos, el de muchos giros, el de muchas vueltas. Y muchos giros y vueltas ha experimentado la valoración de su figura a lo largo de los siglos. Ha sido admirado por astuto y leal, y despreciado por cruel y engañoso.

Aquí queremos centrarnos en la experiencia que marca su regreso: la profunda añoranza por Ítaca.

En el Canto V, Homero lo describe consumido por la tristeza mientras permanece prisionero en la isla de Calipso:

…lo encuentra sentado en el acantilado. No conseguía secarse los ojos, consumiendo la vida en suspirar por el regreso.

Ese viaje en particular recibe el nombre de nostos, el regreso al oikos: la casa, el hogar, la familia, la tierra, el patrimonio y la unidad que todo ello representa como orden social. De nostos proviene nostalgia, el dolor —álgos, de donde deriva algia— por la imposibilidad de regresar.

Y será ese nostos la metáfora que emplearemos para referirnos al padecimiento que el exilio y el insilio han ocasionado en el alma de los venezolanos. Ulises regresa a Ítaca, isla de la cual es rey, para restablecer el orden. Nosotros ya andamos en esa travesía y, tal como le ocurre al héroe griego, en el viaje nos hemos encontrado con innumerables criaturas monstruosas o seductoras, que parecen reproducirse y provenir tanto de las cercanías como de distantes latitudes. Pero el dolor y el amor nos guían; también la rabia y la inteligencia, cuando es lo que corresponde.

III

A pesar del rotundo triunfo griego sobre los troyanos, sus protagonistas han sucumbido a la hybris, a la desmesura y a la soberbia, y ha ocurrido una devastación.

En el Canto I, Zeus dice:

«¡Ay, ay, cómo culpan los mortales a los dioses!
Pues de nosotros, dicen, proceden los males.
Pero también ellos, por su estupidez,
soportan dolores más allá de lo que les corresponde».

Ulises, después de una década luchando, está cansado y herido; extraña a Penélope y a Telémaco, el hijo que dejó recién nacido. Volverá, pero su travesía, que es un viaje físico, aunque también de transformación, le llevará diez años, y enfrentará, como sabemos, todo tipo de criaturas y descalabros.

La sociedad venezolana, después de casi treinta años de lucha contra lestrigones —devoradores de hombres—, también está agotada y herida. Y, a pesar de los diversos engendros, como pactos y tutelajes, que siguen surgiendo en el camino, necesita avanzar hacia su sanación.

¿Qué es preciso sanar en nuestro viaje de recuperación de lo arrebatado? La ingenuidad que condujo a entregar nuestros destinos a un puñado de saqueadores. El olvido de lo que somos, a fuerza de ingerir durante demasiado tiempo lotos que llenaban barrigas y vaciaban almas.

Dicho de otra manera, la verdadera sanación es la que ocurre en la conciencia. De adolescente, arrogante o evasiva, debe dar paso a una conciencia adulta, atenta a los peligros y amenazas que acechan, y a la necesidad de recuperar y mantener la vida dentro de los límites de lo civilizado.

Cómo lleguemos finalmente a nuestra Ítaca, en quién nos convirtamos en el camino, es tan importante como arribar. La razón es que la madurez y la sabiduría que adquiramos en la travesía serán el tesoro que portaremos al regreso: nuestra alma recuperada. El joven Odiseo que parte a la aventura de la guerra no es el hombre maduro que regresa a reclamar el hogar usurpado.

IV

Algunos de los episodios más célebres del viaje de Odiseo son expresión directa de su inteligencia superior, pero también de su condición humana, propensa a diversos errores que desvían y demoran su regreso. Mencionemos algunos especialmente aleccionadores, que pueden servir de brújula para nuestro actual tránsito por aguas tumultuosas.

Encuentro con Polifemo

Cuando Odiseo se encuentra con el cíclope, gigante de un solo ojo, comprende que la fuerza de aquel ser solo puede enfrentarse mediante el ingenio. Es lo que hace. Lo emborracha con vino y hiere su único ojo con la punta afilada de un madero de olivo.

Cuando Polifemo le pregunta quién es, responde: «Mi nombre es Nadie; y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compañeros todos». Así, cuando otros cíclopes acuden en su ayuda, creen que está loco al escucharlo gritar que «Nadie» lo hirió.

Sin embargo, ya fuera de la cueva del cíclope y a salvo en su barco, Ulises sucumbe a la arrogancia y no puede evitar vanagloriarse, gritar su nombre y revelar su linaje. Polifemo, entonces, clama a su padre por venganza:

«Escúchame, gran Poseidón; si en verdad soy tu verdadero hijo, concede que Odiseo nunca llegue vivo a su hogar; o, si debe regresar con sus amigos, que lo haga tarde y en apuros, después de haber perdido a todos sus hombres…».

Lleno de furia, el dios de los mares convertirá el nostos de Ulises en un largo suplicio. La hybris fue el error que marcaría el destino de su viaje.

En Venezuela hemos padecido las enormes consecuencias de la soberbia del chavismo, pero también de algunos representantes de la oposición. Solo un par de ejemplos desde el oficialismo: mantener modelos fallidos a pesar del colapso de la economía; destruir la institucionalidad en un afán de alcanzar el control absoluto del Estado. Desde la oposición: el triunfalismo, la subestimación del adversario y, agreguemos, el individualismo, la vanidad y la traición de algunos líderes que sucumbieron a diversas tentaciones —una de las primeras, no remar en el mismo barco ni en la misma dirección—. El proceso de recuperación de la democracia en el país debe muchos de sus desvaríos y retrocesos trágicos a estas estirpes.

El canto de las sirenas

En el encuentro con las sirenas, Ulises no se resiste a escuchar ese canto seductor e irresistible, que ofrecía el conocimiento infinito del pasado y del futuro, pero causaba la muerte. Pide a sus hombres que lo aten al mástil y que, por ninguna razón, lo desaten. A ellos les ordena taparse los oídos con cera. Ulises da rienda suelta a su curiosidad, pero toma precauciones. El acto de atarse voluntariamente lo salva.

Pacto de Ulises se llama a las limitaciones voluntarias que un individuo o una sociedad adoptan para protegerse de situaciones futuras: amarrarse al mástil, imponerse límites.

La Constitución de un país es un pacto que establece las leyes fundamentales para regular la vida en sociedad y evitar el abuso de poder. Resulta evidente cómo la ambición desmedida ha sembrado nuestro país de cadáveres políticos. Asimismo, resulta dolorosamente claro que gran parte de nuestra sociedad nadó frenética hacia las rocas desde donde provenían los cantos de sirenas rojas y donde, por la misma razón, terminaría estrellándose. En el presente siguen llegando cantos hipnóticos desde diferentes lugares y en diferentes idiomas. Atémonos al mástil.

La isla del olvido

En otra trampa del destino, Odiseo y sus hombres llegan a la isla de los lotófagos, seres pacíficos que se alimentan de la flor del loto. Tres de los marinos comen de esa planta mágica que produce el olvido. Entran en un dichoso estado de evasión de la realidad y pierden voluntad y propósito: ya no saben quiénes son. Se resisten a volver y deben ser forzados y encerrados en las naves.

Nuestro viaje, hay que reiterarlo, es por la recuperación de nuestra alma colectiva, y no otra cosa. Tras casi treinta años de adoctrinamiento, la ideología se usó como narcótico que ofrecía la ilusión de vivir en un país próspero, gobernado por políticos que genuinamente se interesaban por el pueblo.

Citemos algunos ejemplos que promueven el olvido desde las esferas del poder. Culpar al bloqueo y a las sanciones de la debacle económica para distraer la mirada de la corrupción y la pésima gestión de la administración pública. Utilizar los bonos, los alimentos subsidiados y los servicios públicos casi gratuitos (aunque funcionen precariamente) para evitar que la atención se centre en la destrucción del salario real, y mantener, a través de la hegemonía comunicacional, la narrativa de la pobreza como un acto heroico de resistencia frente a la guerra económica. Todo esto, por supuesto, antes del advenimiento de una nueva narrativa acorde con la etapa del vasallaje.

El paso entre Caribdis y Escila

Al salir de la isla de Circe, Ulises debe atravesar, junto a sus hombres, el paso entre Caribdis, criatura marina que tragaba y expulsaba enormes cantidades de agua, y Escila, un monstruo de seis cabezas que, desde su cueva en un acantilado, atrapaba y devoraba a quienes pasaban en sus barcos. La hechicera le había aconsejado acercarse a Escila —lo cual suponía sacrificar a seis de sus marinos— y evitar el vórtice que se tragaría toda la nave. Es lo que hace el héroe. Ambos peligros eran mortales, pero uno de los dos no era total.

La oposición venezolana, en la compleja situación política actual, parece haber sido empujada a un paso entre dos enormes amenazas. El apoyo estadounidense sigue siendo clave para el avance hacia la democracia, pero vamos viendo los costos excesivos, incluso en términos de soberanía. El oficialismo, aunque mermado en su poder y autonomía casi absolutos previos, sigue buscando su permanencia bajo el nuevo esquema de funcionamiento. La alternativa democrática, escogida por abrumadora mayoría por los venezolanos en las elecciones de 2024, luce como un actor secundario a estas alturas de la trama. O, peor aún, ¿el rumbo de esta nave ya está siendo forzado hacia Escila (el «mal menor»), donde será sacrificada una parte de la oposición?

El verdadero desafío de los demócratas venezolanos es evitar quedar anulados por la tutela estadounidense o absorbidos por el gatopardismo chavista, su versión del pragmatismo del norte.

V

A lo largo de nuestra historia hemos tenido períodos de arrogancia, períodos de heroicidad y épica militarista, y también períodos de olvido o apaciguamiento, así como otros, qué duda cabe, de creación y sostenimiento de la república.

En la profunda nostalgia que estamos sintiendo los venezolanos de esta generación, ese anhelo hondo de regresar al hogar —real y simbólico— nos está mostrando cuál sigue siendo nuestra tarea en el presente, y es enorme. Parte de esa tarea es apropiarnos de la narración de lo vivido, reconstruir la memoria de estas décadas de extravío y recuperar nuestra identidad ciudadana, aplastada bajo nociones como Revolución Bolivariana, Antiimperialismo, Socialismo del Siglo XXI y Reivindicación del Pueblo, entre muchas otras oquedades.

Es el recurso magistral que usa Homero en los cantos IX al XII, donde convierte a Odiseo en el narrador en primera persona de su propia travesía y, al hacerlo, le permite hacer catarsis, darle sentido a su sufrimiento, organizar el caos de sus últimos años, recuperar su identidad y retomar su propósito. Solo después de hacerlo está preparado para el último tramo del viaje, el que lo lleva a su patria.

Hagamos una reflexión final, apoyados en las palabras de Néstor, rey de Pilos, consejero sabio y respetado, quien en La Ilíada dijo:

«Sin familia, sin ley y sin hogar se quede aquel que ama el intestino combate, que hiela los corazones».

Promover el odio interno y la división ya era considerado, en el siglo VII a. C., el peor de los crímenes.

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