En la aldea
18 mayo 2026

Carmen Teresa Navas: por usted y por su hijo, justicia

Una madre pasó meses recorriendo cárceles, tribunales y organismos del Estado buscando a su hijo desaparecido. Mientras lo hacía, el poder ya sabía que estaba muerto. Diez días después de enterarse de la verdad, Carmen Teresa Navas murió.

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Walter Molina Galdi | 18 mayo 2026

Hay muertes que también son asesinatos políticos, aunque no ocurran dentro de una celda ni queden registradas en un acta policial. La muerte de Carmen Teresa Navas pertenece a esa categoría terrible. Una madre destruida lentamente por la crueldad sistemática de un aparato de poder que le ocultó durante meses el destino de su hijo, que la obligó a buscarlo desesperadamente mientras ya estaba muerto, que la hizo suplicar por una fe de vida mientras funcionarios, jueces, militares y burócratas sostenían una mentira monstruosa.

Carmen Teresa Navas murió apenas diez días después de enterarse de que Víctor Hugo Quero Navas había muerto bajo custodia del chavismo. De su lento asesinato. Diez días. Como si el cuerpo simplemente ya no hubiera podido soportar el peso del horror. Como si la verdad, después de tantos meses de incertidumbre, hubiera terminado de quebrarla.

Navas recorrió 21 centros de detención, presentó escritos, compareció una y otra vez ante organismos del Estado y exigió durante meses una fe de vida de su hijo. Mientras hacía todo eso, Víctor Hugo Quero Navas ya estaba muerto. El aparato de la tiranía chavista lo sabía. Y aun así la dejaron seguir buscando. La obligaron a peregrinar entre tribunales, cárceles y oficinas burocráticas dentro de una mentira monstruosa diseñada para triturarla emocionalmente. Y la mitad de ese tiempo ocurrió bajo el mandato de la tirana interina y de su hermano. Delcy y Jorge Rodríguez también son parte de esta atrocidad.

Y esto dice muchísimo sobre Venezuela. La Venezuela oprimida por el chavismo.

Porque esta barbarie no solo encarcela, tortura o desaparece; también destruye emocionalmente a las familias. Administra el dolor. Lo prolonga. Lo convierte en mecanismo de dominación social. Busca que la sociedad entera aprenda a convivir con el miedo, con la impotencia y con la idea de que el ciudadano no vale nada frente al poder.

Lo ocurrido con esta familia retrata el nivel de descomposición moral de la estructura criminal que hoy ocupa, de facto, el poder en Venezuela. No estamos hablando de “errores”, “excesos” ni “irregularidades”. Estamos hablando de un sistema que le ocultó a una madre la muerte de su hijo durante meses mientras ella seguía buscándolo con vida. Eso tiene nombre. Y algún día deberá tener consecuencias.

Por eso es tan importante no normalizarlo. Porque el verdadero triunfo del terror ocurre cuando la sociedad empieza a aceptar estas historias como parte de la rutina. Cuando el horror deja de conmover. Cuando la muerte de una madre rota por el dolor se convierte apenas en otra noticia más. No puede pasar eso.

Víctor Hugo Quero Navas merecía vivir. Carmen Teresa Navas merecía abrazar nuevamente a su hijo, no enterarse tardíamente de su muerte después de meses de angustia insoportable. Venezuela merece dejar atrás esta barbarie.

Y algún día habrá justicia. No solo judicial. También histórica, moral y política. Porque los responsables de destruir familias enteras no podrán esconderse eternamente detrás de uniformes, tribunales cómplices o propaganda.

Descanse en paz, señora Carmen Teresa Navas. Venezuela le debe memoria. Y le debe justicia.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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