Más allá de buscar acumular capital político de forma tradicional para quienes quieren desplazar del poder al actual gobierno, es buscar las formas de generar un quiebre emocional-psicológico entre quienes aún apoyan al Gobierno al tomar en cuenta los mecanismos de chantaje en materia de servicios públicos a que están sometidos actualmente.
Para una persona que haya tenido acceso al estudio nacional realizado por More Consulting entre el 19 y 24 de agosto de 2019 en el que el 97,7% de los encuestados afirma que en Venezuela existe una crisis económica y política; el 83,7% considera que la situación económica de los miembros de su hogar, es mucho peor, peor o igual de mala que en diciembre de 2018; 4 de cada 10 encuestados reconoce que en promedio en el último mes en su hogar se comió 2 o 1 sola vez al día, y el 30% afirma haber perdido 5 o más kilos en los últimos 6 meses. Las mismas cifras que indican que el 63,9% de los venezolanos culpa de estos problemas directamente al presidente Nicolás Maduro o a su equipo de gobierno. Hubiese pensado que hubo un error al ver la pregunta asociada a hipotéticos escenarios electorales para comienzos o mediados de 2020, en el que Maduro obtiene el 26,4% de intención de voto entre el total de encuestados.
Esta aparente discordancia de querer ratificar un gobierno cuya gestión se califica de negativa por la mayor parte de los venezolanos, tiene claras explicaciones tanto a nivel político como social para comprenderlas.
La lógica política más elemental explica que, fuese una democracia o una dictadura clásica, las personas que no se sienten satisfechas en sus demandas con respecto al Gobierno, no estarían dispuestas a respaldarlo ni emocionalmente, ni mucho menos en un proceso de elecciones de legitimación. Es muy racional que incluso si no hay una alternativa visible y mejor para reemplazar al gobierno, el ciudadano de un país no está dispuesto a apoyar una continuación de una determinada administración política en el poder. En el Totalitarismo o al menos en los intentos de ciertos gobiernos de ser totalitarios, las cosas son distintas.
Una de ellas es que no les importa empobrecer y ganarse la desaprobación generalizada de sus gobernados, porque en el proceso de deteriorar la calidad de vida de ellos, al mismo tiempo implementan estrategias que les permiten tejer poderosas redes de dependencia de la población con el Estado que ellos mismos rechazan. Logrando que ese sentimiento de desaprobación no se canalice en una acción política consistente y racional contra los gobernantes, llegando incluso a ganar la adhesión de aquellos a quienes deterioran su calidad de vida.
A nivel político, pareciera que en este momento un importante grupo de venezolanos que adversa al presidente Maduro, no se cree con la capacidad de lograr su salida del gobierno nacional. Al preguntar: “En el conflicto político entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó, ¿quién considera que terminará imponiéndose?”, Maduro obtiene el 37,0% de las menciones y Juan Guaidó el 42,8%.
A esta “incredulidad” sobre la posibilidad de hacer efectiva la salida de Maduro del poder, hay que sumar otras razones que explican que este gobierno mantenga niveles de apoyo imposibles de entender para muchos. Estas razones son de carácter socio-económicas, y no necesariamente porque la actual élite de poder sea un gobierno “para los pobres”. Como hemos podido evidenciar en investigaciones previas de More Consulting, en este estudio se confirma que, quienes son receptores y más dependientes de alimentos de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), son más propensos a votar por Maduro (70% de los que dependen casi de forma exclusiva de los CLAP para alimentarse, y 39,4% de los que tienen dependencia media de los CLAP votarían por él en una hipotética elección presidencial).
Cuanto más dependiente de los productos CLAP más fiel se es al Gobierno, no importa si se le culpa a su vez de la mala situación del país en otras preguntas de la encuesta. No es casual que ser oficialista y ser receptor de los CLAP esté inmensamente correlacionado: O la gente adopta la identidad política oficialista por recibir productos CLAP (hipótesis débil), o quienes son o fueron en el pasado electorado oficialista al ser receptores de los CLAP. Evitan migrar a indecisos u opositores, ante una situación sostenida de deterioro de la calidad de vida de los venezolanos para seguir recibiendo esta triste pero vital política pública.
Otro punto a resaltar, es que si bien todas las variables asociadas a identificar problemas o evaluación negativa en la gestión de los servicios públicos en el país están en el orden del 70%; la esperanza de acceder a ellos, especialmente los vitales para sobrevivir, pasa por un lado por no desaprobar el oficialismo como identidad política, no sólo de la boca para afuera sino dentro de la psique de cada sujeto. Un caso ejemplar: Alrededor de 80% de los hogares venezolanos usan bombonas de gas y no gas directo para cocinar en sus hogares, y 75,5% de estas personas argumentan que la distribución de estas bombonas (dependiente de la estatal PDVSA) se hace de una forma muy deficiente, aún así buena parte de quienes sufren el deterioro del servicio del gas afirman apoyar al oficialismo.
Pareciera entonces que, para parte importante de ese grupo, manifestar el estar en desacuerdo con el actual gobierno puede traducirse en quedarse no sólo sin productos alimenticios CLAP en un ambiente de hiperinflación, sino también sin servicio de gas para cocinarlos, lo cual hace peligroso ser disidente y especialmente opositor cuando tu precariedad en materia de servicios públicos es mayor. Creando el conflicto en la mente de las personas de que para sobrevivir tienen que aceptar la “ayuda” de quienes adversan y consideran culpable de su situación, pero para evitar un proceso de crisis cognitiva, hay que negarlo tanto dentro como fuera de la mente de la persona.
George Orwell en “1984” desarrolló el término “Doble pensar”, para explicar por qué las personas podrían tener dos formas de pensar o actuar completamente contrarios sobre un aspecto de su vida que se lograban conciliar, siempre a favor del poder del gobierno totalitario. El mismo personaje central de la novela “1984”, Winston Smith, que en secreto había desarrollado una posición de adversar al régimen totalitario, termina la novela amándolo al serle imposible oponérsele ya que el mismo le dotaba lo mínimo para darle sentido a su existencia.
En la psicología del siglo XX se vio que en todas las sociedades, sean libres o totalitarias, las personas podían generar una condición en determinadas circunstancias llamada disonancia cognitiva, que es el momento en que chocaban un sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en pugna con sus creencias.
Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos pensamientos simultáneos que entraban en conflicto, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes y conductas. Parte importante de la Venezuela actual pareciera estar enfrentando ese problema de disonancia cognitiva: La gente sabe que su calidad de vida se ha deteriorado en gran medida por el bajo desempeño del Gobierno en ejecutar los servicios públicos; pero a su vez, debido al chantaje político del gobierno de “castigar” a sus adversarios, negándole o haciendo aún más difícil acceder a estos servicios, crean un proceso de disonancia en las personas, que en la mayoría de los casos se resuelve negando que el deterioro de los servicios básicos sea culpa del poder ejecutivo, y que lo mejor es seguir siendo fiel al actual gobierno, incluso si es necesario reelegirlo en unas elecciones.
Una situación que debería llevar a reflexionar, que más allá de buscar acumular capital político de forma tradicional para quienes quieren desplazar del poder al actual gobierno, debe buscar las formas de generar un quiebre emocional-psicológico entre quienes aún apoyan al Gobierno al tomar en cuenta los mecanismos de chantaje en materia de servicios públicos a que están sometidos actualmente.
Politólogo. Director de @More_Consulting
