Benjamín Scharifker, químico, también fue rector de la Universidad Metropolitana. En esta entrevista dice todo lo que debe saberse para alarmarse ante el crimen cometido por el chavismo contra el gran proyecto de la era democrática para la educación superior que fue, desde los setenta, la Universidad Simón Bolívar. En principio, se le pide que comente, en sus propias palabras, lo que está sucediendo en su Universidad actualmente.
―Todas las universidades públicas, que dependen del Estado, han venido deteriorándose en los últimos desde 1999 para acá. Podemos encontrar varios hitos de ese deterioro; ha sido un proceso continuo. Comenzaron a aparecer instituciones paralelas a las tradicionales; se creó la Universidad Bolivariana, el instituto de las Fuerzas Armadas se transformó en la Universidad de las Fuerzas Armadas (UNEFA) y, en fin, toda una serie de instituciones… En estos momentos no tengo el número claro, ni siquiera el Consejo Nacional de Universidades tiene el número exacto, pero hay más de setenta universidades del sector público que están funcionando de una u otra manera en todo el país, en Tucupita, en Puerto Ayacucho, en los lugares más remotos inclusive.
―Un sistema paralelo…
―Sí, eso fue uno de los primeros hitos, crear un sistema paralelo de instituciones para ir desplazando el centro de gravedad de las universidades que se manejan de forma autónoma a universidades que el régimen controla unilateralmente, sin ningún tipo de contrapeso. Eso ocurrió a partir del año, 2002 y años subsiguientes; paralelo a eso, a las universidades, a las que antes se les asignaba un presupuesto por Ley, se les arrebató. Desde hace quince o veinte años, eso se les arrebató el presupuesto que les permitía funcionar. O sea, ya no se les asigna un presupuesto para su funcionamiento completo, sino que se les va asignando recursos poco a poco, para que vayan cumpliendo algunas necesidades. Pero el grueso de los recursos que hacen falta, al fin y al cabo 80 o 90 por ciento del costo universitario. Que es el capital humano, el pago de salarios, todo eso se hace a través del sistema Patria.
―Pero las universidades, ¿no reciben ese dinero para pagar a sus profesores?
―No, es el Estado el que se encarga de administrar las nóminas de todas las universidades, hasta en los últimos rincones del país, centralizadamente, desde el Ministerio de Educación en Caracas; pero no solo pago del salario; los comedores estudiantiles, que es un tema álgido, un tema importante en las universidades públicas, tampoco reciben recursos para funcionar según un presupuesto. ¡El Estado les va suministrando los productos cárnicos, los vegetales, los insumos para que los comedores funcionen…!
O sea, no se les asigna presupuesto para la ejecución correspondiente. Eso permite el control centralizado, estrecho. En la práctica, explica el rector, eso da como resultado universidades sin recursos para mantenimiento, sin recursos para cubrir servicios básicos.
―¿Eso es lo que ocurre en la USB?
―La Simón Bolívar tiene dos campos universitarios, uno en Sartenejas y el otro en Camurí, en el Litoral. Ambos alejados de centros urbanos; entonces, hace falta transporte, pero como la USB no tiene transporte propio por lo que acabo de describir y el Ministerio no asigna esos autobuses, en realidad no existe ya el transporte. La Universidad solía tener cuarenta autobuses hace quince años ahora tiene 3 autobuses y los 3 autobuses o no tienen cauchos o no tienen diésel o se enfermó el chofer, bueno el infierno venezolano. Entonces tampoco están funcionando los 3 autobuses, y un día solo están funcionando 2. Cómo haces tú para manejar una universidad de 10 mil estudiantes que es lo que solía tener la universidad hace 10 o 15 años con tres autobuses, cuando la gente tampoco tiene recursos para pagar su propio transporte y no hay transporte público para esos lugares, porque ni para llegar a Sartenejas ni para llegar a Camurí hay un transporte público lo suficientemente eficiente como para poder transportar miles de personas diariamente. Entonces tenemos un fuerte problema de funcionamiento producto de esa centralización de la administración universitaria por parte del Ministerio de Educación Universitario que afecta a todas las universidades pero de una manera muy crítica a la Universidad Simón Bolívar, porque también nosotros tuvimos la mala fortuna, bueno el que tuvo la mala fortuna fue el rector Planchar, pero nosotros no nos escapamos de esa mala fortuna porque al morirse Planchar se designaron unas autoridades interinas con el mandato lícito por Ley de llamar a elecciones a los seis meses de su nombramiento que por supuesto no lo hicieron ni tienen pensado hacerlo.
―¿Hay otras universidades que también han sido afectadas por esta política? ¿Podríamos hablar de una política contra la universidad pública tradicional?
―Sí, sí, La Universidad del Zulia, la Universidad de Los Andes, la Universidad de Oriente. Cada una con sus particularidades han sufrido estas mismas dificultades.
―Una de las más deterioradas es la Simón Bolívar, porque es asombroso los videos que se ven
―Sí, es curioso, paradójico inclusive; hay dos universidades públicas que resuenan en Caracas. Hay varias, pero hay dos que son las que resuenan: la Central que es la primera casa de estudios de Venezuela, la más importante sin duda alguna, la más antigua, y la Simón Bolívar. A la Central se le ha dado una inversión importantísima, se le ha invertido muchísimo en los últimos años en recuperar su planta física, en dotarla de transporte, de servicios estudiantiles. Allí han podido hacer elecciones, elegir nuevas autoridades, que lo hicieron hace tres años aproximadamente, y en contraste la Simón Bolívar es la que peor se ha tratado entre todas las universidades públicas.
―¿De qué porcentaje podríamos hablar de deserción del profesorado? ¿Qué cantidad tenían antes y qué cantidad tienen ahora en porcentaje?
―Solíamos tener entre mil y 1.200 profesores a alta dedicación, tiempo completo o dedicación exclusiva. En este momento hay como 150, como una tercera o cuarta parte de lo que solía ser. Y en número de estudiantes es más o menos lo mismo. Solíamos tener entre 10 mil o 12 mil estudiantes entre las dos sedes, y en este momento hay menos de 4 mil estudiantes registrados, entre 3 mil y 4 mil estudiantes matriculados para cursar materias en este trimestre que está en curso. De tal manera que tanto en profesores como en estudiantes tenemos ahora una tercera o cuarta parte de lo que solía ser los logros de la universidad.
―Muchos profesores se han dedicado a otra cosa o se han ido del país. ¿Hay alguna estadística sobre lo que hacen los profesores antes de su edad de jubilación, incluso para mantenerse?
―Sí hay. Se han hecho estudios de pérdida de talento por parte de las universidades, y entre las universidades más afectadas de pérdida de talento por emigración ha sido la Universidad Simón Bolívar, por la naturaleza del perfil de los profesores del USB. La Simón Bolívar está bastante concentrada en áreas de ingeniería, ciencias básicas, áreas técnicas en donde los profesores, con cierta facilidad, logran ubicarse en universidades de otros países. Así, s muchos se han desplazado a Europa, Estados Unidos o a países latinoamericanos sin mayor dificultad porque nadie va a pedir reválida a un físico o matemático para dar clases, cosa que es distinta con profesionales de otro tipo. Si bien se dedican a lo académico, muchos de ellos hacen ejercicio profesional y, para poder hacer ese ejercicio profesional en otros países, sí necesitan, de alguna forma, atender los temas legales.
La Simón Bolívar perdió mucha gente por emigración en las etapas tempranas del proceso migratorio, pero también hemos perdido profesores porque se ha tenido que dedicar a otras actividades. Porque no pueden sostenerse. Han dicho que ante la remuneración que la Universidad les ofrece deben migrar a otra actividad económica. Hay profesores que están haciendo pizzas o han buscado trabajo dentro de su disciplina en empresas del sector productivo.
―¿Cuál es su opinión acerca de la actitud del régimen hacia las universidades…? ¿Es una cuestión ideológica, simple desprecio o ignorancia?
―Es difícil saber. Lo que voy a decir es especulativo: totalitarismos ha habido muchos en todas partes del mundo. El régimen nazi, el régimen chino, el régimen soviético, el régimen cubano; ninguno de esos totalitarismos se atrevió ni se propuso entre sus planes tomar las universidades, como lo ha hecho el régimen bolivariano. ¿Por qué? Poque esos regímenes necesitaban que la sociedad fuera productiva. Si por ejemplo en Alemania, las empresas de acero no lo producían o si no producían automóviles, pues simplemente la economía militar no podía sostenerse. Igual el régimen soviético necesitaba que la sociedad fuese productiva. En Venezuela no. No solamente el régimen bolivariano, en los regímenes venezolanos del siglo XX y ahora en el XXI, la población puede ser pobre y la economía improductiva, las empresas pueden estar quebradas y de todas maneras habrá un flujo de recursos que le permite al Estado, ya sea por el petróleo, o por algún tipo de ilícitos que no vale la pena nombrar, seguir adelante porque el régimen tendrá los beneficios suficientes como para sostenerse y sostener la burocracia y su nomenclatura.
Por eso, en el caso de la USB, los representantes del régimen se pueden dar el lujo de decir «miren, esa institución que habla de reconocimiento al mérito, vamos a terminar con eso». O sea, ellos consideran que el reconocimiento al mérito es elitismo. Que no es una cosa democrática. No quiero ponerme a discutir asuntos filosóficos, pero una cosa es el reconocimiento al mérito y otra cosa son las clases sociales: son dos cosas completamente diferentes. La USB no es la única que persigue la excelencia. Por eso mismo ellos, los del régimen, han tratado de construir un sistema paralelo donde la lealtad al régimen es mucho más importante.
―¿Qué acciones en concreto se han propuesto?
―Se han hecho ya acciones ante el Ministerio de Educación Universitario solicitándole atender, por ejemplo, el sistema de transporte y de los comedores. El tema de los salarios universitarios. El tema del funcionamiento de la Universidad, en general. Y sobre todo, el tema del liderazgo: una universidad necesita un liderazgo que sea capaz de hacer algo, y lamentablemente las personas que fueron nombradas como interinos no gozan del favor ni la simpatía de los universitarios. Algunos de ellos son francamente antipáticos para un grupo de estudiantes y profesores. Así no se puede progresar, una universidad no es un cuartel donde se dan y se cumplen órdenes. Una universidad tiene que trabajar a través del consenso, conformando equipos de trabajo, y simplemente hay muchas personas que no están dispuestas a trabajar con esta gente.
―¿Si usted tuviera el poder del Estado actualmente para ejecutar una acción, cuál sería la primera?
―Si yo fuera ministro de Educación Universitaria propiciaría elecciones de inmediato. De forma tal que se conformara un equipo rectoral que goce del respeto de la comunidad. Ese es el camino para resolver los problemas.
―¿Cuál diría que es la mayor deficiencia?
―La deficiencia número uno es transporte. Yo vivo en Los Palos Grande. Si yo no voy a la Universidad en mi automóvil, necesito dos buses para llegar a Baruta y allí pedir cola para que alguien me suba a Sarteneja. Eso es una travesía de tres o cuatro horas de ida y tres o cuatro horas de vuelta. Eso haría imposible que yo pudiera desarrollar actividad académica alguna.
Otro: servicio de alimentación. También es prioridad porque hay gente que pasa todo el día en la Universidad. Otro: el tema salarial. El salario de un profesor universitario no llega a diez dólares. Para que una organización funcione tienes que poner un sistema de estímulos y promoción. Su gente debe sentir y ver que hay futuro al trabajar en determinado sitio. Si no, es un sistema de subsistencia y una universidad jamás podemos percibirla de esa manera.
En suma: para que la universidad funcione tienen que arreglarse cosas fundamentales. No he querido hablar de infraestructura porque me da vergüenza. Su arquitectura no es la mejor del mundo, sus edificios son simples, pero tiene unos hermosos campos enmarcados en un Valle el de Sartenejas como el de Camurí en el Litoral que son espectaculares. Ahora todo está completamente derruido, la pintura desconchada, los laboratorios cayéndose a pedazos. No hay agua porque Hidrocapital también ha tenido problema, falles eléctricas… En fin, la infraestructura no es lo que hace a una universidad, pero, nuevamente, si la universidad no tiene una infraestructura que valga la pena, la gente tampoco se siente motivada a trabajar allí.
―¿Se podría recurrir a alguna instancia internacional para pedir ayuda o recursos?
―Ninguna universidad pública en Venezuela puede pedir un préstamo, por ejemplo, al Banco Interamericano de Desarrollo, o al Banco Mundial o a la CAF. Eso habría que hacerlo a través de los organismos del Estado. De modo que no veo cómo pudiéramos hacer. Ahora bien, sí podríamos a través de otro tipo de mecanismo, que no involucrara desembolso… Pero no conozco ninguna iniciativa en ese sentido. Hay un grupo de egresados que recoge fondos de quienes están en el exterior y con esos fondos han podido proveer dotaciones a laboratorios, cosas puntales que no son de una gran magnitud, pero que tienen mucha importancia ante la situación crítica que estamos viviendo. Incluso, instauraron un sistema de reconocimiento al mérito docentes. Eso ha permitido que al menos un grupo de profesores se haya mantenido activo. ¡Gracias a ese respirito económico!
***
El rector al final enfatiza que, para él, la prioridad está en cambiar a las autoridades interinas por un equipo que tenga legitimidad y goce del respeto de la comunidad universitaria.
Ha aclarado Scharifker que la comunidad universitaria mantiene sus instancias en pie de lucha: una asociación de profesores, una asociación de egresados y una federación de centros estudiantiles que están «bastante alineadas y trabajan en conjunto para promover, al menos, el cambio de autoridades interinas». Enfocadas en eso para así poder tener una gestión de la Universidad mucho más enfocada en la recuperando de esa actividad que está hoy tan debilitada.
Por otra parte, Scharifker opina que la Asociación de Empleados tuvo muy buenos dirigentes. «Lo digo sin ninguna ironía: chavistas, como Oswaldo Vera y William Lara. Eran líderes históricos de esa Asociación de Empleados que se llama Atausibo». Pero Atausibo no mantiene un liderazgo formal porque las elecciones han sido postergadas. Sin embargo, dice Scharifker, todos quisieran ver cambios en la Universidad. Todos.
