La prestigiosa directora de la Vandenberg Coalition, Carrie Filipetti conoce muy bien el proceso venezolano y a sus protagonistas. Por eso piensa que queda mucho por hacer y le “preocupa” que Washington “no esté impulsando un cambio democrático con más velocidad” en el país.
Sin embargo, no tiene duda de que la transición política en Venezuela es el objetivo final del secretario de Estado Marco Rubio y el presidente Trump: “Estados Unidos no habría invertido tantos recursos en una operación como la del 3 de enero, si no hubiese una decisión de alcanzar la meta de la democratización”.
Filipetti desempeño un alto cargo relacionado a Venezuela y Cuba en el Departamento de Estado, durante el primer mandato del presidente Trump, y para ella es muy claro que Delcy Rodríguez intenta aprovechar las “distracciones” de Washington para afianzarse en el poder: “el nuevo régimen quiere comprobar hasta dónde puede llegar sin sufrir consecuencias”.
Ante esto, cree que personas como María Corina Machado, deben lograr que la Casa Blanca entienda que la estabilidad que buscan está directamente ligada a la democracia.
—¿Por qué no hay avance en el desmontaje de la institucionalidad chavista en Venezuela?
Porque EE.UU. no ha presionado lo suficiente para ello. Hemos impulsado el acceso al petróleo y a los minerales y se ha obtenido. Pero no hemos visto al gobierno estadounidense estimular reformas democráticas reales. Hay algunas cosas muy sencillas que podríamos hacer: primero, fijar una fecha para elecciones; segundo, forzar la liberación de todos los presos políticos, no solo de unos pocos; tercero, asegurarnos de que la Ley de Amnistía se aplique a todas las víctimas. Cuarto, deberíamos reemplazar a los rectores del Consejo Nacional Electoral por otros que no estén vinculados al régimen; y quinto tenemos que fomentar la libertad de expresión.
Por otra parte, hay que propiciar que más actores democráticos se postulen a cargos públicos y eliminar las inhabilitaciones que muchos de ellos tienen. Nada de eso se ha impulsado. Ha habido un gran enfoque en la economía, pero no en el aspecto democrático.
—Pero lo económico tampoco se ha traducido en mejoras para la calidad de vida de la población, por eso no cayó bien que, en días pasados, el presidente Trump dijera que los venezolanos están bailando en las calles.
Ciertamente, no es exacto afirmar que algo haya mejorado sustancialmente para el pueblo venezolano, pienso que cuando él dice que los ingresos han subido, es porque está intentando que eso suceda; pero, desafortunadamente, esa no es la realidad en el terreno. Hasta que no se produzcan cambios de fondo, el presidente Trump se sentirá decepcionado en su objetivo de hacer de Venezuela un lugar seguro para las empresas estadounidenses, poner fin a la inmigración ilegal, al narcotráfico y a la influencia china, rusa e iraní. Estos cuatro puntos están directamente relacionados tanto con Nicolás Maduro como con Delcy Rodríguez. Así que mientras no haya elecciones libres, no veremos avances significativos en ninguno de los cuatro objetivos principales que nuestro gobierno planteó.
—¿Es posible que veamos que de aquí a fin de año el inicio de esos cambios de fondo que menciona?
Bueno, eso me preocupa, temo que Delcy Rodríguez se aproveche de nuestra distracción con Irán, China y Europa, y siga posponiendo las reformas democráticas, con la esperanza de que si nos vende un poco más de petróleo o si abre las puertas a las empresas estadounidenses, eso será suficiente. Y mi temor es que parezca suficiente, por eso insisto en que para lograr esa estabilidad a largo plazo, no es suficiente cortar solo una cabeza, porque Venezuela una medusa: hay muchas cabezas de muchas serpientes.
Delcy Rodríguez es Nicolás Maduro y toda su carrera política es gracias a él. Estoy anhelando el día en que María Corina regrese a Venezuela, pero con el respaldo de Estados Unidos y de miembros del Congreso para garantizar su seguridad; ahí podrá demostrar que cuenta con el apoyo del pueblo y que los venezolanos no dejarán de luchar por su derecho a tener democracia.
—Si Washington es quien está tomando las decisiones importantes, ¿por qué ha sido tan difícil la liberación de los presos políticos?
Lamentablemente lo que ha pasado en Irán se ha llevado la atención del presidente Trump y hemos visto cómo Delcy Rodríguez ha continuado la represión contra el pueblo venezolano, canceló la Ley de Amnistía, que en realidad nunca se aplicó por completo, y ha designado a militantes radicales del chavismo en puestos institucionales de mucha significación, como a Gustavo González López, es su ministro de la defensa, o el primo de Hugo Chávez, Asdrubal Chávez, a quien pusieron a dirigir asuntos de PDVSA en exterior.
Estas acciones y nombramientos no son cónsonas con un país que debería caminar hacia un proceso de reforma y apertura democrática. Por eso creo que ahora mismo el presidente Trump no está prestando suficiente atención a lo que hace Delcy Rodríguez, y ella está intentando ver hasta dónde puede llegar sin sufrir consecuencias.
—¿Cuánto está pesando el lobby de las grandes petroleras en las decisiones que se toman en la Casa Blanca sobre Venezuela?
A lo largo de los años he visto cómo compañías han presionado políticamente en Washington para proteger sus propios intereses, aunque eso vaya en detrimento de la lucha democrática en Venezuela. Por eso fui bastante crítica de la administración Biden, cuando permitieron que Chevron operará allá, porque eso anteponía los intereses petroleros a los derechos humanos y la democracia. Lamentablemente, ahora vemos que eso se repite en la administración Trump. Aquí Hubo rumores de que Chevron y otras petroleras grandes fueron parcialmente responsables de la evaluación de la CIA, que decía que María Corina no tenía las cartas para asumir el control del país.
Pero ya no solo es el sector petrolero, sino también en el del oro. El secretario del interior, Doug Burgum viajó a Venezuela e hizo un anuncio trascendental sobre la participación de EE.UU. en el comercio de oro. Pero ese negocio allá lo controlan actores ilícitos: FARC, ELN, Tren de Aragua y Cártel de los Soles. Por lo tanto, cualquier empresa estadounidense que quiera participar ahí debe saber que, independientemente de la licencia que otorgue el Departamento del Tesoro, se convertirá en cómplice de delitos, al brindar apoyo material a organizaciones ilegales.
—Diplomáticos republicanos y demócratas con experiencia en Venezuela argumentan que mantener a Delcy Rodríguez en el poder es un error, porque no dudará en volteársele al presidente Trump cuando tenga la oportunidad, ¿cree que ese giro es posible?
Absolutamente. No tengo ninguna confianza en Delcy Rodríguez. Volviendo atrás en su historia, ella es hija de un hombre que fue encarcelado por secuestrar a un empresario estadounidense. Mientras estaba en prisión, él fue asesinado y ella, durante toda su vida, ha responsabilizado a miembros del Partido Demócrata por su muerte. Es mentira que Delcy Rodríguez es moderada, más bien, fue una persona clave de un régimen que violó derechos humanos y cometió crímenes de lesa humanidad.
Como vicepresidenta de Maduro, fue responsable del SEBIN, el servicio de inteligencia artífice de gran parte de la represión en Venezuela. Es evidente que ella no tiene ningún interés en suavizar su postura, ni en dejar el poder; porque sabe que si hay elecciones no puede ganar. En definitiva, no impulsará reformas democráticas a menos que se vea obligada a hacerlo por el secretario Rubio y el presidente Trump.
—¿Por qué la administración Trump no ha respaldado el regreso de María Corina Machado a Venezuela?
Al principio circularon rumores de que, según informes de inteligencia, María Corina Machado aún no contaba con el apoyo de las fuerzas armadas y que, por lo tanto, un giro inmediato hacia ella podría generar inestabilidad. Creo que, a corto plazo, ese análisis tiene cierta credibilidad y hay que asegurarse de que no haya una ruptura en las instituciones, ni más violencia. Pero a largo plazo, es muy claro que el pueblo venezolano exige democracia y no se va a conformar con menos que eso. Y si el presidente Trump no exige un impulso hacia la democracia, el pueblo venezolano lo hará y, en última instancia, debemos ayudarlos en eso.
En cuanto a por qué el presidente Trump no apoyó a María Corina Machado desde el principio, la realidad es que él se guía demasiado por las relaciones personales directas y debido a la represión de Maduro, María Corina no pudo reunirse con él hasta que realizó su heroica salida de Venezuela para recibir el Premio Nobel. Una vez que se encontraron cara a cara, se aclararon muchos temas y han estado en comunicación desde entonces. Cada vez es más evidente que ella cuenta con el apoyo de la mayoría de los venezolanos, algo que el presidente Trump parecía desconocer al comienzo de la operación.
—¿Es cierto que el presidente Trump se llevó una impresión negativa de la oposición venezolana durante su primer mandato?
Creo que en la primera administración había un poco de esa percepción. Y, posiblemente, por eso antes de conocer a María Corina, el presidente Trump no sabía qué pensar de ella. Probablemente él creía que la oposición en 2019 es la misma que está hoy y eso no es así. Parte del problema de ese momento fue que la dirigencia democrática estaba bastante fragmentada.
Fue muy importante conseguir que Juan Guaidó se convirtiera en presidente interino, pero después no hubo el enfoque unificado que vemos hoy bajo el liderazgo de María Corina Machado. Vimos que se centraron demasiado en la logística, en cosas como gestionar los pasaportes y demás, cuando en realidad tenían que enfocarse en el retorno a la democracia. Pienso que el Presidente entendió el cambio muy rápidamente cuando se sentó a hablar con ella.
—Pero a pesar de eso pareciera que Machado sigue sin tener un rol protagónico en el plan de tres fases del secretario Rubio
Creo que el secretario Rubio y María Corina se conocen desde hace muchos años, él ha sido un defensor de ella y un gran apoyo para la búsqueda de la democracia venezolana. Por eso, cuando habla de transición, hace hincapié en que la etapa final debe haber unas elecciones.
Creo que María Corina ha tomado decisiones increíbles durante todo este proceso y en un entorno realmente difícil. Y creo que el pueblo venezolano la reconoce y la respeta por todo lo que ha construido. Por eso, tengo muchísima confianza en ella.
—¿Qué pasará en Cuba?
Cuba siempre es difícil de predecir, pero el secretario Rubio lleva muchos años buscando una solución para la isla y su influencia en la administración Trump es profunda. Así que, sin duda, impulsará el cambio y la reforma. Dicho esto, soy muy escéptica con respecto a este supuesto proceso de conversaciones. Ya hemos visto cómo se desarrollan las negociaciones con este tipo de regímenes. Básicamente, las usan para ganar tiempo e intentar obtener concesiones, sin hacer ningún cambio real. Por lo tanto, sin ejercer la máxima presión, no creo que veamos ningún avance en Cuba.
