Durante años, José Luis Rodríguez Zapatero se presentó ante el mundo como una especie de “mediador” para Venezuela. Un político europeo preocupado por el diálogo, la estabilidad democrática y la paz. Un hombre que viajaba constantemente a Caracas mientras el país se hundía bajo una tiranía que reprimía, torturaba, desaparecía y empujaba al exilio a millones de personas.
Hoy, toda esa narrativa empieza a desmoronarse y a mostrar lo que los venezolanos, sus víctimas, denunciaron durante largos años.
Las investigaciones de la Audiencia Nacional española, los informes de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), las filtraciones judiciales, las agendas incautadas, los chats intervenidos y la cooperación con agencias estadounidenses están dibujando una gigantesca estructura transnacional de influencia, negocios, lobby político y lavado de dinero construida alrededor del aparato económico del chavismo. Y en el centro de esa estructura aparece una y otra vez el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero.
Ya no hablamos únicamente del rescate de Plus Ultra. Ese caso parece haber sido apenas una puerta de entrada hacia algo muchísimo más grande. Porque Venezuela aparece en todas partes: Delcy Rodríguez, Nicolás Maduro, Alex Saab, Jorge Giménez, PDVSA, Minerven, petróleo venezolano, oro del Arco Minero, empresas mixtas, consultoras españolas, cuentas compartidas, empresarios chavistas, operaciones en Dubái y hasta referencias al CNI español dentro de agendas vinculadas al entorno de Zapatero.
Lo que empieza a emerger es la radiografía de cómo el chavismo construyó durante años una red internacional de supervivencia política y financiera mientras destruía Venezuela y mientras varios medios de comunicación —o propaganda— disfrazaban y edulcoraban todo esto.
El saqueo de un país y sus cómplices internacionales
A Venezuela la saquearon como a ningún otro país en mucho, mucho tiempo. Usted puede elegir un mega caso de corrupción casi al azar y probablemente los montos sean mayores que los de casi cualquier otro escándalo del planeta. Son decenas, cientos, miles de millones de dólares. Es petróleo contrabandeado. Es dinero lavado. Es oro extraído a partir de un ecocidio. Es corrupción institucionalizada convertida en sistema de poder.
Y esa corrupción nunca fue únicamente venezolana.
Allí participaron ministros chavistas, militares, operadores financieros, testaferros extranjeros como Alex Saab, aliados políticos internacionales como Piedad Córdoba y, según todo lo que hoy muestran las investigaciones, uno de los grandes articuladores políticos internacionales del sistema: José Luis Rodríguez Zapatero.
Todo ocurría mientras reprimían, perseguían, secuestraban, desaparecían, torturaban y empujaban al exilio a millones de venezolanos. Muchos de quienes participaron del saqueo también colaboraron, directa o indirectamente, con esos crímenes de lesa humanidad. Con una mano robaban y con la otra señalaban a los presos políticos que usaban como mercancía y propaganda.
Plus Ultra: la puerta de entrada
Por eso el caso Plus Ultra ya no puede entenderse como un simple episodio aislado. El rescate de la aerolínea terminó convirtiéndose en la grieta por la que comenzó a verse la estructura completa.
Plus Ultra, una pequeña aerolínea con fuertes conexiones venezolanas, recibió 53 millones de euros de dinero público español mediante el fondo de rescate administrado por la SEPI. Poco después comenzaron a aparecer chats, contratos y conversaciones donde empresarios venezolanos y operadores vinculados a la trama hablaban directamente de recurrir a Delcy Rodríguez para llegar al Gobierno español. “Delcy que llame a Ábalos. O alguien con Zapatero”, decían algunos mensajes.
Las investigaciones sostienen que Zapatero intervino personalmente en reuniones durante la tramitación del rescate y que su entorno terminó beneficiándose económicamente de la operación. La UDEF encontró incluso un contrato que otorgaba a estructuras vinculadas a Julio Martínez Martínez —considerado por los investigadores como amigo íntimo, operador y posible testaferro de Zapatero— una comisión equivalente al 1% del rescate de Plus Ultra.
Y mientras el caso avanzaba la justicia española emitió una orden internacional de arresto contra Rodolfo Reyes, uno de los accionistas venezolanos de Plus Ultra, acusado de organización criminal, blanqueo de capitales y tráfico de influencias. Reyes conecta buena parte del entramado: Plus Ultra, estructuras financieras en Dubái, negocios de oro, operadores chavistas y redes internacionales de lavado vinculadas al dinero venezolano.
Eso es importante porque demuestra algo fundamental, y es que ya no estamos hablando únicamente de sospechas periodísticas o escándalos políticos. Estamos hablando de órdenes de captura, delitos graves y estructuras financieras internacionales investigadas por la justicia española.
Pero el caso se volvió todavía más devastador cuando empezaron a aparecer las agendas y chats encontrados por la UDEF.
“Zapatero aquí manda”
Hay una frase dentro de esos documentos que resume perfectamente todo el escándalo: “Zapatero aquí manda”.
No describe a un observador internacional. No describe a un “facilitador” neutral. Describe a alguien que ejercía poder dentro de la operación.
Los investigadores sostienen que Zapatero lideraba de forma “invisible” una estructura estable orientada al tráfico de influencias alrededor de negocios vinculados a Venezuela. La UDEF identifica incluso tanto su despacho como su vivienda como “núcleos de decisión” desde donde se manejaban instrucciones sensibles relacionadas con clientes, operaciones y estructuras societarias.
En los registros aparecieron discos duros, teléfonos, contratos, agendas manuscritas y referencias constantes a negocios vinculados al aparato económico chavista. También joyas en cajas fuertes, pagos a sociedades relacionadas con sus hijas y movimientos de dinero hacia cuentas compartidas con su esposa.
“Familia que roba unida…”, diría cualquiera al ver el cuadro completo.
Delcy Rodríguez, Maduro y el aparato económico chavista
Pero lo verdaderamente importante es la dimensión política de todo esto. Porque las conversaciones intervenidas muestran que el entorno de Zapatero mantenía interlocución directa con Delcy Rodríguez, Nicolás Maduro y operadores del chavismo mientras simultáneamente manejaba negocios relacionados con petróleo, oro, divisas y empresas mixtas del Estado venezolano.

En los documentos aparece “la Dama”, identificada como Delcy Rodríguez. Aparece “Presidente M”, es decir, Maduro. Aparecen reuniones con Wilmar Castro Soteldo, con el gobernador chavista José Vásquez y con empresarios interesados en inversiones vinculadas al aparato estatal venezolano.
Incluso aparece una frase particularmente reveladora: “venimos desde hace años apoyando para que se interesen los grandes capitales a invertir”. La frase hace referencia al magnate egipcio Naguib Sawiris y a operaciones destinadas a atraer inversiones internacionales hacia proyectos controlados por el régimen.
Eso significa que mientras públicamente Zapatero hablaba de democracia y diálogo, su entorno presuntamente operaba como puente entre capitales internacionales y estructuras económicas manejadas por una tiranía sancionada internacionalmente.
Y allí aparece otro nombre importante: Jorge Giménez, actual presidente de la Federación Venezolana de Fútbol y señalado como uno de los operadores económicos más cercanos al entorno de Delcy Rodríguez y al ecosistema financiero que dejó Alex Saab. Las investigaciones hablan de pagos procedentes de estructuras vinculadas a Giménez hacia sociedades relacionadas con la trama.
Todo esto se mezcla con operaciones petroleras, contratos con PDVSA, negocios de oro, estructuras financieras internacionales y sospechas de financiación irregular del PSOE mediante empresas relacionadas con el petróleo venezolano.
Sí, el caso ya llegó también allí.
Porque los investigadores y varios medios españoles empiezan a hablar abiertamente de posibles conexiones entre el aparato financiero chavista y estructuras ligadas al socialismo español. Y eso explica muchas cosas: el blindaje político, los silencios, la insistencia en presentar a Zapatero como interlocutor legítimo del chavismo incluso después de años de denuncias por crímenes de lesa humanidad.
“Van a vigilar la limpieza de las elecciones… jajajaja”
Pero quizás uno de los episodios más grotescos de todo el caso aparece en los mensajes relacionados con las fraudulentas elecciones parlamentarias chavistas de 2020.
En una conversación interceptada hablan de viajes de Zapatero a Caracas para “vigilar la limpieza de las elecciones”.
La respuesta fue: “Jajajaja”.
Sí. Se burlaban incluso de eso. De unas elecciones fraudulentas organizadas por una tiranía mientras Venezuela estaba destruida y millones sobrevivían bajo hambre, persecución y exilio.
Y aquí conviene recordar algo que muchos venezolanos no olvidan: durante años, varios operadores políticos vinculados a Zapatero y al llamado “diálogo” atacaron a quienes denunciaban el fraude chavista. Llamaban “radicales” o “abstencionistas” a quienes se negaban a legitimar farsas electorales organizadas por la dictadura. Son los que hasta el 2 de enero decían que se debía votar “siempre” pero ahora, ante la posibilidad de una elección que ponga fin a la barbarie, dicen que no… que eso no está bien.
Los llamados “alacranes”. Mandaderos. Intermediarios. Operadores útiles para mantener viva la ficción democrática mientras el régimen seguía consolidando poder.
El oro, el níquel y el Arco Minero
Y esto apenas empieza. Porque cada nueva filtración amplía todavía más el mapa.
Las agendas incautadas al entorno de Julio Martínez ya parecen un manual operativo de la relación entre Zapatero y el chavismo. Allí aparecen referencias a petróleo, oro, níquel, contratos multimillonarios, operaciones con BANDES, proyectos vinculados a Minerven y exportaciones de “producto físico”, presunto código utilizado para referirse al oro venezolano.
El oro del Arco Minero. El mismo oro ligado al ecocidio más brutal de la historia reciente venezolana. El mismo oro asociado a minería ilegal, destrucción ambiental, explotación indígena, grupos armados y financiamiento criminal.
Los chats hablan de “Comercialización de Amarillo”, de contratos petroleros por millones de barriles mensuales y de comisiones del 10%. Allí aparecen los nombres de Domingo Amaro Chacón y Guillermo Amaro Chacón coordinando operaciones vinculadas al aparato económico chavista.
Los presos políticos, el CNI y el exilio de Edmundo González
Y quizás la parte más perturbadora de todas sea que, en esas mismas agendas donde aparecen petróleo, oro y comisiones millonarias, también aparecen referencias al CNI español, a presos políticos y a la salida de Edmundo González Urrutia de Venezuela.

Eso cambia completamente la dimensión política del caso, porque ya no hablamos solamente de corrupción económica. Lo que empieza a emerger es una estructura híbrida donde se mezclaban negocios privados, operadores del chavismo, intereses políticos españoles, servicios de inteligencia y decisiones estratégicas sobre el destino de Venezuela.
Si efectivamente el CNI participó en operaciones relacionadas con el exilio forzado del presidente electo venezolano, entonces estamos frente a una operación política de altísimo nivel coordinada entre sectores del gobierno español y el entorno de Rodríguez Zapatero.
La internacional chavista
Cada nueva revelación parece confirmar algo que muchos venezolanos denunciaron durante años: alrededor del chavismo no orbitaba una “internacional progresista” preocupada por la paz. Orbitaba una red transnacional de negocios construida sobre el sufrimiento de millones de personas. Y José Luis Rodríguez Zapatero ha sido uno de los grandes arquitectos internacionales de esa estructura.
Durante años intentaron vender todo esto como “diálogo”, “mediación” y “diplomacia”. Pero los documentos, las transferencias, las agendas, los contratos y las investigaciones judiciales empiezan a mostrar algo mucho más simple: hicieron dinero alrededor de la destrucción de Venezuela.
Y esto apenas comienza. Van a aparecer más nombres. Van a caer más operadores. Van a surgir más conexiones con el PSOE, con Podemos (y aquí habrá mucho), con empresarios españoles, con consultoras y con falsos opositores venezolanos que durante años trabajaron para sostener la supervivencia del chavismo mientras fingían combatirlo.
Sabemos mucho de lo ocurrido, pero todavía no lo sabemos todo. Nos faltan nombres. Nos faltan montos. Nos faltan conexiones. Y cada nueva revelación solo fortalece algo esencial: la memoria.
Porque aquí hay responsables evidentes. Los criminales que ocuparon el poder durante 27 años, pero también sus colaboradores nacionales e internacionales.
Y aunque probablemente no todos paguen lo que deberían pagar, jamás podremos permitir que el tiempo lave sus nombres.
Este miserable sujeto iba a Venezuela a martirizar presos políticos y exigir, cual mafioso, silencio a sus familias. Luego cobraba dinero de la corrupción y del ecocidio del Arco Minero del Orinoco.
José Luis Rodríguez Zapatero debe pagar.
Y también quienes trabajaron con y para él.
