En la aldea
12 abril 2026

José Simón Elarba Haddad, el voraz tiburón del nuevo ecosistema social 

Hay que reconocer la gran habilidad de José Simón Elarba Haddad para moverse entre el poder y la nueva y la vieja alta sociedad. Amigo de Erick Malpica Flores, Raúl Gorrín y organizador de deslumbrantes cenas con cocineros de tres estrellas Michelín, el dueño de Fospuca y Bancamiga lo tiene todo: buenos padrinos y aceptación social.

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Alejandro Hernández | 12 abril 2026

Entre las cosas más curiosas que uno puede saber sobre José Simón Elarba Haddad no está el hecho de que se haya apropiado de un banco después de que metieran presos a sus mayores accionistas, ni que haya cimentado buena parte de su fortuna en una empresa de recolección de basura que se instala casi como un poder público paralelo en los municipios en los que opera. Tampoco es el hecho de que corran tantos rumores sobre él como los que alguna vez corrieron sobre Diosdado Cabello: esto es de Elarba, aquello también, él puso la plata aquí… Total, estos años de chavismo nos han acostumbrado a ver ese tipo de cosas y al surgimiento de toda una generación de magnates que floreció a la sombra del poder político y ya sabemos que el dinero es como la tos: no se puede esconder. 

Desde esta humilde esquina, lo que llama la atención es que Elarba tiene un sitio web con su nombre: josesimonelarba.info. Se supone que el dominio .info se utiliza principalmente para sitios informativos, para divulgar información especializada o contenidos educativos y para proyectos sociales, entre otros usos. Y Elarba lo tiene para hablar de sí mismo. O para que un equipo encargado hable de él, porque todo está en tercera persona. 

“Actuar con ética y transparencia ha hecho que su nombre sea respetado en el sector corporativo”, se puede leer allí. “Elarba consolidó una propuesta empresarial con alcance nacional. Más adelante te contamos los beneficios que disfruta el país gracias a esta gestión”. 

No se trata del empresario, dueño de Bancamiga, filosofando o compartiendo sabiduría. No es un sitio que recoge su “pensamiento”, ni sus visiones sobre temas específicos que le interesen al público. No aprendemos nada leyendo su contenido. Luce más como un torpe depositario de lugares comunes y generalidades vertidas allí con el único objetivo de ensalzar al personaje. El sitio, por ejemplo, celebra como un gran logro que las empresas de Elarba generen empleo. ¿Acaso tienen la opción de funcionar sin empleados? 

O que Fospuca nos obsequia el beneficio disminuir “la acumulación de residuos”. ¿Acaso no es ese uno de los objetivos elementales de cualquier compañía que cobra por la recolección de basura? ¿Hay que pararse a aplaudir? 

Fospuca creció velozmente desde que la adquirió en 2014 y es prácticamente intocable en los esquemas operativos de algunas alcaldías en las que no solo recoge desechos sólidos sino que aporta recursos que garanticen la permanencia de parcelitas de poder local, como las de Fuerza Vecinal, que representan ese sector de la “oposición” que le gusta al chavismo: la que no da problemas ni alza mucho la voz, la que se ocupa solo de sus asuntos. 

No solo creció la empresa, aumentó su recaudación estableciendo desde 2015 un sistema que tarifas que se fijan no por los volúmenes de basura generados, por ejemplo, por un local comercial, sino por el tamaño del establecimiento en metros cuadrados. 

Un reportaje de Armando.Info de 2024 sobre el caso del Municipio Baruta detalla la voracidad de la empresa recolectora: “solo entre febrero de 2018 y octubre de 2019, Fospuca incrementó las tarifas del servicio -expresadas en los bolívares soberanos de ese entonces- en cinco oportunidades y siempre a petición de Elarba. En cada ocasión solicitó aumentos para el sector comercial por 2416,29%, 60%, 75%, 75% y 75%, respectivamente; y en tres de ellas incluyó peticiones de aumento para el sector residencial por 1.500%, 75% y 75%”. 

A ese esquema se añade una decisión de alcaldías como la de Baruta y Chacao que no permiten declarar impuestos si hay insolvencia con Fospuca. Y si un local no declara impuestos municipales, lo multan y muchos de ellos terminaron bajando la santamaría. 

Quiero ser banquero 

Bancamiga, que ya venía creciendo al amparo de Tarek El Aissami, de su testaferro Samark López y de sus operadores, los hermanos De Grazia, aceleró su posicionamiento en el sector desde que Elarba Haddad apareció como el salvador de la institución y tomó las riendas cuando los otros cayeron en desgracia por la trama de corrupción Pdvsa-Cripto. Y esto no hizo ruido ni en la Asociación Bancaria ni los gremios empresariales.

 Así, el abogado y empresario, llegó a la banca por la puerta grande. 

Tan solo el reclamo de la familia De Grazia por la situación de Carmelo y Daniel De Grazia, presos en El Rodeo I desde 2024, ha vuelto a poner sobre el tapete la formula por la que Elarba se hizo con el control del banco: según el dirigente político Américo De Grazia, a sus primos “los encarcelaron hace dos años para robarles Bancamiga y condenarlos a muerte”. Y según él, esto se hizo para “favorecer las mafias de José Simón Elarba, dueño de Fospuca”. 

En posteos de su cuenta en X, Américo De Grazia asevera que Elarba “utilizó de office boy a Alexander Granko para extorsionar a hermanos De Grazia” y quedarse con Bancamiga. Pero esos gritos son como en el espacio: nadie los oye. 

Aunque en el bufete donde Elarba es socio con su esposa, su hijastra y con Gerardo Blyde –Gadea Lesseur & Asociados- seguramente están tomando notas sobre lo que dice Américo De Grazia: ya se sabe que a él no le gusta que lo mencionen en historias que cuestionan su bonhomía. 

En su sitio web, elogian de José Simón Elarba Haddad su capacidad de identificar oportunidades en mercados estratégicos: “buscar opciones donde otros no miran le otorga una ventaja competitiva”. Bancamiga es un buen ejemplo. También lo es el Colegio Jefferson, la prestigiosa y longeva institución educativa de la cual es propietario desde 2023. 

Ese elitesco colegio caraqueño, ahora es más elitesco que nunca: sus salones de clases y sus primorosas instalaciones acogen a los hijos de unos cuantos jerarcas del chavismo. Allí pueden estar sin temor al escrache, en su burbuja de guardaespaldas. Fuentes consultadas explicaron que a estos estudiantes se les califica de “personas susceptibles” y reciben un tratamiento diferente: son los herederos del poder, las nuevas generaciones  de la casta millonaria gestada por la corrupción y a costa del presente y del futuro del país.

Otra fuente vinculada al tema de la educación privada explicó que muchos profesores y alumnos se han ido de la institución por esta situación: “Nadie quiere estar en el colegio de los enchufados”. Pero esta fuente es bastante idealista, porque sí hay gente que quiere eso, arrimarse a la sombra de los grandes capitales amasados durante el Socialismo del siglo XXI. 

Una cena para conquistarlos

En Venezuela se acabó la sanción moral. O se formula en voz baja. Entre el miedo y la supervivencia la han enterrado. También por la conveniencia. Esta nueva casta es dueña del país y ya no hay espacios en la sociedad donde no tengan influencia o participación.

Si nos detenemos tanto en Elarba Haddad es porque él encarna mucho de todo esto. Es una cara visible. Ha sido intermediario en distintas operaciones financieras del gobierno y no esconde su amistad con Carlos Erik Malpica Flores, sobrino estrella de Cilia Flores y uno de los que se encargaba de las finanzas de la pareja presidencial que hoy languidece en una cárcel estadounidense. 

“Es bastante amigo mío” le reconoció al prestigioso portal de investigación Armando.info, cuando lo abordaron para preguntarle por su cercanía con el extesorero de la República y exvicepresidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) Carlos Malpica Flores. Tampoco oculta su proximidad con el cuestionado Raúl Gorrín, sancionado por los Estados Unidos por lavado de dinero. “Es amigo mío”, ha dicho en varias ocasiones sobre el dueño de Globovisión, Banco Plaza y Seguros La Vitalicia. 

A Elarba parece no haberle afectado la nueva realidad impuesta desde la madrugada del 3 de enero. Su influencia va más allá de Maduro, traspasa incluso la política chavista y se ha enquistado en sectores clave, como el empresarial, el educativo, en medios de comunicación, en la banca y hasta en una buena parte de la oposición. Y muchos también buscan arrimarse a él, un personaje exitoso y con tentáculos y ramificaciones en todos los ámbitos. 

El 18 de julio de 2025 los empresarios del país le expresaron su respaldo y lo celebraron como le gusta. En la asamblea anual de Fedecámaras, realizada en un hotel de Valencia, le entregaron un reconocimiento por haber sido uno de los mayores patrocinantes del evento. Adán Celis, presidente saliente de la institución, dijo que era “su amigo”, pero también “un amigo de la casa, que cuando uno le pide ayuda siempre está”. 

Ese mismo galardón entregado a Elarba Haddad, también se lo dieron a empresarios como Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar; José María Nogueroles, dueño del Banco Nacional de Crédito y Luis Bernardo Pérez, presidente de Digitel, entre varios más. Este hecho es un termómetro representativo para entender hasta dónde llega el posicionamiento del dueño de Bancamiga en el sector empresarial. 

En su web personal, una foto lo muestra sonriente junto al banquero Nogueroles, ahora su colega. 

Pero Elarba no solo está vinculado a Fedecámaras, sino también a Consecomercio. Con diversas fuentes pudimos constatar que existe un “convenio” entre Bancamiga y esa organización gremial, para que sus directivos y miembros relevantes tengan tarjetas de crédito. Al punto que las mismas se imprimen poniendo a Consecomercio como titular. Este acuerdo, claro, no implica que los responsables de las tarjetas estén exentos de pagarlas normalmente: cada quien que asuma sus gastos.  

Pudimos corroborar con distintos informantes que el ofrecimiento y aprobación de tarjetas de crédito se extiende hasta la política opositora, puesto que varios dirigentes sobre quienes el emporio Elarba ejerce influencia, cuentan con la herramienta crediticia, cortesía de Bancamiga. 

En las últimas elecciones municipales organizadas por el oficialismo en julio de 2025,  también sonó el nombre de José Simón Elarba Haddad ya que su influencia en las alcaldías del este de Caracas es muy conocida. No en vano Fospuca tiene asignada la recolección de basura en Chacao, Baruta y El Hatillo. Pero el asunto no se queda en los contratos para recoger los desechos, sino en el poder que tienen en estos municipios.  

El partido Fuerza Vecinal se ha hecho del control del este de Caracas durante los últimos años y hay una asociación directa, y pública, entre esta organización política y Elarba. No por nada la maledicencia lo ha bautizado como el “partido Fospuca”. Y allí las inconformidades y las quejas por los altos costos del servicio –superiores comparativamente a otros de la región- caen en saco roto. ¿Ya dijimos que Fospuca es intocable, no?

En los medios de comunicación tradicionales tampoco se toman en cuenta las quejas hacia dicha empresa: Fospuca patrocina programas importantes y periodistas que, en teoría, son referencia, resaltan su gestión sin ningún complejo a través de generosas publicidades diarias. 

Aunque son ampliamente conocidos sus nexos y negocios con Carlos Malpica Flores, José Simón Elarba no está sancionado por los Estados Unidos y su importante estructura financiera opera sin mayores restricciones. Renombradas investigaciones periodísticas como los FinCEN Files han mostrado algunos de los negocios e intermediaciones de este empresario con el chavismo. Armando.info también ha retratado parte de sus lucrativas movidas. 

La nueva –y parte de la vieja- sociedad caraqueña esta muy conforme y mira para otro lado, porque estar cerca de estos magnates trae beneficios y privilegios. Y Elarba sabe cómo mantenerlos contentos con algunos lujos y detalles de generosidad que afianzan la sensación de burbuja y traen aires de primer mundo. 

El programa culinario de Bancamiga forma parte de esto. “Sabores del alma” es la campaña de la institución que busca proporcionar “experiencias únicas” a sus allegados “junto a los mejores chefs del mundo”. Todo un momento de felicidad que entra por las bocas. La más reciente experiencia, en julio del año pasado, concedió el privilegio a atildados miembros de la sociedad de disfrutar durante tres días en el Hotel Cayena (en La Castellana) de la cocina de Massimo Bottura. 

El italiano Bottura está rankeado entre los mejores cocineros del mundo por las maravillas que salen de los fogones de la Osteria Francescana, en Módena, un restaurante con tres estrellas Michelin y numerosos reconocimientos globales. 250 comensales pudieron disfrutar de sus platos en el Hotel Cayena, en una lista en la que la periodista y relacionista pública Ángela Oráa detalló a “Henry Camino, Mariana Flores Melo, Yeannette Elarba, Luis Bernardo Pérez (Pdt. Digitel), Beto Finol, Orlando Camacho (Pdte. Fedeindustria), Tiziana Polesel (Fedecámaras), Julio Andrew, Willy del Nogal, Adriana Lamaletto, Graciela Guruceaga, Giuseppe Fallone, Maryeska López, Pedro Bravo, José Gregorio Acosta y Juan Rafael Ávila (Bocca de Lupo & Revêrie), entre muchos otros”. 

¿Su amigo Malpica Flores habrá disfrutado de estos placeres? La respuesta queda en el misterio, personajes de ese nivel todavía no tienen la libertad de movimiento como para codearse así con la alta sociedad caraqueña y prefieren moverse a puertas cerradas o en espacios internacionales donde nadie los señale. 

Lo que sí es un hecho, como dijo Oráa, es que Bancamiga “tiene seducidos e hiperventilando” a los amos del Valle: a los que hoy son y a los que eran pero han sabido acomodarse a lo que un buen amigo llama “el ecosistema”.

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