El venezolano es un pueblo de béisbol. Un pueblo de mánagers de tribuna. Un pueblo de madrear a los jugadores si no lo hacen bien, si dejan caer un fly que tenían que atrapar, si batearon para doble play cuando tenían que dar un home run, si se poncharon con tres en base o si dieron tres bases por bolas seguidas. El venezolano es un pueblo que vive la pelota intensamente y que el día de hoy ya puede llamarse campeón mundial.
Como venezolano que soy, me siento demasiado orgulloso de los jugadores, del mánager, del cuerpo técnico, de la gente que estuvo apoyando en el estadio, en las redes, en la calle. Me siento orgulloso de Johan y de Miggy (aunque muchos lo madreen, él siempre estará en mi equipo), porque no pudieron levantar el trofeo como jugadores, pero sí como coaches. Realmente ser el primero en algo, más si es un deporte de equipo, es algo indescriptible.
Ahora tengo que ser honesto. Cuando nos ganó República Dominicana, pensé que estábamos eliminados. Madreé al mánager, Omar López, por alinear a los tres catchers y por no poner a Eugenio Suárez cuando las papas se estaban quemando. Luego de esa derrota que nos enfrentaba a Japón, estuve a punto de tirar la toalla, porque sentía que el equipo nipón y el todopoderoso, Othani, eran una losa muy pesada para nosotros.
Pero menos mal que yo no soy pelotero. El equipo se sobrepuso, los cambios que se hicieron en el line up funcionaron y a la hora de la chiquita los nuestros ganaron, dando la sorpresa y dejando al campeón defensor del torneo (y tres veces oro en el Clásico Mundial de Béisbol) por fuera.
Ronald Acuña Jr. comió sushi. Luego comimos pizza al dejar afuera a Italia en las semifinales, nos plantamos en la final contra USA y nos tocó bailar pegado.
Sin entrar en comentarios políticos, el juego contra Estados Unidos tenía un significado más allá del deportivo y el ganarles demuestra, como siempre ha sido, que el venezolano lucha por lo que quiere de manera honesta. Trabajando por su triunfo, con talento, sacrificio, sudor y lágrimas. No somos invasores, no somos criminales, no merecemos ser humillados cuando lo único que queremos y buscamos es trabajar por un futuro mejor para nosotros, nuestras familias y poner el nombre de nuestro país bien en alto.
Ser venezolano es un orgullo y ahora ese orgullo se lleva con el título de Campeones Mundiales del Mundial de Béisbol. Venga, vieja, llévatelo.
