En la aldea
13 marzo 2026

María Corina en Chile: la previa a Venezuela

Estuve en Santiago para presenciar el reencuentro de María Corina Machado con los venezolanos. Más de 20 mil personas en el Parque Almagro confirmaron lo que los "analistas" de escritorio suelen obviar: el capital político de la libertad está intacto y más movilizado que nunca.

Lee y comparte
Walter Molina Galdi | 13 marzo 2026

Escribo estas líneas desde Santiago de Chile, poco antes de volver a Buenos Aires, Argentina. Estuve apenas dos días y medio en esta ciudad, pero fue suficiente para ver lo que vine a ver, escuchar lo que vine a escuchar y entender lo que quería entender. Apenas supe que María Corina Machado vendría a Chile, con motivo del cambio de mando presidencial (ese acto solemne y simple pero poderoso y tan ajeno para nosotros los venezolanos), supe que no podía faltar. Al final, sería la primera vez, después de mucho tiempo, en la que la líder de Venezuela volvería a encontrarse con los venezolanos en un acto multitudinario. No ocurría desde hace un buen tiempo, pues entre aquella histórica campaña para el 28 de julio de 2024 y este 11 y 12 de marzo de 2026, hubo en el medio largos meses de clandestinidad, una huida del país riesgosa para llegar a Oslo a recibir un premio Nobel de la Paz y otros tres meses de trabajo internacional.

Cientos de venezolanos se levantaron de madrugada (o nunca se durmieron) para recibirla a su llegada a Santiago el mismo miércoles 11, día de la toma de posesión de José Antonio Kast, quien la invitó al país. Luego muchos de ellos siguieron su itinerario para esperarla en diferentes lugares. Lo mismo ocurrió el jueves 12, el día más intenso, sin duda alguna, pues comenzó temprano con una rueda de prensa donde dijo cosas muy interesantes, incluyendo el hecho de que los venezolanos ya deben comenzar a organizarse para un proceso electoral. Seguido de eso, recibió las llaves de la ciudad por parte del alcalde Mario Desbordes y, como era de esperarse, otros cientos de venezolanos se concentraron a las afueras del Palacio Consistorial de la Municipalidad de Chile, a quienes María Corina salió a abrazar antes de irse a la siguiente actividad en la Universidad del Desarrollo donde se inauguró oficialmente la cátedra Piñera. Allí, Machado compartió panel con el presidente Kast, proyectando una imagen de estatura de Estado que trasciende la resistencia interna.

Lo mejor del día, sin duda alguna, fue la concentración de los venezolanos en el Parque Almagro en el centro de Santiago. Fue increíble. Y lo fue no solo por la magnitud (unas 20 mil personas según datos oficiales, es decir más o menos la capacidad total del Estadio Universitario de Caracas), sino por lo que allí genuinamente se vivió. Caminé por varios lugares de la concentración y hablé con varios venezolanos. Quise escucharlos para saber qué pensaban y qué sentían. Debo decir que la claridad de todos ellos es tremenda; poseen lo que en nuestra disciplina llamamos una claridad estratégica de la base. Saben que esta ha sido una lucha desigual y dolorosa pero también saben que hoy la libertad sí puede ser una pronta realidad. Tienen temores, claro, porque la barbarie no se ha ido, aunque ahora esté pisada y tutelada, pero también tienen la fe de que eso va a cambiar y que, para ello, hay que poner mucho de nosotros mismos.

Saben quiénes han trabajado por lograr el cambio y democratizar al país y quiénes, por el contrario, buscan mantener el statu quo. Y allí es precisamente donde aparece Machado; van a verla a ella porque nadie, en estos 27 largos y oprobiosos años, levantó al país como lo hizo ella. Casi nadie habló de libertad con esa consistencia. Y casi nadie entendió el tamaño de la tiranía para hacerle frente en todos los tableros posibles. A María Corina la fueron a ver y escuchar, aguantando horas de sol, porque su causa es nuestra causa. No es al revés; ella no “es el pueblo”, como alguna vez dijo el autócrata populista padre de nuestra desgracia. No. Ella es la cabeza de un movimiento social y político que la trasciende como persona, aunque ahora sea, también, un símbolo de lucha democrática.

La convocatoria era a las 5 de la tarde y Machado junto con su equipo, llegó pasada las 6 de la tarde. Para esa hora ya estaba desbordado el parque y sus alrededores. Las tomas aéreas son tremendas. Su discurso fue una pieza de alta política: primero hizo un recuento histórico de todo lo que hemos hecho, desde aquel primer hito político de la elección primaria de 2023 hasta nuestra situación actual. Luego describió las derrotas que le hemos dado a la tiranía chavista: la espiritual, la política, la electoral e incluso la militar, esta última por parte de Estados Unidos a quien agradeció (como muchos venezolanos también lo hacían incluso llevando la bandera estadounidense junto a la venezolana y la chilena). Seguidamente nos invitó a recordar los aromas y los sabores que más extrañamos de Venezuela y nos invitó a imaginar que volvíamos y los probábamos de nuevo en cada lugar de nuestra tierra.

Y finalmente nos dio tareas, porque esta lucha no solo no ha parado, sino que ahora debe darse con una fuerza todavía mayor: primero, ser agentes de la esperanza y apartar a aquellos que tienen como tarea (algunos ahora sin verificados en X, agrego yo), decirnos todos los días que no se puede, que el chavismo es invencible y que no merecemos ser libres; luego, a exigir cada vez más cosas en este proceso de desmantelamiento del sistema criminal y para ello usó como referencia lo que ocurrió este mismo jueves en Caracas donde los trabajadores en su protesta salarial, rompieron el cerco policial y lograron llegar hasta el edificio de la Asamblea Nacional; y tercero, a organizarnos para lo que viene ahora, que es terminar de ponerle fin a esta tiranía e ir hacia un proceso electoral real, transparente y sin proscripción. Ese discurso de unos 45 minutos tuvo a cada momento la presencia de niños que pedían subir a la tarima. La mayoría de ellos pidiendo poder volver a su país. María Corina no dejaba de mencionar que precisamente por esa razón es que el chavismo no pudo derrotarnos: porque lo que hacemos, lo hacemos por nuestros hijos. Su liderazgo conectó con una cultura popular matricentrada que la profesora Mirla Pérez describe como: la idea de que alguien no abandona a su gente. Y ella no ha abandonado a la gente ni física, ni moral, ni política, ni mentalmente.

Debo decir que se trató de un acto realmente hermoso. Me llevó de nuevo a Venezuela y me dejó claro que la decisión de ser libres no es algo que pueda modificarse. No importa lo que hagan los bárbaros y sus colaboradores, no importa cuánto traten de convencernos de que nuestra única aspiración posible es una jaula más grande. No lo van a lograr. Y creo que allí radica todo lo que vimos en Chile: la gente. Ese factor que muchos “análisis” obvian cuando hacen diversos escenarios que por lo general no se acercan a la libertad. Olvidan a un país donde un tercio de su gente se fue pero que está más unido que nunca. Olvidan que la mente de los jóvenes jamás pudo ser colonizada y aun sin haber vivido en democracia, la anhelan y luchan por ella. Olvidan que el ciudadano entiende, que se informa, que sabe perfectamente quién es quién y que ya ha decidido quién es su líder en este camino. Una líder que es humana, que se equivoca, pero una líder que genera lo que genera porque, cuando casi todos apostaron al silencio, ella decidió gritar libertad. Y ya saben, ustedes, lo que decía José de San Martín sobre eso.

Este corto texto pretende ser apenas una tímida crónica de lo que fue la visita de la premio Nobel de la Paz a Santiago de Chile y de su reencuentro con los venezolanos. Pero no puedo dejar de comentar lo que esto significa políticamente: es la previa. Es una muestra de lo que va a significar su regreso a Venezuela. Los venezolanos desbordaron el centro santiagueño. Muchos otros (como Jorge, el Uber que tomé justo después del evento) no pudieron ir por trabajo, pero estaban igual de emocionados. Y esto ocurrió en el país con la cuarta migración más grande de nosotros; ocurrió sin demasiado tiempo de aviso; ocurrió a pesar de que muchos “análisis” aseguraban que Machado se estaba quedando “sin capital político”.

Temen mucho, porque el deseo de libertad de casi todo el país va a volver a tener la cabeza que canalizará dicho deseo en el terreno. En su terreno. Porque María Corina no es “caos” como dictan las líneas oficiales; María Corina es orden. Orden para asegurar que las tres fases planteadas se cumplan, y la última de esas fases es la de un gobierno electo por la gente. ¡LA GENTE! Es la de un gobierno legítimo. Es la de una transición real hacia la democracia, pues sin una República libre y con Estado de derecho, nada de los avances que ocurran ahora serán perdurables.

Chile fue la previa. Venezuela espera.

PD: Gracias por la conversación, María. Que la próxima sea en Caracas.

Lee y comparte
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
Más de Contexto