Un cañonazo más retumbó en la imaginación de los venezolanos. Empezaba el año 1965. De inmediato, todos adelantaron los relojes media hora para dar la bienvenida al nuevo huso horario que, a partir de ese momento, adoptaba el país.
Empezaban así doce meses signados por una intensa actividad guerrillera. Sin embargo, varios hechos positivos brotaron con rebeldía entre la violencia. Como lo fue nuestro primer campeón mundial de boxeo en los guantes del “Morocho” Hernández, o la primera participación de Venezuela en una eliminatoria para el Mundial de Fútbol. También, esos meses Radio Caracas Televisión estrenó El derecho de nacer, primera telenovela con capítulos de una hora, aquel drama que por más de dos años reunió cada noche a los vecinos de la cuadra, así, apurruñaditos en las salas de las casas en las que había un televisor.
El béisbol, por su parte, no iba a dejar de ser protagonista. Una noticia se asomó leve, en principio como un rumor que fue tomando fuerza hasta saberse cierto. La fanaticada de la pelota supo entonces que la Liga avanzaba hacia su primera expansión. Y vaya que aquello debió ser todo un acontecimiento, uno que puede haber dejado a muchos sorprendidos, dada la dinámica que la pelota profesional había mostrado a lo largo de su existencia en el país.
Y es que, así como sucede en otros deportes, el talón de Aquiles de nuestro béisbol organizado ha sido siempre el factor económico. Desde la fundación de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), hasta el año 1965, solo Caracas BBC había sobrevivido aquellas tempestades. Doce equipos distintos habían participado en la Liga en sus casi veinte años de existencia, cada uno sustituyendo a otro que fallecía con los libros en rojo.
Entonces, en lo que para el fanático común podría haber parecido un hecho salido de la nada, la Liga dio a conocer la decisión que se antojaba contracorriente: dos franquicias nuevas serían incorporadas a la fiesta para la temporada 65-66. Léase bien, no se trataba, como solía suceder, de dos equipos que venían a sustituir a otros que vendían su franquicia, sino de la creación de dos nuevas que se unirían a Leones, Magallanes, Tiburones e Industriales. Y la novedad no se limitaba solo a eso, sino que también, con la incorporación de Barquisimeto (con casa alterna en Carora) y Maracay como ciudades sedes de los nuevos inquilinos, las plazas en las que hasta el momento se jugaba se ampliarían de dos (Caracas y Valencia) a cuatro. Varios factores confluyeron en armonía para tomar tal decisión. Vamos a pasearnos por ellos.
El mercado
La motivación que impulsaba la expansión era el deseo de los directivos de estabilizar el negocio. La apuesta consistía en que la incorporación de dos nuevas plazas lo haría más atractivo y competitivo, ampliaría la base de seguidores y permitiría avanzar en la consolidación de la Liga a nivel nacional.
Diez años antes, en 1955, Industriales de Valencia se había convertido en el primer equipo de la LVBP en fijar sede fuera de Caracas. Un año después lo hizo Indios de Oriente que, si bien fijó sede en Puerto La Cruz, realizó la mayoría de los juegos como Home Club en el Universitario de la capital. Luego, cuando en 1964 Magallanes sustituyó a Oriente, la sede de la franquicia regresó a Caracas.
La experiencia de Industriales, que con sede en la ciudad de Valencia había logrado cosechar éxitos que le mantenían a flote, animaba la aventura. El caso Industriales tomaba más valor al contrastarlo con los continuos fracasos que exhibían aquellas novenas que habían intentado establecerse en una capital saturada y sin lugar para fanáticos que no fuesen de Leones o Magallanes. Sí, en la ciudad de Caracas no había mercado para un equipo más, algo que los hechos dejaban claro cada vez que una nueva divisa intentaba penetrar.
La Guaira, que había ingresado a la Liga tan solo dos años antes, si bien tenía su sede en la capital, gozaba de cierta estabilidad gracias tanto a su origen bien arraigado en el Litoral, como a las bondades que la nueva autopista brindaba a una fanaticada que, partiendo desde Maiquetía, en tan solo veinte minutos podía estar sentada en el Universitario. Hoy en día, viviendo en la misma ciudad de Caracas, un fanático de Leones que resida en el este puede echarse más de ese tiempo en llegar al estadio de La Rinconada. Esto permitió a Tiburones crecer de manera sostenida, hasta el punto de lograr cuatro coronas y tres subcampeonatos en sus primeros diez años en la Liga.
Quienes conformaban la LVBP tenían entonces suficientes razones para mirar con optimismo la incorporación de las nuevas sedes al negocio. No obstante, había otros aspectos que atender.
El capital humano
Cuando se habla de expandir una liga profesional, un fantasma que suele aparecer es la posibilidad de que el espectáculo pierda calidad si no existe el material humano apropiado para cubrir el aumento de puestos que supone el proceso. En el caso de la LVBP, los dos equipos que en 1965 pasarían a formar parte de la organización representaban alrededor de 50 puestos adicionales para peloteros.
Pues bien, este era un punto para el que también había elementos que brindaban tranquilidad. Uno de ellos era el aumento de talento en desarrollo que el país experimentaba por aquellos días, lo que brindaba un razonable inventario de nuevos prospectos. Por otra parte, la Liga Occidental de Béisbol Profesional (LOBP) había cesado operaciones apenas dos años antes (1963), despedida que dejó disponible un arsenal de jugadores solventes, entre ellos a un tal Luis Aparicio Montiel, además de un equipo Cardenales que empezó a tocar con insistencia las puertas de la Liga central. Así que, pa’ lante por ese lado, la Liga podía contar con material de la talla necesaria para cubrir las nuevas plazas, además de, por supuesto, el siempre necesario comodín de la importación.
La economía
Y como ni siquiera un Ferrari anda sin energía, todo este tema de la expansión hubiese quedado en deseos si el panorama económico del país hubiese sido adverso; pero no: a mediados de los sesenta Venezuela vivía un buen momento. El país exhibía una excepcional estabilidad monetaria, con uno de los índices de inflación más bajos del mundo, un aumento importante del consumo privado y de la inversión bruta fija, además de un crecimiento industrial impulsado por la sustitución de importaciones y el fortalecimiento de una industria petrolera que contaba con cerca de diez mil pozos activos en manos de 29 empresas extranjeras, con un precio del barril estable gracias a la recién creada OPEP.
Así que…
La mesa estaba servida. El momento de crecer fuera de la capital había llegado, y así sucedió. El 15 de octubre de 1965, en el Estadio Olímpico de Lara, en la ciudad de Barquisimeto, Cardenales debutó en la LVBP con victoria de 4 a 0 sobre Leones del Caracas. Mientras tanto, los Tigres de Aragua hacían lo propio en el renovado y rebautizado José Pérez Colmenares de Maracay, solo que la victoria les fue esquiva y cayeron 2 por 1 ante Industriales de Valencia.
El tiempo probó que la fórmula era la correcta. Nadie, nunca más, osaría intentar penetrar el mercado de fanáticos caraqueño y, salvo el caso de Industriales —que terminó convertido en Águilas—, el sistema de franquicias al fin se estabilizó en el tiempo.
