En la aldea
06 marzo 2026
Transitamos un drama de antagonistas

Una historia sin héroes

Entre tiranías que oprimen a sus pueblos y potencias que deciden intervenir sin consenso internacional, la realidad es incómoda: esta es una historia sin héroes, pero con millones de víctimas.

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Julio Túpac Cabello | 06 marzo 2026

Un conocido iraní, homosexual, que viven en Madrid, sintió enorme alivio el pasado 28 de febrero, al saber que el Ayatollah Jamanei había sido asesinado por un ataque ordenado por Donald Trump. “Si no me hubiese venido (a España) ya estaría muerto, dijo, como mi mejor amigo, que fue ahorcado por ser gay”. 

Para entonces, los iraníes y los venezolanos nos parecíamos: mientras el mundo reclamaba la ruptura del orden internacional, los ciudadanos de ambos países nos preguntábamos dónde estaban esos dolientes durante las décadas en que sendos regímenes autoritarios habían reprimido, torturado, asesinado y desaparecido a nuestros compatriotas. 

Días después, el panorama parece distinto. Donald Trump, un hombre ajeno a la historia geopolítica internacional, que repara muy poco en el delicado tejido de balances que ha creado el mundo después de la Segunda Guerra Mundial, le ha encontrado el gusto a un universo con el que antes era cauto y distante: el mundo bélico. 

Los mismos votos que le dieron la presidencia (la que intentó robarse fallidamente) le dieron el don de mando para dirigir las fuerzas armadas más poderosas que haya conocido el planeta. Y ha empezado un fuego del que se supo el principio, pero del que no se sabe el final. 

El problema, como sintetiza la corresponsal de El País en Teherán, es que “Irán no es Venezuela”. Se trata de un régimen religioso y radical, que está dispuesto a arrasar con lo que haya que arrasar antes que perder el poder, y no ha dudado en mandar misiles a todos los vecinos en los que Estados Unidos tiene bases. 

La mano de Netanyahu -un político que le debe mucho a la justicia, harto conocido por ultra conservador, y después del genocidio palestino, un flagrante ejemplar de crueldad con las manos manchadas de sangre-, además, no es un pájaro de buen aguero. 

Para quienes tienen pereza de las contradicciones, se conformarán con sus consignas de izquierda, sus incondicionalidades a la neoultraderecha internacional o serán indiferentes. Pero para quienes quieren tratar de entender esta historia tan verazmente como se pueda, este es un escenario dramático complejo: porque resulta que los que han sido las fuerzas antagónicas (inmisericordes con la migración, racistas con el pueblo palestino, desdeñosos y acechados por la Justicia) han enfrentado a antagonistas aún peores (las nomenclaturas chavista e islámica de Irán, muy distintas entre sí, pero ambas crueles y perversas). 

Entonces es verdad que Donald Trump (acompañado de quien es aún más impresentable), sin siquiera molestarse con conversarlo con el resto de Occidente, extrae a Maduro y bombardea Irán. Dos regímenes asesinos cuyos pueblos no contaban con el apoyo internacional para salir de ellos, y al mismo tiempo, son dos actos que han roto con un equilibrio sumamente cuidado por 70 años de posguerra, pero que parecen ser el reflejo de cierto hastío global por la socialdemocracia y los acuerdos políticos. 

Dos clanes criminales distintos tienen dos casas secuestradas, pero viene un capo con un arsenal mayor y ataca a los clanes criminales. Uno de ellos, más corrupto que ideológico, decide negociar si eso implica mantener algo de poder, el otro, mucho menos tolerante, decide disparar a las casas vecinas y está dispuesto a quemar la propia casa que tiene secuestrada antes que negociar con el capo mayor. 

Es una historia sin héroes, pero con víctimas. Millones de víctimas. Demasiados millones.  

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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