En la aldea
06 marzo 2026

Nuevas primarias para una encrucijada inédita

El debate dentro de la oposición gira alrededor de un punto clave: la necesidad de convocar una nueva elección presidencial que legitime la transición.

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Alejandro Reverón | 06 marzo 2026

A dos meses del 3 de enero el país se encuentra en una encrucijada inédita, con tres actores políticos principales: el régimen bajo el control de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, el Gobierno de Estados Unidos, que ha propuesto una ruta de tres fases para llegar a una transición y las distintas fuerzas opositoras tratando de entender cómo participar e influir en un proceso transicional.

El régimen ahora está bajo una situación inédita en sus largos 27 años de control político (y social y económico), sometido a la presión del Gobierno de Estados Unidos para ir a una transición, y conteniendo las presiones que existen a lo interno de su propia estructura.

El Gobierno de Estados Unidos tratando de conducir una transición en Venezuela que sea potable para su política interna y externa, con la ascendencia que le da la operación del 3 de enero tanto sobre el régimen como sobre la oposición.

Las fuerzas de oposición tratando de entender su lugar en este proceso. Cada vez es más difícil mantener la defensa del 28 J, en la medida en la que va ganando terreno la opción de ir a una nueva elección presidencial. Incluso María Corina Machado ha planteado la necesidad de una nueva elección presidencial.

La ruta hacia la transición es incierta

La ruta hacia la transición en este momento es incierta. El régimen busca un balance entre satisfacer las demandas del Gobierno de Estados Unidos, evitando en lo posible deteriorar sus equilibrios políticos y económicos internos, y ganar tiempo. El Gobierno de Estados Unidos avanza aceleradamente en su control sobre el proceso, y cada día se van conociendo más y más aristas de cómo va fijando directrices a las autoridades a cargo de Venezuela.

La incertidumbre es aun mayor en las fuerzas opositoras. Se espera el regreso en las próximas semanas de María Corina Machado. A todos sorprendió la presencia de Enrique Márquez en el Discurso de la Unión, y sus declaraciones posteriores apuntan a la intención de participar en la elección presidencial. Hasta el momento no se intuyen otras candidaturas, pero si la elección tiene unas condiciones mínimas, es previsible que aparezcan otras candidaturas.

Es inevitable una nueva elección

Como señalaba, en lo que sí hay un consenso es en que debe haber una nueva elección. El Gobierno de Estados Unidos, María Corina Machado y ahora Enrique Márquez están en la misma línea: debe haber unas nuevas elecciones que legitimen la transición política.

Hasta hace pocos días, podía ser fácil argumentar que la candidata presidencial de la oposición debía ser María Corina Machado. Al fin y al cabo, los resultados del 28 J se deben fundamentalmente a su esfuerzo, y ella hubiera sido la candidata presidencial si el régimen entonces bajo el control de Nicolás Maduro lo hubiera permitido.

Pero las declaraciones de los últimos días de Enrique Márquez muestran que otros dirigentes políticos aspirarán a competir en la elección presidencial. Por ello, no sólo parece que iremos a una elección. Parece que, al día de hoy, podemos ir a una elección con al menos dos candidatos en el lado opositor.

Ese sería el sueño de las autoridades a cargo en Venezuela.

Nuevas primarias

En tiempos de crisis de legitimidad y representatividad, lo que corresponde es mirar al soberano: parece necesario que se convoquen nuevas elecciones primarias para elegir a un candidato opositor a quien sea que sea el candidato del oficialismo en las elecciones presidenciales que deben ocurrir dada la ausencia absoluta de Nicolás Maduro.

Una nueva elección para elegir al candidato presidencial opositor sería una forma de encarar varias elefantes en la habitación: (a) la necesidad de plantear claramente a los otros dos actores (oficialismo y Gobierno de Estados Unidos) un calendario electoral que no debe prorrogarse innecesariamente; (b) la conveniencia de reunificar y cohesionar a los aparatos partidistas; (c) bien administrada, puede ser un proceso para el reencuentro de las distintas fuerzas opositores en un objetivo común y superior; (d) la necesidad de reiniciar la movilización de ciudadanos alrededor de una iniciativa política concreta, y (e) la utilidad de ir a una elección presidencial con un solo candidato, que evite que el régimen promueva varias candidaturas “opositoras” para dividir al electorado.

Sobre todo, es la posibilidad de que las fuerzas opositoras participen en la narrativa política del momento, fomentando que se empiece a concretar más temprano que tarde el calendario electoral para la elección presidencial.

Las primarias para elegir a Henrique Capriles como candidato para las elecciones presidenciales de 2012 y las primarias para elegir a María Corina Machado para las elecciones presidenciales de 2024 fueron buenos precedentes para resolver acertadamente varios problemas políticos en ambas ocasiones: mirar al soberano (casi) siempre es una buena idea.

Quizá sea la ruta que permita a la oposición una vez más cohesionarse para trabajar en conjunto, a pesar de las diferencias.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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