En la aldea
19 febrero 2026

El racismo es una enfermedad

El deporte debería ser sagrado y estar libre de cualquier valor negativo para la humanidad. Debería ser un templo donde se deje por fuera cualquier conflicto, cualquier vicio, cualquier mal ejemplo. Es lamentable que estemos lejos de eso.

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Andrés Schmucke | 18 febrero 2026

El histórico grupo de ska venezolano, Desorden Público, tiene un disco legendario llamado Plomo revienta. En ese disco, todas, absolutamente todas las canciones son buenas, y hay una que está sonando en este momento en mi cabeza mientras escribo esto: “el racismo es una enfermedad del espíritu, el cuerpo, el alma y la mente”.

Lo que vivió Vinicius Jr. el pasado martes en el estadio Da Luz, en Portugal, durante el encuentro de Champions League en el que su equipo, el Real Madrid, le ganó al Benfica, fue realmente bochornoso. No es la primera vez que en un campo de fútbol se dice o se escucha un insulto racista. No es la primera vez que Vini es blanco de ese tipo de acciones. Pero sí tiene que ser una de las primeras veces en las que un jugador del equipo rival es quien le lanza un “mono”, no una, sino cinco veces, como afirmó otra de las estrellas del equipo merengue, el francés Kylian Mbappé.

Todo sucede después de que el delantero brasileño marcó un golazo y va a celebrarlo con un bailecito en el banderín del córner. Algunos jugadores del Benfica se molestan con la celebración y se lo hacen saber. Hasta allí, todo bien. Algo normal en un partido de fútbol.

El equipo portugués se prepara para sacar desde el centro del campo y es aquí cuando sucede algo insólito. El argentino Gianluca Prestianni se acerca a Vinicius, se sube la camiseta del Benfica hasta la nariz para taparse la cara y le suelta un “mono” al brasileño varias veces.

Vini va a donde está el árbitro, le dice lo que acaba de pasar y el colegiado activa inmediatamente el protocolo antirracismo de la UEFA. El partido se paraliza durante diez minutos y al final no pasa nada. ¿Por qué no pasa nada? Porque no hay forma de corroborar lo que el brasileño y Mbappé afirman. No hay imágenes que lo demuestren. Lo único que se ve es al jugador del equipo portugués subiéndose la camiseta para taparse la boca, pero es evidente que algo dijo y es evidente que lo que dijo no fue bueno.

Pasan diez minutos y el partido sigue con Prestianni en el campo. Cero amonestación. Entonces, ¿qué sentido tiene un protocolo antirracismo?

En sus redes sociales, Vinicius Jr. publicó un comunicado en el que se puede leer lo siguiente: “los racistas son, ante todo, cobardes. Necesitan ponerse la camiseta en la boca para demostrar lo débiles que son”. Una sentencia poderosa, sin ninguna duda.

Recuerdo, hace muchos años, un partido del Barcelona contra el Villarreal en la Liga española. El lateral brasileño Dani Alves va a cobrar un córner a favor de los blaugrana y un aficionado del Villarreal le lanza una banana, queriéndole decir, pero sin decirlo: “toma, mono, aquí está tu banana”. Alves toma la fruta, la pela, se la come y cobra el córner. La imagen se convirtió en un poderoso mensaje contra el racismo en el fútbol.

Vinicius Jr. ha tenido que soportar pitos e insultos dentro de un campo de juego por su forma de jugar, por sus bailes y, a veces, por sus burlas a los contrarios. Eso no lo hace la persona más querida o simpática, pero que intenten humillarte por tu color de piel y que esa humillación venga de un compañero de profesión es desbordar un vaso que ya estaba bastante lleno.

“Tenemos que dar el ejemplo para todos los niños que nos miran. Hay cosas que no podemos aceptar”. Esas palabras de Kylian Mbappé dejan un mensaje claro: el racismo se tiene que combatir dentro y fuera del campo.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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