En la aldea
28 enero 2026

Un plan realista para Venezuela: hoja de ruta para la estabilización económica

Venezuela enfrenta una oportunidad excepcional para reconstruirse tras años de colapso, pero no existen soluciones mágicas. Sin reglas claras, disciplina fiscal, protección social focalizada e instituciones creíbles, cualquier recuperación será frágil. El verdadero desafío no es prometer milagros, sino construir un Estado que funcione y perdure.

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Ángel Alvarado | 28 enero 2026

Tras más de una década de colapso económico, Venezuela se encuentra ante una coyuntura excepcional para reconstruir sus capacidades estatales, superar la fragilidad institucional y recomponer su economía. Hacerlo exige evitar la repetición de ciclos de ilusión y desencanto, y optar por un camino realista, con prioridades bien definidas y plazos honestos. La experiencia nacional y comparada muestra que no existen atajos: ni el petróleo ni un liderazgo fuerte, por sí solos, reconstruyen una economía. Lo que sí puede hacerse, y es indispensable, es restablecer reglas, reconstruir la confianza y fortalecer la institucionalidad

Venezuela es una economía parcialmente dolarizada, un Estado con escasa capacidad y una sociedad golpeada. En ese contexto, una agenda por etapas, es la mejor póliza contra falsas expectativas y promesas imposibles.

Sentar las bases

La estabilización no es para “resolverlo todo”, sino para ordenar el tablero y mejorar las condiciones de vida de los venezolanos: pensionados, estudiantes, trabajadores, amas de casa. Para ello es fundamental

  1. Régimen monetario claro. Venezuela debe remonetizar el bolívar (con anclas y metas verificables). La ambigüedad actual, en la que pensamos en dólares pero regulamos en bolívares, solo alimenta la desconfianza y la incertidumbre.
  2. Marco fiscal con reglas. Un presupuesto creíble, reglas fiscales simples y cláusulas de escape para choques. Sin disciplina fiscal, cualquier intento de estabilización se derrumba.
  3. Paquete legal mínimo y creíble. Reforma de la Ley de Hidrocarburos, acompañada de salvaguardas judiciales que garanticen la inversión: contratos estándar, arbitraje independiente y menor discrecionalidad. No hace falta reescribir todas las leyes; sí enviar una señal nítida: las inversiones están garantizadas y las inversiones pueden ser de largo plazo.
  4. Protección social focalizada. Levantar un registro social confiable y canalizar, de forma transparente, las transferencias directas a los más vulnerables. Esto sostiene la legitimidad de las reformas y evita que la inflación sea el impuesto de los pobres.

Reconstruir con credibilidad

Con las bases puestas, viene la prueba de fuego: reconstruir la casa.

  1. Reforma gradual de las empresas públicas. Empezar por juntas directivas profesionales, con objetivos medibles y reportes públicos. Separar la gestión de la política, evitando privatizaciones improvisadas sin reguladores competentes.
  2. Petróleo con estándares.Licitaciones competitivas para empresas mixtas, contratos transparentes y plantillas conocidas. La opacidad espanta tanto al capital como al riesgo país.
  3. Reguladores independientes. No es tecnocracia de lujo: es la base de la confianza. Sin árbitros creíbles, las reglas no valen.
  4. Hoja de ruta para la deuda. Un plan de reestructuración que dialogue con un ancla fiscal de mediano plazo. Sin resolver el peso de la deuda, el crédito no regresa con fuerza.
  5. Instituciones que perduren.Autonomía operativa del Banco Central, reglas de contratación pública contra la discrecionalidad y mecanismos simples de rendición de cuentas. No hacen titulares, pero sostienen la estabilidad.

Sin espejismosVenezuela no necesita milagros: necesita institucionalidad. Esa es la moneda más escasa y, al mismo tiempo, la más valiosa. Si los próximos meses se gestionan con reglas claras, orden fiscal, protección social inteligente y un marco petrolero creíble, la economía dejará de vivir al borde del abismo. Ese es el verdadero punto de partida.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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