En la aldea
16 enero 2026

Pluribus: el fin de la guerra, el fin de la cultura

La serie no prioriza la acción constante, sino la construcción de una atmósfera inquietante, perfecta y profundamente inhumana. Una reflexión incómoda sobre el precio de la paz absoluta y sobre lo que dejamos de ser cuando dejamos de pensar por nosotros mismos.

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Eduardo Escobar Amaya | 16 enero 2026

En las discusiones públicas acerca de la nueva serie de Apple TV+, Pluribus, un elemento frecuente que me he encontrado son las quejas sobre lo “lenta” que es la serie. Esto es algo que me sorprendió, pues “lenta” no es la palabra que yo utilizaría para describirla. No es “cine lento” como las películas de Kelly Reichardt, o la película clásica Jeanne Dielman. Es una serie de ciencia ficción en la que, en todos los capítulos, la trama avanza un poco o los personajes se desarrollan más.

Entiendo que no es, quizás, como algunas otras series de ciencia ficción. Me parece justo argumentar que, por ejemplo, Severance es una serie que tiene mucho más momentum que Pluribus, en la que pasan más cosas en cada capítulo. Pero la palabra que yo utilizaría para describir Pluribus es “metódica”. Y Vince Gilligan, el creador de la serie, es alguien que conoce los métodos de hacer televisión.

El concepto detrás de Pluribus es bastante sencillo. La mayoría de la humanidad ha sido combinada, absorbida, para formar una sola entidad, una sola mente. Por lo tanto, se acabaron las guerras, los asesinatos y el conflicto humano. El otro lado de la moneda es que también se acabaron el arte, el amor, la cultura y la sociedad. A esta nueva entidad solamente le interesa la propagación del virus que la mantiene unida. Hay aproximadamente doce personas inmunes en todo el mundo, y una de ellas es nuestra protagonista, Carol Sturka, interpretada por la excelente Rhea Seehorn.

Pienso que parte de la razón por la cual Pluribus podría ser una experiencia frustrante, si se la ve con expectativas erradas, es que no es una serie cuya mayor prioridad sea la trama. Al final del episodio 4, Carol está finalmente haciendo preguntas que quizás el espectador hubiese querido formular al final del primer capítulo. Al final de la temporada, las cosas han cambiado, como en cualquier buena serie de televisión, pero en formas sutiles: no hay un cambio explosivo en el status quo, pero vemos cómo el momentum empieza a acelerar hacia una dirección diferente, hacia el futuro.

Sin duda, parte de la frustración que las audiencias podrían sentir es que, como muchas series de televisión prestige hoy en día, la segunda temporada de Pluribus no saldrá sino hasta dentro de, como mínimo, dos o tres años. Esto no me parece ideal, pero tampoco me parece justo señalarlo como un problema exclusivo de Pluribus, cuando es una tendencia bastante más general.

Parte de la experiencia de ver Pluribus es observar secuencias largas en las que la entidad hace cosas. Al principio, podría parecer normal: son cuerpos humanos llevando cajas, manejando autos, procesando documentos. Pero lo hacen todo con una coordinación perfecta, inhumana, y lo peor es que no se comunican entre ellos, porque todos comparten la misma mente, y tu mano izquierda no tiene que hablarle a tu pie derecho para que logres caminar.

Así, sentarse a ver Pluribus es sentarse a ver secuencias extensas, sin diálogo, de personas coordinadas haciendo alguna tarea que, eventualmente, descubriremos cómo se vincula con la trama del episodio en cuestión. Para los seres humanos que se encuentran dentro de “la entidad”, la individualidad ya no existe. La entidad no tiene opiniones. La entidad ama a todo el mundo, y a todos por igual. Las personalidades individuales dentro de la entidad son imposibles de manifestarse. El costo humano es real, y lo que dejó la humanidad es algo diferente, extraño, y que se siente alienígena.

Así, Pluribus es una serie, en gran parte, acerca de una atmósfera alienígena, tétrica y “perfecta”.

Pluribus es televisión prestige y, para ese estándar, quizás sí es una serie lenta. Pero también es una serie construida con una delicadeza y una intencionalidad que demuestran habilidades increíbles para crear televisión por parte del equipo creativo que la trae a la vida. Vince Gilligan fue el creador de Breaking Bad y co-creador de Better Call Saul, y me parece justo decir que es un hombre con experiencia haciendo buena televisión.

Me emociona pensar qué le depara el futuro a Pluribus. Solo desearía que ese futuro estuviese un poco más cercano.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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