La intervención de Estados Unidos este 3 de enero de 2026 cambia la historia de Venezuela, y la fecha se suma a otras claves de la era del chavismo, como la muerte de Chávez en marzo de 2013 y los hechos del 11 al 14 de abril de 2002. Pero ahora, ¿hacia dónde nos dirigimos?
1. El presidente de facto ya no está
Hay que empezar por el principio: Nicolás Maduro gobernó Venezuela desde finales de 2012, siempre rodeado de ilegitimidad: primero, porque asumió tras la muerte de Chávez sin convocar de inmediato a elecciones; luego, por las dudas sobre la elección de 2013, la farsa de 2018 y el robo de 2024. En el camino, terminó de destruir la economía y reprimió, encarceló y mató más que su predecesor. Venga lo que venga, su detención es una buena noticia.
2. Su salida no podía darse de otra manera
Que Maduro haya salido del poder únicamente tras una operación militar estadounidense confirma que no había elección, manifestación popular, presión económica vía sanciones ni negociación diplomática que pudiera sacarlo del poder. Se atornilló, y pese a haber tenido alternativas —tanto en el pasado como en estos últimos días— para un exilio en relativa paz, decidió quedarse y arriesgarse. Solo las armas podían removerlo.
3. La amenaza fue creíble
Desde 2019, y quizás antes, se viene debatiendo si las amenazas de Estados Unidos eran o no reales; si generaban o no temor dentro de las filas del chavismo para forzarlos a tomar acciones y cambiar su curso. Muchos pensaron —a menudo yo entre ellos— que una acción militar dentro del territorio nunca se llevaría a cabo, al menos no de forma tan directa. Pero al final pasó y, venga lo que venga ahora, la amenaza de futuros ataques militares será creíble, y las acciones de quienes aún dirigen el país se tomarán con ese pensamiento en el fondo de la cabeza.
4. Delcy Rodríguez es la lógica presidenta temporal…
Que Estados Unidos negocie o se entienda con Delcy Rodríguez para que esté al mando de este período inicial es entendible. Más allá de la ilegitimidad de origen, es la vicepresidenta de facto y puede reunir al chavismo y evitar que el país caiga en un colapso de violencia entre distintos grupos armados luchando por el poder. La Fuerza Armada sigue sin mostrar voluntad de respaldar un cambio real en el país —la misma actitud que en 2024 y desde mucho antes—, por lo cual María Corina Machado y Edmundo González Urrutia no pueden simplemente aterrizar en Miraflores.
5. …pero su rol debe limitarse a abrir la ruta a la democracia
El problema con las declaraciones y acciones de Estados Unidos desde el sábado es que la exigencia de que eventualmente regrese la democracia a Venezuela no parece estar entre las prioridades. Una cosa, lógica, es aceptar a Rodríguez momentáneamente para buscar cierto orden; muy distinto es darle un espaldarazo sin fecha de vencimiento. Aún es temprano y mucho se está discutiendo en privado, pero de momento el deseo de Estados Unidos parece ser que Delcy Rodríguez satisfaga sus necesidades económicas. Si lograra mantener contento a Trump y compañía, ¿se olvidarán de las exigencias de apertura democrática?
6. Rodríguez puede convencer a Trump, ¿pero si no lo logra?
Aunque no será un camino sencillo, la nueva presidenta temporal de facto parece ser suficientemente hábil como para mantener la unidad interna y dar pasos suficientes que le den a Trump el triunfo personal de tener una marioneta en Caracas. Podríamos ver reuniones con ejecutivos estadounidenses, e incluso con el propio Richard Grenell, en Miraflores próximamente. Pero ¿qué pasa si no convence a Washington? La amenaza militar, como ya dijimos, sigue siendo real, pero Estados Unidos no puede estar atacando Venezuela de forma rutinaria. Además, si Rodríguez no convence, ¿a quién buscaría Trump como tercera opción? ¿A más personajes dentro del régimen?
7. Trump manda, pero no ilimitadamente
Sobre futuros ataques, es bueno resaltar que, aunque ciertamente posibles, no deben verse como un recurso más. La detención de Maduro tomó meses de planificación y seguimiento, de la CIA, de fuerzas especiales militares, de recursos legales y de cierta aceptación global sobre la naturaleza específica del dictador venezolano. Le salió bien a Estados Unidos, pero futuras acciones podrían dejar bajas, algo inaceptable para ese país. En los próximos días es probable que veamos a congresistas republicanos celebrar esta acción, pero también buscar vías para reducir las ambiciones intervencionistas de Trump, sobre todo ligadas a declaraciones sobre Groenlandia, Colombia o México.
8. ¿Delcy para rato?
Lo dicho antes: Rodríguez podría moverse por esta cuerda floja con éxito, pero no será un camino fácil. De momento, se reúne con el gabinete en pleno y con las figuras de mayor peso. La nueva Asamblea Nacional seguramente le dará su respaldo. Pero una vez que empiece a tomar las acciones que Estados Unidos exige, habrá que ver si la tolerancia interna se mantiene. ¿Dejará de enviar petróleo a Cuba? ¿Liberará presos políticos, y a cuántos? ¿Reducirá el poder de Diosdado Cabello? Más allá de sus declaraciones —que ya empiezan a sonar más conciliatorias con Estados Unidos—, enfoquémonos en sus acciones.
9. El chavismo, a largo plazo, parece insostenible
Muchos a mi alrededor se desilusionaron rápidamente tras el arresto de Maduro. El respaldo a Delcy implica la continuidad del régimen y no una apertura. Cayó el tirano, pero no la tiranía. Sin embargo, creo que aun si Rodríguez y su entorno se mantienen en el poder con Estados Unidos como aliado y sin una apertura significativa, a largo plazo la situación luce distinta. ¿Realmente podría gobernar Rodríguez durante 13 años —los mismos que Chávez y Maduro— siendo tan dependiente de Estados Unidos? ¿Qué pasa si las exigencias de Washington cambian o cuando llegue un nuevo gobierno en 2029? En el camino, la presión de la oposición y de otros gobiernos extranjeros puede pesar más que en el pasado para exigir pasos hacia la democratización, aunque sea en el mediano plazo.
10. La oposición tiene que jugar
Y aquí viene el rol principal que le queda ahora a la dirigencia opositora. Tiene que tener mayor presencia tras el papel secundario que jugó el fin de semana; su rol ahora es otro. Con la delicadeza necesaria, dadas las formas actuales de la Casa Blanca, Machado, González y compañía deben seguir exigiendo la restitución de la democracia y el respeto a la voluntad de los venezolanos. Cualquier paso que dé el “nuevo” gobierno debe ser acompañado por esta exigencia.
Deben darse señales de cambio, no solo en lo económico sino también en lo político: liberación plena de los presos políticos, legalización de partidos, retorno de exiliados y apertura de los medios. Poco a poco, pero el avance debe exigirse, y debe exigirse con fuerza. En estos momentos clave, no se puede seguir siendo un actor de reparto. Parece haber espacio también para que surjan nuevos liderazgos.
