Este texto puede leerse de la forma que prefieras. Puedes empezar por lo que quieres leer o por lo que no quieres leer. Son ideas que conviven, aunque algunas incomoden. Ambas son necesarias para entender el momento que vive Venezuela tras la operación de extracción que sacó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores del poder.
Lo que quieres leer
El chavismo quedó completamente desnudo.
Luego de vanagloriarse durante años de tener una de las fuerzas armadas más potentes de la región, con armas de todo tipo, sistemas antimisiles y una retórica de guerra permanente, Estados Unidos extrajo al líder de su coalición en una operación que duró apenas dos horas y ante la cual no pudieron (¿o no quisieron?) ofrecer ningún tipo de resistencia. El mito del poderío militar se desmoronó en tiempo real.
Las horas posteriores fueron una postal del colapso comunicacional. Vacíos de información prolongados, concentraciones mínimas en los pocos lugares del país a los que acudieron las bases que aún le quedan al régimen y declaraciones contradictorias que iban desde pedir una fe de vida de Maduro hasta salir a defender abstractamente “la revolución”. Todo ello muestra que el chavismo atraviesa un momento coyuntural de debilidad evidente, el más profundo desde que llegó al poder.
Delcy Rodríguez queda ahora con una tarea casi imposible: evitar el colapso. El chavismo puede implosionar desde su propia cúpula y también puede terminar de desmovilizar a sus bases tras la humillante derrota. Su margen de acción es corto luego del nivel de fracaso de las últimas horas. Pero, paradójicamente, en su intento por no colapsar puede terminar chocando de frente contra el tren de Trump, esa “segunda ola” de la que habló en la rueda de prensa en la que explicó la operación de extracción.
En ese contexto, no es necesariamente malo que María Corina Machado y Edmundo González no estén al frente de la gobernabilidad venezolana en este momento. El entuerto que debe enfrentar Rodríguez podría haber sido el que enfrentase Machado, y una derrota temprana, en un escenario tan volátil, habría sido devastadora para la transición.
El rol de las fuerzas democráticas, por ahora, parece orientarse a retomar la presión sobre los temas fundamentales que nos unen: la redemocratización y reinstitucionalización del país, la liberación de todos los presos políticos, el desmontaje de la estructura represiva y el establecimiento de un marco político que permita reiniciar la vida pública de Venezuela.
Y lo último —y más importante—: Nicolás Maduro y Cilia Flores son historia.
La imagen de Maduro con los ojos vendados y los videos en los que aparece esposado ya forman parte de la memoria colectiva de nuestra nación. Es una victoria que no puede minimizarse. Durante años trabajamos para que el mundo entendiera que Maduro no era un gobernante autoritario más, sino el jefe de una estructura criminal. Ahora enfrentará a la justicia.
Lo que no quieres leer
Delcy Rodríguez fue respaldada. De forma ambigua, con desdén, pero respaldada para ejercer el poder en el inicio de la transición. A pesar de un panorama extremadamente complejo, la administración Trump decidió que la mejor manera de comenzar este proceso era con alguien del propio régimen encabezándolo, priorizando esa opción por sobre la posibilidad de que Edmundo González Urrutia y María Corina Machado ejercieran el poder por el que los venezolanos votamos abrumadoramente el 28 de julio de 2024.
El menosprecio de Trump hacia María Corina fue tan innecesario como evidente. Lo que ya se había asomado en declaraciones previas, incluidas las referencias al Nobel de la Paz, quedó confirmado cuando afirmó, falsamente, que “no cuenta con el aval de la mayoría de los venezolanos”. Esa narrativa no es un detalle menor y es una tarea urgente que deberá ser enfrentada con claridad política y diplomática.
Y hay que decirlo: el plan puede salir mal. La falta de respuestas concretas por parte de la administración Trump, las referencias a “tomar el control del país” sin especificar tiempos, modos ni responsables, abren la puerta a múltiples interrogantes. Puede tratarse de un plan deliberadamente reservado, pero también puede ser un plan incompleto. En ese vacío surge una pregunta central: ¿cuál es, exactamente, el rol de las fuerzas democráticas venezolanas en este proceso?
Mientras tanto, el chavismo está mostrando cohesión, al menos en el plano militar. El discurso de Vladimir Padrino López junto al Alto Mando fue revelador. La exigencia de “liberar a Maduro y a Cilia” comienza a perfilarse como una consigna que repetirán, pero más allá de eso, el mensaje central parece ser otro: pasar la página con rapidez.
La Fuerza Armada respaldó el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, llamó a la “paz” y al restablecimiento de la normalidad en las actividades económicas, y pidió apoyar la instalación de la nueva Asamblea Nacional prevista para mañana. La misma institución que ayer quedó desnuda e impotente ante una operación directa de los Estados Unidos, frente a la cual no ofreció la más mínima respuesta, hoy parece optar por fingir demencia institucional y seguir adelante como si nada hubiese ocurrido. La gran pregunta es: ¿les bastará?
Para cerrar
Estos no son diagnósticos definitivos. Son primeros esbozos para ordenar ideas en medio de un clima en el que las noticias se atropellan unas a otras. El objetivo no es cerrar debates, sino iniciarlos, buscando aclarar un poco el desafiante panorama que hoy enfrentamos como nación.
