En la aldea
30 noviembre 2025

Un manoseo franquista de Bolívar y otros tocamientos

El uso del mito bolivariano para justificar la concentración de poder, borrar la república y construir genealogías ideológicas tan absurdas como peligrosas.

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Elías Pino Iturrieta | 30 noviembre 2025

Como se están cumpliendo cincuenta años de la muerte de Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”, quiero recordar la utilización de la figura del Libertador en el torneo de lisonjas que formaron parte de la legitimación de la dictadura falangista. Las trabajé en El divino Bolívar (2003), y ahora regreso a la que parece más susceptible de atención.

Se trata de un ensayo del escritor Ernesto Giménez Caballero, titulado El parangón entre Bolívar y Franco, a través de cuyas páginas pretende que se vea el triunfo del gallego como superación de lo que solo había hecho a medias el caraqueño. Asegura que Franco hace en su país del siglo XX lo que nuestro héroe no pudo llevar a cabo en su territorio frente al trono. Pero la tesis que maneja es extraordinaria: “Franco convirtió en realidad el auténtico pensamiento bolivariano”. Es decir, analizó las ideas del héroe para descubrir sus fallas y superarlas en la búsqueda de un objetivo superior que no pueden advertir los miopes y los tontos.

¿Por qué? Muy sencillo: debido a que, de acuerdo con el autor, don Simón no captó del todo la esencia del autoritarismo reemplazante de la monarquía cuando redactó la Constitución de Bolivia, o porque salió con las tablas en la cabeza cuando ocultó su interés por el restablecimiento de una corona camuflada. Escribe Giménez Caballero:

Había que sustituir una monarquía hereditaria —planteó ya Bolívar— que era la estabilidad, la continuidad y el orden de tres siglos, por un sistema republicano que era lo contrario, lo que él llamó “el hemisferio de la anarquía”. Y para ello solo cabía un presidente vitalicio (continuador del rey) con derecho de elegir a su sucesor (continuidad del príncipe) y con el Senado Hereditario (transformación de la antigua aristocracia). Y este fue el gran triunfo político de Franco al encarnar tal pensamiento: presidente o jefe de Estado vitalicio, con un senado o cortes orgánicas.

Como se sabe, a Bolívar no le faltaron las ganas de gobernar sin reemplazo hasta el fin de sus días, pero la tuberculosis se lo impidió. También es cierto que las sociedades que pretendía gobernar sin solución de continuidad no permitieron la demasía. Las semillas de república que había sembrado se lo impidieron con tenacidad y pudieron pararle los pies. Por el contrario, el mínimo ensayo republicano de España en el siglo XX, liquidado a sangre y fuego por un curioso restaurador de la monarquía, terminó en el barranco para que se estableciera una tiranía horrorosa que el plumario de turno trata de legitimar con más audacia que razón.

Es una lástima que el señor Giménez Caballero no demostrara cómo la Constitución de Bolivia —texto debatido con acritud en América, empeño rechazado en Ecuador, la Nueva Granada y Venezuela— se estableció con careta en España debido a la misma influencia que garantizaba la estancia del Generalísimo en el Palacio del Pardo: la gracia de Dios. Hubiera sido un adelantado sobresaliente del cortejo que regresó a Venezuela para continuar sus tercerías, porque Chávez y sus huestes no solo fomentaron la divinización de Bolívar, sino también la fundación de una iglesia disparatada que ofreciera sagrario y guarida a sus oficiantes. El dios de los ejércitos y el ídolo Simón vinieron así a legitimar el reinado de un teniente coronel que fundó una República Bolivariana, después de que Franco se adelantara restaurando a los Borbones porque bebió de la misma fuente.

Pero ustedes se pueden alarmar ante tanto disparate porque tal vez no hayan leído al historiador italiano Gioacchino Volpe. En un discurso de 1930, pronunciado ante la Real Academia, Volpe llegó a afirmar que Bolívar fue sucesor tropical de Julio César y antecedente de Mussolini. ¿Por qué, entonces, no pudo ser perfeccionado por Franco cuando puso la corona en la cabeza de Juan Carlos, y resucitado en nuestros días por Chávez para provecho de una militarada?

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