En la aldea
31 agosto 2025

A un año del 28J: Nosotros hemos cumplido, ¿y la comunidad internacional?

Venezuela no ha dejado de luchar. Un año después del 28J, seguimos resistiendo frente a un régimen que aplica terrorismo de Estado.

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Pedro Urruchurtu | 28 julio 2025

Venezuela está resistiendo y no ha parado de luchar. Los venezolanos hemos hecho todo lo que se nos ha pedido, y lo hemos hecho desde la convicción de que tenemos que hacerlo porque somos una mayoría incuestionable dispuesta a transitar desiertos en las condiciones más extremas. Ha pasado un año de la elección en la que Edmundo González Urrutia resultó legítimamente el Presidente Electo de Venezuela, acompañado del extraordinario liderazgo de María Corina Machado y ambos respaldados por todo un país. Previo a ese 28 de julio y desde entonces, los venezolanos no hemos dejado de hacer nuestra parte, pagando un costo altísimo que se traduce en mucho dolor, provocado por un despiadado régimen criminal que hoy aplica terrorismo de Estado.

De nuestra parte, como siempre ha sido, todo se ha dado. La sociedad venezolana ha respondido cabalmente a todo, guiada por un gran liderazgo que sigue recordándonos la importancia de resistir, de no cansarnos, de seguir luchando. María Corina, desde su clandestinidad, nos reaviva a diario la esperanza, nos invita a seguir creyendo y confiando, nos muestra sus niveles de coordinación y comunicación dentro y fuera del país, y nos ratifica que todo, hasta lo más difícil, habrá valido la pena. Edmundo también lo hace, como el depositario de la soberanía nacional, como el testimonio andante de la legitimidad de origen, como el ejemplo de darlo todo pagando un alto precio, así eso incluya la prisión de su yerno o el exilio forzado. Ambos son una llama que ilumina permanentemente nuestras convicciones de que hemos hecho lo correcto.

La gesta ciudadana lograda el 28 de julio de 2024 nos demostró a nosotros mismos lo que podemos hacer siempre que nos lo proponemos, pero también hizo que el régimen se desplazara dentro de su propio terreno a su lado más criminal y violento. Eso, que para ellos ha sido una supuesta demostración de fuerza, en realidad es la confirmación de sus crímenes y es la constatación de que fueron ellos los que cerraron la vía electoral que durante años han perdido y que, por primera vez, y para sorpresa de ellos, pudimos comprobar en sus caras. El ensañamiento en su represión sólo demuestra lo dolorosa que fue su derrota, y aunque nos han generado sufrimiento y dolor, no hay testimonio más poderoso del que sigue luchando a pesar de todo eso. Si tanto nos han quitado, ¿cómo rendirnos ahora? Por los más de 1000 presos políticos que permanecen en las mazmorras del régimen y por las miles de víctimas que estos años han dejado, seguir luchando es una obligación, porque la justicia no es una moda, es un deber.

Nadie duda que lo logrado el 28 de julio del año pasado marcó un antes y un después. Nadie duda tampoco que el respaldo internacional a la campaña y a esa lucha que seguimos dando, ha tenido importantes reconocimientos de gobiernos, parlamentos, partidos, dirigentes y un gran número de organizaciones, incluyendo a las naciones que han reconocido a Edmundo González Urrutia como Presidente Electo y también a aquellas que optaron por no reconocer a Nicolás Maduro. Todo eso ha sumado dentro de un gran periplo que durante el último año no ha dejado de recorrerse, pero que no ha sido suficiente para concretar la transición que los venezolanos eligieron y demostraron.

Y no ha sido suficiente porque simplemente no termina de asumirse internacionalmente lo que la tiranía es: un régimen criminal que comete crímenes de lesa humanidad, que aplica prácticas de terrorismo de Estado, que tiene vínculos y promueve el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado, y que representa una amenaza a la seguridad nacional de muchos países y la seguridad de todo el hemisferio, mientras fomenta alianzas con actores extrarregionales ajenos a nuestros valores e historia, y mientras levanta banderas de conflictos que pueden llevarnos a una espiral muy peligrosa de violencia en la región.

Los venezolanos hemos hecho todo -y lo seguimos haciendo-, pero queda claro que, ante la magnitud del régimen que enfrentamos y los tentáculos con los que opera, jamás podremos liberarnos solos. Es allí, como ya se ha dicho, que entra el liderazgo, la estrategia y la organización, siendo todo esto capaz de coordinar efectivamente, dentro y fuera del país, las acciones de presión que conduzcan al objetivo esencial de nuestra lucha: la libertad.

En el artículo pasado hablábamos de la necesidad de transformar la diplomacia convencional en una efectiva contra regímenes de esta naturaleza, pero tiene que ver con mucho más que eso. El primer paso para que eso se concrete tiene que ver con la voluntad política, y para lograr esa voluntad política, hay que persuadir a quienes toman las decisiones. Es allí donde el liderazgo cobra vital importancia y es esencialmente lo que María Corina Machado hace a diario, junto quienes le acompañamos, para alinear los tiempos internacionales con nuestros tiempos urgentes. Pero no sólo tiene que ver con la voluntad política, sino con la actitud frente a lo que el desafío Venezuela representa. Una actitud de resignación, reactiva y no proactiva, sin compromiso y sin firmeza en valores y principios claros que le den soporte, a una diplomacia y sus diversas herramientas desde lo ético y lo correcto, hacen muy difícil que podamos avanzar más rápido.

La historia está llena de ejemplos en los que esa voluntad decidida de hacer que las cosas pasen, poniendo todo el empeño y la energía en ello, es lo que hace la diferencia entre la contención o la derrota definitiva de un problema. Contener, como han demostrado los tiempos recientes, no sirve de nada frente a un régimen como el venezolano, así se reúnan cinco mandatarios a decir “democracia siempre” sin mencionar a Venezuela, como si ignorar al régimen los exime de ser también sus víctimas. Las implicaciones y consecuencias de la tiranía no se detendrán, como tampoco se detendrá el éxodo de venezolanos en búsqueda del futuro que no vislumbran en su país, si no se le enfrenta. 

Por el contrario, si coordinada y firmemente se asume la derrota del régimen como solución, muchas cosas pueden concretarse, entre ellas los incentivos para una negociación real para la transición, con costos de salida mínimos y costos de permanencia máximos. Ello requiere pragmatismo, sí, pero también firmeza en los valores y principios para entender que hay líneas rojas. El simple hecho de la expectativa de cambio ya genera suficientes incentivos para que las cosas sean distintas… pero debe haber compromiso para que ese cambio sea una realidad.

Hacer que el régimen rinda cuentas por sus crímenes es fundamental. La violación sistemática de los derechos humanos, pero también sus vínculos con el crimen trasnacional, hacen que la búsqueda de la justicia en todos sus ejes sea una obligación. Sumar esfuerzos, por ejemplo, a la causa de la Corte Penal Internacional es tan solo uno de los tantos elementos que puedan asumirse como bandera, si hay determinación de acompañarnos.

Un año después del 28J, no tengo dudas de que Venezuela será libre. Lo será con apoyo o sin apoyo externo, pero lo será. Esa libertad iluminará virtuosamente a una región que hoy sufre los embates del círculo vicioso que representa el régimen. Tomará más o menos tiempo, no sólo dependiendo de lo que sigamos haciendo nosotros, sino de qué tanto nos acompañen quienes saben que pueden hacer más. Pero sí, seremos libres.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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