El exiliado se encuentra atrapado en su condición, tiende a construir su vida bajo el fundamento de la provisionalidad. Se ha trasladado espacialmente, pero su mente permanece atada a la fantasía del país del que se marchó y que ya no existe, puesto que cuando lo dejó lo hizo porque ese país idílico había desaparecido.
Personajes como Juan Nuño, Pedro Grases, Ángel Rosenblat, Carles Pi i Sunyer, Juan David García Bacca y Federico Riu, fueron profesores e investigadores en la Universidad Central de Venezuela (UCV), publicaron su obra en nuestro país y murieron en Venezuela aunque nacieron en otras naciones; insistimos en llamarlos exiliados, inmigrantes o venezolanos que nacieron en otro lugar, pero ellos, y muchos no mencionados en estas líneas, son en verdad transterrados.
El término transterrado es creación de José Gaos, otro español que, como consecuencia de la Guerra Civil, terminó en México en 1938. El vocablo surgió en una cena que se ofrecía para los profesores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y a la que Gaos fue invitado en su calidad de docente a decir unas palabras sobre su posición de exiliado. Gaos no pudo señalarse a sí mismo como exiliado, así que creó una palabra que se ajustaba más a su situación y a la de otros españoles residentes en México.
La diferencia entre el exiliado y el transterrado no es el lugar de partida o las causas de su salida, la discrepancia está en la forma en la que se enfrenta el destino.
El exiliado se encuentra atrapado en su condición, tiende a construir su vida bajo el fundamento de la provisionalidad. Se ha trasladado espacialmente, pero su mente permanece atada a la fantasía del país del que se marchó y que ya no existe, puesto que cuando lo dejó lo hizo porque ese país idílico había desaparecido. Sin embargo, siente que puede volver a él. Se encuentra atado a la tierra y a los recuerdos, no se compromete porque está a la espera del anhelado retorno, por lo que no puede hacer nada que ponga en riesgo su regreso.
El transterrado surge de la subjetividad del exiliado que es capaz de encontrar semejanzas entre el lugar que amaba y que dejó y su nuevo destino. Para esto emparenta su vida pasada con la presente y el espacio físico se hace elástico. En lugar de la experiencia del desarraigo se crea un neo-arraigo, en el que se afronta el exilio como una mudanza, un plan definitivo comprometido con el nuevo entorno. Es la experiencia del no retorno.
Por supuesto, como en todo, ciertas condiciones aplican. Para que ocurra la transterridad, el lugar de destino debe cumplir con ciertas facilidades y semejanzas tanto ideológicas como espaciales con el lugar de origen. Gaos señalaba que la cultura en general no debe ser demasiado diferente, esto incluye la religión, las formas de ver el mundo y la importancia de uso de un mismo idioma. Él particularmente era un trabajador intelectual y, sobre todo, la certeza de ser tratado como uno más, con el mismo respeto en todo que los naturales.
Ser un transterrado supone la aceptación de la condición y el rechazo a permanecer en un estado intermedio, implica aceptar que ya no se regresará al lugar de origen, a la formación de nuevas raíces. Por supuesto, no se trata de no extrañar el origen. Juan Nuño, por ejemplo, dedicó buena parte de sus ensayos a España, a su condición de país europeo, al idioma, a los reyes, artistas, filósofos y escritores, a Madrid. Son indicios de lo mucho que extrañaba su tierra y de su necesidad de hacerla presente en su presente.
Andrés Bello, por su parte, que fue exiliado en Londres y transterrado en Chile no perdía oportunidad de hablar de su amada Caracas con sus amigos o de colgar mapas de Venezuela en las paredes donde habitaba; sin embargo, las fronteras del origen se extienden para el transterrado hasta el lugar de destino, no se trata de ser infiel al origen, a la patria, sino de cerrarse a sí mismo la posibilidad de volver. El transterrado entiende que trabajar para el lugar de destino es trabajar también para su origen.
Licenciada en Filosofía y poeta. Profesora en la Universidad Simón Bolívar y Universidad Monteávila.
