Para los venezolanos la compra de alimentos cada vez se hace más cuesta arriba por la aceleración de la inflación, y ni los controles aplicados desde 2003, ni la emisión de 20 decretos de emergencia económica desde enero de 2016 a la fecha, ni la reconversión monetaria (de 2008 y 2018) han podido detener la escalada.
Según organizaciones como Cáritas de Venezuela, menos de 30% de los hogares venezolanos consumen rubros como carne, pescado, huevos, vegetales, frutas y lácteos; mientras que la ingesta de harinas y cereales se desplomó 31 puntos porcentuales de enero a marzo de este año. Por su parte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señala que 6 millones 800 mil venezolanos no cubren sus necesidades calóricas.
Detrás de estos datos alarmantes se encuentran varios fenómenos, pero principalmente está la pérdida de poder de compra de la población.
La gestión presidencial de Nicolás Maduro ostenta el nada envidiable récord de la inflación de alimentos más alta en un mes desde que se llevan estadísticas del Índice de Precios al Consumidor (ahora Índice Nacional de Precios al Consumidor) en el país. Según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV), en enero de 2019 el crecimiento intermensual de los precios de los alimentos fue de 204%.
Si bien la tasa se ha desacelerado de manera importante, en abril marcaba 29,3%. En mayo, junio y julio los alimentos no han parado de subir, pero no hay cifras oficiales.
Sin embargo, según la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (AN), en julio la inflación de alimentos fue de 5,9% y esa tasa menor responde al desplome del consumo (35% en el año), ya que el incremento sostenido de los precios hace que cada vez más personas queden imposibilitadas de adquirirlos; mientras sólo 17% de la población mantiene el poder de compra, de acuerdo con firmas privadas como Econométrica.
Data del BCV, publicada al tercer trimestre de 2018, revela que el consumo final privado tuvo una contracción de 24,0% en ese periodo. En los últimos cinco años la caída del consumo se acerca a 50%.

Una mirada a los vecinos
La carrera de los precios de los alimentos en Venezuela dejó muy atrás el valor que tienen en los países a donde los venezolanos que emigraron han adoptado como su hogar.
En Ecuador, por ejemplo, la inflación de julio fue de 0,9% y la de alimentos fue de 0,07%; en Perú la inflación fue de 0,23% y la de alimentos y bebidas no alcohólicas se ubicó en 0,32%; mientras que en Colombia la general fue de 0,22% y la de alimentos de 0,66%.
Econométrica hizo un estudio a finales de junio de 2019 sobre15 productos, como cremas de belleza, avena y derivados, bebidas gaseosas, pan integral, detergente en polvo, lavaplatos, malta, cubitos y arvejas, entre otros, y determinó que eran más costosos en Venezuela que en Colombia.
El diferencial cambiario y la disparidad de precios con Colombia favorecía hasta la primera semana de agosto (antes de que arreciara la devaluación del bolívar) los viajes cortos a Cúcuta para comprar comida y medicinas.
En Ecuador, por su parte, el atún enlatado se consigue por menos de 1 dólar al igual que la pasta, mientras en Caracas el atún no baja de 2,50 dólares, y la pasta se ubica alrededor de 2 dólares.
El economista y gerente de la Unidad de Análisis Económico de Datanálisis, Francisco Fallen, explicó al portal CrónicaUno que “hay un grupo muy grande con un poder de compra bastante mermado y está otro grupo minoritario importante, que no supera 30% de la población, que tiene algún tipo de acceso a moneda fuerte, de manera recurrente, bien sea por ingreso en dólares, ahorros o inversión y eso le permite mantener su nivel de consumo”.
En Venezuela el salario mínimo, producto de la devaluación, cada vez es menor y al 30 de agosto se ubicaba, según el mercado paralelo, en 1,5 dólares.
